‘En Guardia’ emite hoy un reportaje del crimen gallego que se resolvió gracias a un árbol genealógico
Nueva entrega analizando un crimen que dejó huella

Tras analizar los crímenes de Xermade hace siete días, el programa En Guardia, que se emite cada lunes noche en Cuatro, regresa esta semana a Galicia. El programa se centra esta noche en un asesinato que las autoridades tardaron 10 años en poder esclarecer. Las pocas pistas que tenían obligaron a utilizar el ADN de los vecinos de la fallecida para intentar cotejarlo con el del asesino. Eso sí, todo era tan complicado que incluso tuvieron que recurrir a los árboles genealógicos de la zona para intentar sacar algo en claro, siendo la pista clave que ayudó a encontrar al culpable, que más tarde terminaría confesando.
La muerte de Elisa Abruñedo obligó a comenzar una de las operaciones forenses más complejas e innovadoras de la historia policial de nuestro país. Durante diez interminables años, el asesino de esta mujer caminó libre por las calles de Galicia, mimetizado con la rutina de una sociedad que no olvidaba a la vecina de Cabanas, asaltada trágicamente a escasos metros de su domicilio mientras daba su paseo habitual. El único error de la pobre Elisa fue salir a dar un paseo por la tarde, encontrándose con un depredador que abusó sexualmente de ella y la asesinó después.
El milagro de los árboles genealógicos de Galicia
Durante una década la Guardia Civil tenía el ADN del culpable, pero no sabían ponerle cara o un nombre. Para conseguir alguna pista decidieron tomar medidas poco habituales. Para ello, pidieron de forma voluntaria a los vecinos de la zona someterse a análisis de ADN, con los que esperaban que el culpable se sintiese acorralado.
- El callejón sin salida: Los investigadores contaban con el ADN del agresor desde el primer día, pero no figuraba en ninguna base de datos policial o criminal conocida.
- La carambola científica: Aplicando técnicas de vanguardia en genealogía genética, los laboratorios comenzaron a cruzar perfiles biológicos, estructurando gigantescos árboles genealógicos en la provincia. El rastro de la sangre llevó a los agentes a acotar el apellido y el parentesco hasta dar de manera inequívoca con Roger Serafín.
Gracias a la investigación del ADN de cientos de vecinos, los investigadores pudieron abrir una pequeña pista, aunque seguían sin tener al asesino localizado. La pista extra que tenían era la marca y modelo de su coche, un Citroën ZX que fue visto por algunos testigos de la zona, por lo que pudieron dar con un sospechoso. Tras miles de horas de investigación, dieron con un vecino de un pueblo a 20 kilómetros de distancia que cumplía con las características.
Roger Serafín fue detenido como sospechoso de la muerte de Elisa Abruñedo, no tardando en confesar el crimen al ser capturado por los agentes. Con aquella confesión se acabaron 10 años de tortura para su familia, puesto que la fallecida estaba casada y tenía hijos.
Un veredicto sin dudas sobre su culpabilidad
El dictamen del jurado popular no ha dejado espacio para la duda. Tras analizar minuciosamente las demoledoras pruebas periciales y las contradicciones del acusado, los nueve miembros del tribunal ciudadano determinaron que el ataque se ejecutó con una violencia desmedida y una total alevosía, anulando cualquier capacidad de defensa de la víctima.
Esta contundente resolución no solo limpia el nombre y la memoria de Elisa, sino que convalida el incansable trabajo de la Guardia Civil y la Fiscalía, que ahora solicitan las penas máximas contempladas por el código penal para un perfil criminal que sacó de quicio a los investigadores durante una década entera.
Agentes e investigadores que trabajaron en este caso pasarán esta noche por En Guardia, en un programa que comenzará a partir de las 22:50 h, justo después de Horizonte, el programa de Iker Jiménez.
Temas:
- Cuatro
- Televisión