La costumbre más desagradable de la Edad Media: lo hacía todo el mundo, incluido el Rey Fernando el Católico
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El medioevo, que va desde la caída del Imperio romano hasta el siglo XV, representó una etapa de profundas transformaciones sociales y culturales. Con ella desaparecieron costumbres antiguas para dar paso a nuevas prácticas, algunas de ellas poco higiénicas. La alimentación fue uno de los espacios donde se observó la costumbre más desagradable de la Edad Media.
En aquel tiempo, los utensilios de mesa no eran de uso común. El cuchillo, la cuchara y un rudimentario tenedor de dos púas estaban reservados a determinados sectores sociales. La mayoría de la población, incluidos nobles y monarcas, recurrían a métodos que hoy se consideran poco adecuados.
¿Cuál era la costumbre más desagradable de la Edad Media?
En la vida cotidiana de la Europa medieval, lo habitual era comer con las manos. Las clases altas disponían de cuchillos personales que llevaban en fundas de cuero, pero en la práctica el alimento se sujetaba y se desgarraba con los dedos. El tenedor, aun en fase primitiva, no estaba extendido.
El problema no residía únicamente en la ausencia de cubiertos. La gran dificultad era la falta de hábitos higiénicos. No existía la costumbre de lavarse las manos antes de las comidas, lo que favorecía la propagación de bacterias y enfermedades infecciosas.
De la misma manera, platos y ollas rara vez eran lavados con frecuencia, convirtiéndose en focos de contaminación.
Incluso en los banquetes reales, donde abundaba la comida, los asistentes compartían fuentes y tomaban los alimentos directamente. El propio Fernando el Católico, como otros monarcas de la época, no estuvo ajeno a esta práctica común.
Solo para privilegiados: ¿Cuándo aparecieron los utensilios de mesa?
Aunque ya se conocían objetos similares a los actuales, su uso era limitado. El cuchillo era la herramienta principal, y muchas veces se compartía entre varios comensales. La cuchara aparecía de forma más frecuente, mientras que el tenedor tardó siglos en popularizarse.
En las clases bajas, disponer de cubiertos era un privilegio. Los campesinos y trabajadores solían valerse de sus manos, compartiendo los alimentos directamente de la olla o de grandes bandejas.
Para los sectores más adinerados, llevar sus propios utensilios era símbolo de estatus. Sin embargo, el gesto de sujetar la comida con los dedos no desapareció ni siquiera en los entornos más refinados.
El rechazo inicial al tenedor se basó en creencias religiosas. En algunos territorios cristianos de Europa central se consideraba que este objeto, al recordar al tridente, era una herramienta asociada al diablo. Durante siglos, la resistencia cultural retrasó su adopción en la mesa.
¿Cómo fue la percepción cultural de la costumbre más desagradable de la Edad Media?
El hábito de comer con las manos fue interpretado de formas distintas según la cultura. En Europa, hasta los inicios de la Edad Moderna, fue lo más extendido. Un jesuita como Luís Fróis, al comparar costumbres japonesas y europeas en el siglo XVI, constató que mientras los japoneses utilizaban palillos, en Europa se recurría a los dedos.
Con la llegada del tenedor de cuatro púas, en el siglo XVII, y el auge de la pasta en Italia, el panorama cambió. Las normas de etiqueta comenzaron a difundirse en las cortes y el gesto de usar las manos pasó a considerarse inadecuado.
En otras regiones, como el mundo islámico o la India, la tradición de comer con las manos se mantiene hasta la actualidad, aunque bajo reglas estrictas de higiene y etiqueta.
En cambio, en la Europa medieval, la ausencia de limpieza previa y la costumbre de compartir alimentos sin lavar hizo que esta práctica fuera señalada como la costumbre más desagradable de la Edad Media.
¿Por qué todavía seguimos comiendo con las manos?
Aunque en Europa se abandonó la práctica, algunos vestigios permanecen. Hoy en día, alimentos como hamburguesas, pizzas, tacos o patatas fritas se comen con las manos y forman parte de lo que se conoce como finger food.
Sin embargo, la diferencia fundamental con el pasado radica en la higiene: el lavado de manos es una práctica asumida y obligatoria en la sociedad moderna.
El origen del sándwich, atribuido a John Montagu en el siglo XVIII, también se vincula a este hábito. El conde inglés buscaba evitar ensuciarse las manos mientras jugaba a las cartas, lo que terminó por dar nombre a uno de los alimentos más consumidos del mundo.
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