Internacional
ALEMANIA

El partido que quiere deportar a sirios y afganos arrasa en Sajonia-Anhalt y deja a Merz al borde del precipicio

  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

La sorpresa en las elecciones del estado de Sajonia-Anhalt, no por esperada, es menor: el mayor partido identitario europeo, favorable al cierre de fronteras y la deportación de sirios y afganos, se acerca al 45% del voto, su mejor resultado en su corta historia. Los ciudadanos alemanes de este pequeño estado envejecido y desindustrializado han dado un martillazo al sistema de partidos alemán y han demostrado que las campañas del miedo ya no funcionan.

Si el candidato de AfD, Ulrich Siegmund, llegara a un acuerdo con BSW (Alianza Sahra Wagenknecht-Por la Razón y la Justicia), partido de izquierdas contrario a la inmigración y a las sanciones contra Rusia por la invasión de Ucrania, el martillo se transformaría en una bola de demolición. Porque se habría roto el cordón sanitario que la partitocracia ha tendido alrededor de cualquiera que ponga en duda los pilares del actual régimen, sea político, profesor o escritor.

El primero de los datos es la subida de la participación. Del 60% en 2021 al 78%. Ese aumento, hasta 1,3 millones, ha permitido a los verdes, los socialdemócratas y BSW entrar en el parlamento estatal, ya que han rebasado el requisito del 5%, pero también ha agrandado el triunfo de AfD. El voto por correo ha rondado un 20%, inferior a las elecciones de 2021, en las que ganó la CDU, cuando se aproximó al 30% debido a la epidemia de covid.

El mayor derrotado es la coalición de populares (CDU/CSU) y socialistas (SPD) que gobierna el país desde el año pasado. En 2021, el candidato de la CDU, Reiner Haseloff, que ocupaba el cargo de ministro-presidente desde 2011, sacó un 37% del voto; el actual, Sven Schulze, se ha quedado con menos de la mitad, un 17%.

El SPD, que alcanzó un 36% en 1998, empezó a perder electores en beneficio, primero, de Die Linke, los comunistas de la Alemania Oriental reconvertidos en demócratas, y de los verdes, y, luego, de AfD. En 2016 sufrió una catástrofe, al caer de un 20% a solo un 11%, mientras AfD irrumpía con un 24%. El desplome no se ha parado y cinco años después se arrastra en torno al 8%. El resultado es un clavo más en el ataúd del canciller Friedrich Merz, cuya aprobación en las encuestas es inferior a un 20%.

En la campaña contra la AfD han participado el citado Merz, la ex canciller Merkel (la que desencadenó la crisis de inmigración en Europa), la prensa alemana, con la colaboración de medios extranjeros, las Iglesias, la comunidad judía, los sindicatos, el director del Deutsche Bank, los grupos violentos de extrema izquierda, etc., etc., etc. Todos coincidían en que un gobierno de este pequeño estado rural de poco más de dos millones de habitantes sería un desastre para Alemania, despertaría a los viejos demonios del pasado del país, espantaría a los inmigrantes y alegraría al ruso Putin.

A pesar de este coro de profetas de calamidades, casi 580.000 ciudadanos (hace cinco años fueron 221.000) han optado por la papeleta del «hombre más peligroso de Alemania», como definió Der Spiegel a Siegmund. Quizás tienen razón los gobiernos que quieren prohibir las redes sociales porque permiten a los ciudadanos informarse por otros medios que no son los periódicos y las televisiones ensobrados…

Según los sondeos, más del 55% del nuevo electorado de AfD proviene de abstencionistas. De la CDU sale casi un 30% y del partido liberal, a punto de extinguirse en todo el país, un 6%. El resto procede de Die Linke, el SPD y hasta de los Verdes. El trasvase a BSW ha sido mínimo.

La CDU, la columna vertebral del Partido Popular Europeo, en el que milita la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, se halla en una encrucijada. Si mantiene, con testarudez de anciano que se niega a aceptar el cambio de los tiempos, su promesa de no pactar absolutamente nada con AfD, como repitió Merz en la campaña, se encaminará a la irrelevancia. Y si, en un giro político de 180 grados, decide iniciar el camino a una unión de las derechas, desencadenará un movimiento que se extenderá desde Austria a España.

¿Y cómo es ese amenazador votante de «extrema derecha»? Los asuntos que más preocupan a los electores de AfD son la inmigración, el empobrecimiento debido a la inflación, la alteración del modo de vida tradicional, la inseguridad y la legislación represiva por parte del Gobierno federal.

De acuerdo con un sondeo de Infratest Dimap para la televisión ARD, por clases sociales, quienes se identifican como obreros han optado por AfD en un enorme 61%. En esta categoría, la CDU es segunda, con un 10%; siguen Die Linke, con un 8%, BSW, con un 6%, y el SPD con un 5%, el mismo porcentaje que los ecologistas urbanitas y anti-industria.

En el caso de los autónomos, el porcentaje para AfD ha sido del 52%; y en el de los empleados por cuenta ajena de un 46%. Entre los jubilados, el partido azul obtiene su peor dato: un 38%. En este grupo, la CDU y el SPD, por el contrario, registran sus mejores resultados: un 27% y un 10%, respectivamente.

Por edades, de acuerdo con el mismo sondeo, AfD es el primer partido en todas las franjas etarias. Entre los 18 y los 34 años supera el 42%, por encima de la suma de los que prefieren al SPD, los verdes y Die Linke; la CDU oscila entre un 6% y un 7%. Entre los alemanes que tienen de 35 a 59 años, AfD supera la mitad. En cambio, entre los que han cumplido 70 años o más baja a un 31%, la misma cifra que la CDU.

Una de las consignas que se están repitiendo en editoriales y tertulias es la de que los votantes de AfD añoran el comunismo y hasta la presencia rusa, cuando el poder les daba todo gratis. Sin embargo, los populares y los socialistas registran sus mayores porcentajes de voto entre los mayores de 60 años, los que de verdad conocieron la Alemania Oriental, la policía Stasi y el ejército soviético.

Por sexos, AfD, al igual que otros partidos identitarios como el VOX español, la AN francesa y el FPÖ austriaco, está atrayendo a cada vez más mujeres, seguramente por la violencia machista de algunos inmigrantes. De los varones, el 50% ha escogido a AfD; y de las mujeres, un 40%. El porcentaje de mujeres que ha optado por la CDU es la mitad, un 20%; y por el SPD menos aun, un 9%.

En conclusión, el futuro en Alemania, como indican los recuentos de Sajonia-Anhalt y de la asamblea regional del Sarre (elegida el 30 de agosto), pertenece a AfD. Por el contrario, la CDU y el SPD se están transformando en partidos de ancianos, funcionarios y jubilados, con pánico a las reformas. Por eso, los partidos que mandan en Europa, sobre todo los de izquierdas, están tratando de reemplazar el electorado nativo que pierden con inmigrantes subsidiados a los que regalan la nacionalidad.

Y el día 20 habrá elecciones en la ciudad de Berlín y el estado vecino de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde el martillazo de Sajonia-Anhalt sin duda influirá.