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El oficio con más de 100 años de historia que está a punto de desaparecer en Madrid

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Durante muchos años, la presencia del afilador fue habitual en los barrios de Madrid. Llegaba con su bicicleta y su equipo de trabajo, anunciándose mediante una melodía inconfundible, y los vecinos aprovechaban para bajar cuchillos, tijeras o navajas. Los Archivos de la Comunidad de Madrid señalan que era un «trabajador ambulante especializado en afilar herramientas de corte, y que antiguamente era frecuente verlo desplazarse por calles y ciudades en bicicleta, llevando consigo sus útiles de trabajo».

En la actualidad, la situación es muy diferente. La sustitución de utensilios de bajo coste y la falta de continuidad generacional han hecho que este oficio sea cada vez menos común. Se trata de una labor que requiere habilidad, paciencia y conocimiento de distintos materiales, algo que no resulta sencillo de aprender ni especialmente atractivo para muchos jóvenes frente a empleos con horarios más estables.

El oficio que está a punto de desaparecer en Madrid

El oficio de afilador alcanzó su mayor auge durante los siglos XVIII y XIX, cuando era habitual ver a estos artesanos recorriendo las calles. Sin embargo, con el paso del tiempo y los cambios en las formas de consumo y producción, fue perdiendo relevancia hasta prácticamente desaparecer a lo largo del siglo XX.

En «La Corte de Carlos IV», una novela de Benito Pérez Galdós, podemos encontrar un apunte sobre los afiladores: «Pacorro Chinitas, el amolador, personaje que tenía establecida su portátil industria en la esquina de nuestra calle. Me parece que aún estoy viendo la piedra de afilar que en sus rápidas evoluciones despedía por la tangente, al contacto del acero, una corriente de veloces chispas, semejantes a la cola de un pequeño cometa; y como era mi costumbre no apartar la vista de la máquina mientras hablaba con el Júpiter de aquellos rayos, el fenómeno ha quedado vivamente impreso en mi imaginación».

Otros oficios antiguos

El oficio de barquillero ha formado parte durante décadas de las verbenas y fiestas populares en distintos lugares de España. El barquillero invitaba a los transeúntes a participar, por unas monedas, en una tirada de la clásica ruleta de latón, que acompañaba a un depósito lleno de barquillos y obleas de elaboración artesanal.

Por su parte, el aguador era la persona encargada de transportar y vender agua en una época en la que muchas viviendas no contaban con suministro doméstico. Su trabajo fue esencial en Madrid hasta bien entrado el siglo XIX, cuando el acceso al agua corriente aún dependía de fuentes públicas y pozos. Mientras, el cerillero se dedicaba a fabricar y vender cerillas, además de tabaco, en tabernas y distintos locales. Fue una figura habitual en la capital hasta comienzos del siglo XX.

Asimismo, el  cigarrero era un artesano dedicado a la elaboración y venta de cigarros. En el contexto madrileño, destacó también el papel de las cigarreras de la Fábrica de Tabacos, una de las primeras grandes concentraciones de mujeres trabajadoras organizadas en un mismo espacio industrial.

Ayudas para modernización de pymes comerciales, de servicios y artesanas

En la Comunidad de Madrid, las personas destinatarias de estas ayudas son pymes y empresarios individuales que desarrollan su actividad en el ámbito del comercio, los servicios o la artesanía, así como comunidades de bienes que, aunque carezcan de personalidad jurídica, pueden ejecutar los proyectos o actividades objeto de la subvención.

Requisitos

En primer lugar, los solicitantes deben ser originarios de cualquier Estado miembro del Espacio Económico Europeo. Además, en el caso del sector comercial y de servicios, es necesario que desarrollen su actividad en un establecimiento físico abierto al público destinado a la venta minorista y ubicado en la Comunidad de Madrid.

Por otro lado, en el caso del sector artesano, se exige que el taller se encuentre igualmente dentro del ámbito territorial de la Comunidad de Madrid. Asimismo, es imprescindible tener la consideración de pyme, entendida como aquella entidad que emplea a menos de 250 personas y cuyo volumen de negocios anual no supera los 50 millones de euros o cuyo balance general anual no excede de 43 millones de euros.

Del mismo modo, la actividad económica debe estar incluida dentro de las agrupaciones establecidas en el Impuesto de Actividades Económicas (IAE) o en el repertorio de actividades y oficios artesanos recogidos en el anexo correspondiente. También es necesario estar dado de alta en el IAE en el establecimiento o taller donde se vaya a realizar la inversión objeto de la ayuda con anterioridad a la solicitud.

Además, en el caso de personas físicas, se exige estar dado de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos antes de presentar la solicitud. Por último, no se debe incurrir en ninguna de las circunstancias que impiden obtener la condición de beneficiario de subvenciones según la normativa vigente, y es obligatorio estar al corriente de las obligaciones tributarias con la Administración del Estado, con la Comunidad de Madrid y con la Seguridad Social.