Ya no hay escapatoria: idean una tecnología que detecta las armas nucleares ocultas en los satélites
Un aparato del tamaño de una enciclopedia caza armas nucleares en el espacio con un 99% de acierto
El estudio, publicado en Nature, demuestra que es posible verificar el Tratado del Espacio Exterior
Un láser situado en el Teide podrá desplazar la basura espacial evitando colisiones con los satélites

Un profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha propuesto el primer método revisado por pares para detectar armas nucleares ocultas en satélites. La investigación, firmada por Areg Danagoulian y publicada en Nature, describe un sensor que orbitaría junto a un satélite sospechoso y delataría la presencia del arma.
El dispositivo, del tamaño de una gran enciclopedia, identificaría una ojiva termonuclear con un 99% de acierto. Para lograrlo debería situarse a menos de 4.000 metros del objetivo durante alrededor de una semana de observación.
Un vacío desde 1967
El Tratado del Espacio Exterior, abierto a la firma en 1967 y suscrito por 118 países —entre ellos Estados Unidos, China y Rusia—, prohíbe colocar armas nucleares en el espacio. El problema es que no existe ningún mecanismo para verificar que los satélites no las transportan.
De hecho, hasta ahora ninguna metodología de verificación se había propuesto en la literatura científica abierta. La mayor parte de la investigación sobre detección nuclear permanece clasificada, lo que dificulta saber cuánto se ha avanzado en los laboratorios estatales.
«Puedes falsear la inteligencia, pero no puedes falsear la física», resume Danagoulian. Su meta inmediata es que los laboratorios nacionales aprovechen el trabajo y que los responsables políticos consideren la tecnología en serio.
La sombra rusa
La urgencia se disparó tras el lanzamiento en 2022 del Kosmos 2553, un satélite que Rusia atribuye a labores de vigilancia. Las autoridades estadounidenses, sin embargo, sospechan que podría portar componentes de un dispositivo nuclear en pruebas.
En 2024, un alto cargo del Gobierno de Estados Unidos advirtió de que Moscú podría estar desarrollando un satélite diseñado para llevar armas nucleares al espacio. La órbita escogida atraviesa el entorno más hostil que rodea el planeta.
«Nadie coloca satélites ahí porque es muy radiactivo», explica el investigador. Ese punto es precisamente el idóneo para atrapar electrones si se detonara un arma termonuclear.

Un solo estallido bastaría
Una detonación en órbita baja —entre unos 160 y 1.900 kilómetros de altitud— liberaría billones de electrones muy energéticos. El resultado sería la destrucción masiva de satélites y el colapso de las telecomunicaciones, el GPS y el internet espacial.
No se trata de una hipótesis. En 1962, Estados Unidos detonó una ojiva termonuclear de 1,4 megatones en el espacio e inutilizó buena parte de los satélites de la época. Muchos electrones quedaron atrapados en el campo magnético terrestre.
Allí siguen dañando la electrónica que se cruza en su camino. Una detonación equivalente hoy arrasaría satélites de reconocimiento, plataformas internacionales de comunicaciones y la constelación Starlink.
Cómo caza el arma
El método se apoya en la espalación. Cuando un protón muy energético golpea elementos de número atómico alto, como el uranio o el plutonio, arranca del orden de 40 neutrones por impacto, con millones de protones incidiendo por segundo y centímetro cuadrado.
El sensor emplea dos paneles de centelleadores intercalados entre detectores de diamante sintético. Esa arquitectura permite separar los neutrones procedentes del material radiactivo de los protones y electrones naturales de la órbita.
Si el satélite inspector lograra acercarse a 1.000 metros, el análisis se reduciría a cerca de una hora: un único sobrevuelo bastaría. Danagoulian califica su trabajo de estudio de viabilidad y reconoce que quedan muchos aspectos prácticos por resolver.
Física frente a desconfianza
«Si algún día disponemos de mecanismos de verificación del tratado, eso presionará a los países para que lo respeten o expliquen qué hacen, porque sabrán que si intentan violarlo lo descubriremos», afirma el físico. Confía en que su propuesta acabe convertida en un sistema real o en una prueba de concepto.
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