Las marmotas de Siberia fueron las culpables del primer brote peste de la historia: infactaron a los cazadores hace 5.500 años
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Un equipo internacional de investigadores ha identificado en las orillas del lago Baikal, en el sureste de Siberia, el brote de peste más antiguo documentado hasta la fecha. El hallazgo, publicado en la revista Nature, sitúa la enfermedad hace 5.500 años entre comunidades de cazadores-recolectores, casi cuatro milenios antes de lo que se creía. Hasta ahora, la evidencia más temprana de peste se remontaba a unos 2.000 años.
El estudio analizó ADN antiguo extraído del cemento dental de 46 individuos del Neolítico tardío enterrados en cuatro cementerios a orillas del río Angara, que drena el lago Baikal. La bacteria Yersinia pestis, causante de la peste, se detectó en 18 de ellos, lo que arroja una tasa de detección del 39%, una cifra muy alta para este tipo de análisis paleogenómico.
Cómo las marmotas de Siberia transmitieron la peste a los cazadores hace 5.500 años
El reservorio principal de la bacteria en la región del Baikal es la marmota siberiana, un roedor que históricamente ha sido la principal pieza de caza de los pueblos indígenas de la zona, tanto por su carne como por su piel. La caza y el despiece de estos animales exponen directamente a quien los manipula: al desollarlos, al inhalar gotas de sangre infectada o al consumir órganos crudos o poco cocinados.
Los investigadores identificaron dos brotes distintos, separados entre cuatro y seis siglos, en los cuatro cementerios estudiados. Las cepas de Yersinia pestis recuperadas carecen de los genes de virulencia necesarios para la transmisión por pulgas y la forma bubónica de la enfermedad, lo que descarta esa vía de contagio en este caso.
Los patrones de parentesco biológico reconstruidos a partir del ADN, combinados con las fechas de los enterramientos, indican que la transmisión se produjo de persona a persona, probablemente por vía respiratoria, a través de gotas infecciosas al toser, lo que apunta a una forma neumónica de la enfermedad.
El primer brote ocurrió dentro del margen de una sola generación. En uno de los cementerios, Bratskii Kamen, se halló una tumba compartida con tres niñas de entre 4 y 9 años, emparentadas entre sí, las tres con presencia confirmada de la bacteria, lo que sugiere que la enfermedad se propagó dentro de un mismo núcleo familiar y que las tres murieron de forma simultánea.
Por qué este hallazgo cambia lo que sabíamos sobre el origen de la peste
El análisis filogenético revela que las cepas del Baikal divergen de forma ancestral respecto al resto de cepas conocidas de Yersinia pestis, lo que retrasa la fecha estimada de aparición de la bacteria a unos 5.700 años. Hasta ahora, las cepas más antiguas conocidas procedían del norte de Europa, asociadas a comunidades de agricultores del Neolítico.
Este hallazgo traslada el origen geográfico más probable de la peste hacia Asia central o nororiental, y demuestra que la enfermedad ya circulaba entre cazadores-recolectores siglos antes de que se detectara entre las primeras comunidades agrícolas europeas.
Ese dato desafía una de las hipótesis más extendidas sobre la prehistoria europea, la idea de que el aumento de la densidad de población y los cambios de estilo de vida asociados a la transición neolítica fueron condiciones necesarias para que se produjeran brotes de peste significativos. Los cazadores-recolectores del Baikal vivían en grupos pequeños y móviles, muy distintos de los asentamientos agrícolas densos de la Europa neolítica, y aun así sufrieron brotes letales.
El perfil de mortalidad es otro de los hallazgos más llamativos del estudio. En los dos cementerios con más casos detectados, la mortalidad se concentra de forma desproporcionada en niños de entre 7 y 11 años, justo antes de la pubertad, mientras que los adultos jóvenes de entre 20 y 35 años apenas figuran entre las víctimas.
Los investigadores plantean varias hipótesis para explicarlo, desde diferencias en la respuesta inmunitaria infantil hasta una mayor exposición de los niños a las marmotas por su papel dentro del grupo, aunque ninguna de las dos puede confirmarse con los datos disponibles.
El equipo identificó además el gen ypm, asociado a una toxina superantigénica que en la actualidad provoca complicaciones inflamatorias graves, principalmente en niños menores de 14 años, lo que podría haber contribuido a la mortalidad infantil observada en estos enterramientos prehistóricos.
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