Los biólogos brindan por un hito esperanzador: descubren una nueva especie de rana en una región del Amazonas de Ecuador amenazada por la minería
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Un equipo de biólogos ha descrito una nueva especie de rana en el sureste de Ecuador, en plena región amazónica del país. En sí, se trata de una noticia esperanzadora sobre la biodiversidad, ya que el hallazgo se hizo en una zona bajo fuerte presión de la minería.
La especie recibió el nombre de Pristimantis etsa, una rana de lluvia que los investigadores proponen llamar en español «cutín de Etsa». Fue localizada en las laderas occidentales de la Cordillera del Cóndor, en la provincia de Zamora Chinchipe, durante una expedición realizada en 2023. El hallazgo se publicó en la revista científica ZooKeys en junio de 2026.
Una nueva rana de lluvia hallada en la cordillera del Cóndor de Ecuador
El trabajo de campo se desarrolló en agosto de 2023 cerca del caserío de Río Blanco, en las laderas occidentales de la cordillera, y estuvo liderado por el Laboratorio de Zoología Terrestre de la Universidad San Francisco de Quito. En la investigación también participaron el Instituto Nacional de Biodiversidad (INABIO) y la Fundación EcoMinga, entre otras entidades.
El nombre de la especie proviene de la palabra «etsa», tomada del idioma shuar, la nacionalidad indígena que habita el este de Ecuador y el norte de Perú. En la cosmología shuar, Etsa es un ser poderoso cuya manifestación principal es el sol y que transmite habilidades como las técnicas de caza.
El género Pristimantis es uno de los más diversos del planeta, con 635 especies descritas. Ecuador alberga 274 de esas especies, 174 de ellas exclusivas del país. La rana recién descrita pertenece al grupo Pristimantis cryptomelas y es pariente cercana de otras ranas de la misma región andina.
¿Cómo es el cutín de Etsa, la nueva rana de Ecuador?
Por ahora solo se conocen dos ejemplares, un holotipo y un paratipo. La hembra adulta mide 32,5 milímetros de longitud entre el hocico y la cloaca, mientras que el macho apenas alcanza los 18,3 milímetros, una diferencia de tamaño notable entre sexos. Su canto todavía es desconocido.
El rasgo más distintivo de esta rana es una mancha amarilla muy marcada en la ingle de la hembra, con tonos que se extienden hacia los muslos. La piel del dorso es rugosa, con pliegues de pequeños tubérculos, y el iris presenta un color cobre dorado con retículos oscuros. En el macho, la ingle es de un tono marrón claro.
La rana habita el bosque siempreverde montano bajo, entre los 1.655 y los 1.830 metros de altitud. Los dos individuos se hallaron activos de noche, sobre las hojas de arbustos a poco más de un metro del suelo, en dos localidades cercanas del sector de Río Blanco.
La minería que amenaza el hábitat de la rana en Ecuador
La localidad donde vive la nueva especie está en una zona de transformación rápida y severa del territorio. Según los autores, la minería legal e ilegal es el principal motor de pérdida y degradación del hábitat. Las operaciones ilegales emplean métodos destructivos de extracción en riberas y montañas, que remueven el suelo y contaminan el agua.
La región concentra 28 concesiones mineras metálicas activas y otras tres de materiales de construcción, que cubren 64.453 hectáreas. La gran mina de oro Fruta del Norte y su infraestructura ya han reconfigurado el uso del suelo, y la actividad extractiva está proyectada al menos hasta 2031, con una posible ampliación de 25 años.
A esa presión se suman la agricultura y la ganadería, que fragmentan el bosque. Pese al gran esfuerzo de muestreo, con quince días de campo en junio de 2025 y otras campañas previas, los investigadores solo lograron detectar dos ejemplares de la rana.
¿Por qué los biólogos piden proteger a esta nueva especie de rana en Ecuador?
Los autores recomiendan clasificar a la especie como Vulnerable según los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Su área de ocupación estimada es de apenas 8 kilómetros cuadrados y se conoce en una sola localidad expuesta a amenazas bien documentadas, lo que podría llevarla con rapidez a un riesgo mayor.
Con este hallazgo, ya son catorce las especies de Pristimantis de distribución restringida conocidas en la Cordillera del Cóndor, lo que hace hincapié en el papel de esta cordillera como foco de la diversidad biológica.
El estudio pide incorporar el endemismo de los anfibios en las evaluaciones de impacto ambiental y en la política minera de la zona. Los autores subrayan que se necesitan con urgencia más estudios y un monitoreo constante de la población.
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