Biólogos descubren una especie de araña que imita al hongo zombi de «The Last of Us» para capturar presas
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Un equipo de biólogos ha hallado una nueva especie de araña que finge estar muerta tras haber sido infectada por un hongo parásito, razón por la cual ha sido apodada como «araña zombi», informa Gizmodo. Alexander Bentley, un conservacionista y herpetólogo del grupo Waska Amazonía, se encontró una criatura inusual «pegada» a una hoja. En un principio, pensó que se había encontrado un género de hongo parásito que convierte a insectos y arácnidos en zombis y sirvió de inspiración para el apocalipsis zombi en los juegos «The Last of Us».
Finalmente, una red de voluntarios en la plataforma iNaturalist, identificó que la araña zombi pertenecía al género Taczanowskia (que en total incluye ocho especies). Estas arañas no tejen telarañas, sino que su estrategia de caza consiste en fingir su muerte para luego abalanzarse sobre su presa y atraparla con sus dos patas delanteras. Actualmente, su distribución se limita a apenas 100 hectáreas en la Amazonía ecuatoriana.
La nueva especie de araña que imita un hongo zombi
Alexander Bentley, en una noche lluviosa de agosto de 2025, encontró algo que no había visto nunca. Después de dar la vuelta a una hoja para ver algunos Cordyceps, observó que la masa fúngica se movió. Entonces, decidió recoger el espécimen y publicar su hallazgo en iNaturalist, una plataforma de ciencia ciudadana. Los usuarios del sitio dijeron que no se trataba de un hongo, sino de una araña que fingía estar infectada por uno. El hongo que imitaba la araña era Gibellula, un género de hongos parásitos de la misma familia que Cordyceps.
Los usuarios de iNaturalist ayudaron a identificar el grupo de la araña: Taczanowskia. El compañero de Bentley, David Ricardo Díaz-Guevara, curador de arácnidos del Instituto Nacional de Biodiversidad de Ecuador, estudió el espécimen y quedó «impactado» al identificar la araña como una nueva especie: Taczanowskia waska. Ambos, junto con Nadine Dupérré, del Museo de la Naturaleza de Hamburgo, publicaron sus hallazgos en la revista Zootaxa.
Los hongos parásitos dependen de los invertebrados para dispersar sus unidades reproductoras, llamadas esporas. Su ciclo vital comienza cuando estas esporas se adhieren a un huésped, como una araña, y comienzan a desarrollarse en su interior. Los hongos pueden digerir los tejidos del organismo, alterar su sistema nervioso y modificar su comportamiento para favorecer la propagación de las esporas, terminando finalmente con la vida del hospedador. Por esta razón, a menudo se les compara con zombis.
Para estudiar la araña más a fondo, Díaz-Guevara la llevó a un laboratorio para observar su comportamiento, su manera de cazar y sus movimientos. Después, examinó los órganos y estructuras de la araña. Pero el mimetismo con los hongos fue «algo superloco y muy sorprendente», dijo. La araña imita el cuerpo fructífero del hongo mediante prolongaciones abdominales de su propio cuerpo. Díaz-Guevara dijo que, efectivamente, «una araña ha logrado, con el paso del tiempo, evolucionar y darse cuenta de que si imita algo que está muerto, las probabilidades de que la cacen van a ser bajas».
Tras analizar cientos de fotografías, los investigadores hallaron arañas con mimetismo fúngico en todo el mundo, todas pertenecientes a la familia Araneidae, conocidas como «tejedoras de orbes». Sin embargo, las arañas Taczanowskia no construyen telarañas; cazan emboscando a sus presas con las patas delanteras. Este género es raro y poco conocido: desde su descripción en 1879 se han observado pocos individuos, en su mayoría hembras, ya que los machos son mucho más pequeños.
«Este estudio ofrece un magnífico ejemplo de mimetismo en un grupo de arañas muy poco conocido y escasamente representado en las colecciones, con muy pocos ejemplares de cada especie».
¿Cuántas especies hay en el mundo?
Las arañas (Araneae) forman el orden más numeroso dentro de la clase Arachnida y están emparentadas de forma lejana con otros artrópodos, como los insectos, con los que no deben confundirse. Este orden ocupa el séptimo puesto en diversidad de especies respecto al resto de organismos y está ampliamente distribuido en todos los continentes, salvo en la Antártida. Todas son depredadoras, generalmente solitarias, y se alimentan de pequeños animales. Tienen glándulas venenosas en los quelíceros que les permiten paralizar a sus presas y producen seda para tejer telas, tapizar refugios o desplazarse con el viento. Hasta ahora se han descrito más de 46.500 especies y 110 familias, aunque persiste cierta confusión científica, y solo algunos grupos representan un peligro real para los seres humanos.
Son depredadoras carnívoras que controlan poblaciones de insectos y otros pequeños animales, incluso anfibios o aves, contribuyendo al equilibrio de los ecosistemas. Su cuerpo se divide en cefalotórax y abdomen, con patas articuladas, quelíceros venenosos y pedipalpos sensoriales, y muchas producen seda para cazar, construir refugios o desplazarse. Se reproducen sexualmente, siendo ovíparas, y algunas especies muestran cuidado parental. Habitan casi todos los hábitats del planeta, desde bosques y desiertos hasta zonas acuáticas, y su papel ecológico es clave en regeneración de bosques y control de plagas.