Seguramente no lo has probado nunca: en la posguerra era comida de pobres, y hoy sólo lo venden tiendas gourmet
Era una de las comidas más humildes y de supervivencia de la posguerra
Este es el plato que ayudó a sobrevivir y ahora brilla en restaurantes gourmet.
De comida de pobres a emblema de la cocina castellana
Tras la guerra civil española, el país entró en una crisis y escasez alimentaria que hacía prácticamente imposible disfrutar de una comida en condiciones.
En la posguerra, cuando escaseaban productos de primera necesidad para enfrentar el día a día, todo se traducía en ingenio y variaciones. Por eso el café se hacía con cebada o cáscaras de higo, e incluso la tortilla se preparaba sin huevos. Y uno de esos giros forzados se dio en algo tan simple (y tan delicioso) como el chocolate.
No se hacía con cacao, porque no había, sino que se usaba algo más asequible, local e inesperado. Lo curioso es que, a diferencia de otros platos de posguerra, no ha desaparecido, sino que hoy se vende en tiendas gourmet y no es especialmente económico.
Este es el dulce que se comía en la posguerra y hoy sólo se encuentra en tiendas gourmet
En lugar de cacao, el ingrediente estrella para hacer chocolate era la algarroba. Crecía cerca, no había que importarla y era abundante. Hoy en día, la algarroba se cultiva principalmente en la franja costera mediterránea, con concentraciones importantes en Valencia, Castellón, Baleares, Murcia, Tarragona y Alicante.
Aunque el cultivo está más arraigado en estas zonas, también se encuentran ejemplares en Andalucía (como en Málaga y Almería), el sur de Cataluña y, en menor medida, dispersos en otras regiones como Madrid o Ciudad Real.
Su pulpa dulce y densa, molida, permitía imitar el color, el espesor y hasta parte del sabor del chocolate. No sabía igual, pero saciaba, daba energía y cumplía.
Cómo se hace el chocolate con este sustituto tan popular en la posguerra
La base era sencilla: harina de algarroba, grasa vegetal (a veces manteca de cerdo, otras aceite de oliva) y azúcar si había. Si se quería beber, se disolvía en leche caliente o en agua, removiendo para que espese. Si se quería en tableta, se mezclaba con aceite y se dejaba enfriar.
Hoy en día, las versiones modernas siguen ese principio, pero con ingredientes más cuidados: manteca de cacao ecológica, aceite de coco, edulcorantes naturales… Algunos incluso le añaden frutos secos o aromas.
En casa se puede hacer calentando bebida vegetal, añadiendo harina de algarroba y removiendo hasta que espese. Y si se quiere en tableta, basta con fundir la grasa, mezclar con la algarroba y dejarla enfriar en un molde.
Por qué este chocolate es ahora un producto gourmet
El chocolate de algarroba ya no es cosa de pobres, sino que ha subido el nivel. Ahora lo hacen en pequeños obradores, con materias primas ecológicas, y se vende en tiendas especializadas.
Procesar la algarroba lleva trabajo, pues hay que secarla, tostarla, molerla… Y no hay una industria masiva detrás como sí la tiene el cacao. Es por ello que una tableta artesanal puede costar 4 o 5 euros.
Lo que fue una solución desesperada hoy es delicatessen. El chocolate de algarroba nació como un recurso humilde que servía para dar algo de alegría en tiempos de necesidad, y hoy se ve más como una alternativa ecológica, con un sabor diferente, pero curioso.
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