Gastronomía
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De la basura a la carta de los restaurantes gourmet: el residuo que desechas todos los días y los mejores chefs aprovechan para sus recetas

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

La cocina de aprovechamiento, conocida en el sector como trash cooking, ha dejado de ser una práctica de subsistencia para convertirse en una tendencia de vanguardia en los fogones españoles. Lo que antes acababa en el cubo de la basura hoy aparece en las cartas de restaurantes con estrella y en recetas que circulan entre los chefs más creativos del país.

La filosofía es sencilla: aprovechar al máximo cada ingrediente, desde la raíz hasta la hoja, incluidas pieles, huesos, tallos y cáscaras. Los tallos de brócoli, habitualmente desechados por ser más fibrosos, se pelan y pican para sofritos y cremas. Las hojas exteriores de la coliflor o el repollo se deshidratan para hacer aperitivos o se incorporan a caldos. Pero el ejemplo más cotidiano de todos es mucho más simple: la piel de patata. 

Qué beneficios tiene comer la piel de la patata y por qué los chefs la han recuperado

La piel de la patata concentra la mayor parte de la fibra dietética del tubérculo y una cantidad significativa de vitamina C, vitaminas del grupo B, potasio y hierro. La fibra mejora el tránsito intestinal y prolonga la sensación de saciedad. El potasio contribuye a regular la presión arterial. El hierro es esencial para la producción de glóbulos rojos. La vitamina C refuerza el sistema inmunitario. Además, la piel contiene compuestos antioxidantes que protegen las células del envejecimiento celular.

Al freírse u hornearse, la piel queda más crujiente que la pulpa, lo que explica su éxito en las cocinas de aprovechamiento. Los chefs que trabajan con esta filosofía subrayan que el tratamiento es la clave: cocciones adecuadas, sazonados inteligentes y presentaciones cuidadas elevan este desecho a la categoría de aperitivo gourmet.

Cómo hacer chips de piel de patata en casa paso a paso

Una vez limpias y completamente secas, las pieles se ponen en un bol y se mezclan con una cucharada de aceite de oliva por cada dos tazas de pieles, sal, pimienta negra y las especias elegidas: pimentón ahumado, ajo en polvo o parmesano rallado funcionan especialmente bien. La mezcla debe ser uniforme para que todas las pieles queden cubiertas por igual.

En freidora de aire, se cocinan a 190 °C entre 8 y 10 minutos, agitando la cesta cada 3 minutos para que se doren de forma homogénea. En horno convencional, se extienden en una sola capa sobre papel para hornear y se cocinan a 200 °C entre 12 y 15 minutos, vigilando los últimos minutos porque pasan de doradas a quemadas con rapidez.

Al sacarlas, conviene dejarlas reposar 2 minutos sobre una rejilla: al enfriarse terminan de endurecerse y alcanzan el crujido definitivo.

El estilo del corte también influye en el resultado. Con un cuchillo, dejando un par de milímetros de pulpa, se obtienen unas chips más carnosas al estilo de las potato skins americanas. Con un pelador clásico, las láminas quedan más finas e hiper-crujientes, similares a las patatas de bolsa. En ambos casos, el secado previo es el paso que más condiciona el resultado final.

Cómo limpiar correctamente la piel de patata para eliminar pesticidas antes de cocinarla

Antes de cocinar la piel de patata conviene eliminar los residuos de pesticidas y la tierra acumulada. El jabón de fregar nunca debe usarse en alimentos porque puede absorberse por la piel. El método recomendado por especialistas en seguridad alimentaria combina un baño desinfectante con acción mecánica de cepillado.

El proceso arranca con un enjuague bajo el chorro de agua fría para retirar los terrones de barro. A continuación, las patatas se sumergen en un recipiente con una de estas dos soluciones: vinagre blanco diluido en agua en proporción de 1 a 3 o 1 a 9, dejándolas reposar entre 5 y 10 minutos; o bicarbonato de sodio disuelto a razón de una cucharadita por taza de agua, con un remojo de 5 minutos.

Después se frotan con un cepillo de cerdas suaves o una esponja limpia, prestando especial atención a los nudos y los ojos. El aclarado final bajo agua corriente elimina cualquier resto de la solución. El último paso, y el más importante para conseguir el crujido, es el secado completo con un paño limpio o papel de cocina.