Parece otra palmera canaria, pero es una de las plantas más amenazadas de España: solo existen 13 ejemplares adultos
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En los riscos más inaccesibles del suroeste de Gran Canaria sobrevive una planta que la ciencia tardó décadas en identificar correctamente.
Dracaena tamaranae, a menudo confundido con el drago común, ostenta un triste récord: es una de las especies vegetales con mayor riesgo de extinción en nuestro país.
La crítica situación del drago de Gran Canaria: una especie al límite con solo 13 ejemplares adultos
El último censo disponible, realizado en 2003, es alarmante. De los 76 ejemplares contabilizados en total, 63 corresponden a individuos juveniles que todavía no han alcanzado la madurez sexual necesaria para florecer.
El dato más preocupante reside en su población adulta, ya que únicamente existen 13 ejemplares maduros en todo el medio silvestre. Esta cifra sitúa a la especie en una posición de vulnerabilidad extrema, con una población fragmentada y una capacidad de regeneración natural muy limitada.
La mortalidad en las últimas tres décadas ha sido notable, con la pérdida de unos 16 ejemplares debido a factores ambientales y biológicos. La sequía persistente ya se cobró en 2009 la vida del último espécimen silvestre que habitaba en las laderas del norte de la isla, dejando las poblaciones actuales restringidas exclusivamente al cuadrante suroccidente.
Por estos motivos, Dracaena tamaranae figura con la máxima categoría de protección, «En peligro de extinción», tanto en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas como en el registro autonómico de Canarias.
Cómo identificar al Dracaena tamaranae frente al drago común
A pesar de su parecido superficial con otras especies de la zona, los botánicos señalan diferencias morfológicas clave que definen su identidad única. Este árbol, que alcanza alturas de entre 6 y 10 metros, presenta un crecimiento lento y solo desarrolla ramificaciones después de su primera floración.
A diferencia del drago común (Dracaena draco), cuyas ramas se dividen siempre de dos en dos, el drago de Gran Canaria muestra una ramificación tricótoma, dividiéndose en tres desde el ápice.
Sus hojas también aportan pistas definitivas para su reconocimiento. Son rígidas, acanaladas y presentan una sección en forma de «u», mientras que las del drago común tienden a ser más planas.
Estas hojas, con forma de espada y de hasta 80 centímetros de longitud, se unen al tronco mediante una vaina ancha de color pardo rojizo. Durante el verano, la planta genera inflorescencias densas que dan paso a frutos carnosos de color anaranjado o rojizo al madurar, los cuales suelen contener una única semilla.
El largo camino científico para reconocer esta planta amenazada de Canarias
Según informa Arbolapp Canarias, una iniciativa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la historia de Dracaena tamaranae es una relación de resistencia. Aunque algunos grupos de montañeros localizaron ejemplares silvestres en la década de los 60 en barrancos del sur, la comunidad científica los asemejó inicialmente al drago convencional.
El botánico alemán Günther Kunkel publicó las primeras observaciones en los años 70, pero no fue hasta 1998 cuando los investigadores R. Almeida, A. Marrero y M. González Martín describieron formalmente la especie tras un análisis exhaustivo de semillas y muestras morfológicas.
Los análisis posteriores revelaron un dato sorprendente: el drago de Gran Canaria guarda mayores similitudes genéticas y morfológicas con los dragos del este de África y del Mar Rojo que con su pariente más cercano en la Macaronesia.
Actualmente, los esfuerzos de conservación se centran en el cultivo controlado en centros como el Jardín Botánico Canario «Viera y Clavijo», donde la primera floración de un ejemplar cultivado supuso un hito informativo en las islas.
La protección contra el ganado, el control de especies invasoras como los conejos y la mitigación de los efectos del cambio climático representan los principales desafíos para evitar que este tesoro botánico desaparezca.
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