Vox resiste al ‘ciclón Ayuso’ e incluso gana un diputado
Vox ha resistido el enorme empuje de Isabel Díaz Ayuso y hasta ha ganado un diputado al lograr 13 escaños. Los resultados de las elecciones autonómicas del 4M hacen de los de Rocío Monasterio un partido con el que el centroderecha toma el poder absoluto en la Asamblea de la Comunidad de Madrid, tras una intensa campaña que comenzó bajo las piedras de Vallecas: juntos, PP y Vox suman 78 diputados, una cifra apabullante.
«Madrid ha derrotado sin paliativos al frente popular que ha pactado con todos los enemigos de España». Así ha destacado Santiago Abascal, presidente de Vox, la arrolladora victoria del bloque del centro-derecha. La formación no sólo aguanta el resultado de 2019, que algunos vieron amenazado por el efecto Ayuso, sino que aumenta su cuota en un escaño hasta los 13.
«Queremos felicitar efusivamente a Isabel Díaz Ayuso por su gran victoria», ha destacado Abascal al comparecer ante los medios y sus simpatizantes desde su sede. Vox ha confirmado que facilitará la investidura de Díaz Ayuso.
En clave interna, en los despachos de la sede de Vox nunca se creyeron los sondeos que les daban menos del 5% de representación. Nunca, en ningún momento, se vieron fuera de la Asamblea. Los resultados del 4M respaldan esos trackings de consumo propio que han manejado durante toda la campaña.
Campaña de piedras y balas
Vox fijó el inicio de su campaña en Vallecas con una clara intención: disputarle el «voto obrero» a una izquierda que consideraba propios e intransferibles sus feudos. Los de Abascal llevaron la presentación de Monasterio a la plaza roja de Puente de Vallecas, rebautizada así por los adoquines rojos que la rodean. Pero la ultraizquierda hizo un llamamiento para convertirla poco menos que en su Stalingrado particular. Los No pasarán se convirtieron rápidamente en una lluvia de piedras y palos. Entre cargos, simpatizantes de Vox y agentes de la UIP sumaron más de 30 heridos de diversa consideración.
La batalla de las piedras terminó ahí, pero dio paso a la de la culpabilidad: Podemos se lanzó a acusar a los de Abascal de haber «provocado» con su visita, arrogándose la propiedad del barrio. Pablo Iglesias, Irene Montero, Ione Belarra y Pablo Echenique colgaron a Vox toda la responsabilidad de lo ocurrido.
Y entonces llegaron las cartas con balas. Amenazas «fascistas» a Pablo Iglesias, al ministro Fernando Grande-Marlaska y a la directora de la Guardia Civil, María Gámez. La izquierda trató de cambiar el rumbo de la campaña asomándose a miedos propios de la Europa de entreguerras y vinculando esas misivas con cartuchos «de CETME», al parecer indetectables en los escáneres, al entorno de Vox. Monasterio fue clara en la SER: «Condenamos cualquier violencia, pero ya no nos creemos nada de este Gobierno».
«No pasarán»
Aquéllo dinamitó el debate radiofónico de candidatos y los que estaban por venir. Las amenazas volvieron días más tarde, en forma de navaja ensangrentada, a la ministra Reyes Maroto. La portavoz socialista, Adriana Lastra, fue la encargada de anunciarlo en medio de un mitin, redondeándolo de un «¡No pasarán!».
La impostura electoral contra Vox duró apenas 24 horas: lo que tardó en saberse quién era Iñigo, un enfermo de esquizofrenia, un hombre que se presentó a la Policía como agente secreto, autor del envío de la navaja manchada de pintura a Maroto. No fue ni detenido por su naturaleza inimputable. Y su familia fue quien terminó de darle la puntilla -a través de OKDIARIO- a la teoría del fascismo: «Nuestro hermano ha votado a Podemos».
Desmontadas las amenazas, la campaña abandonó el tono en blanco y negro de 1930 con el que la vistió la izquierda y recuperó el color de 2021. Lo hizo justo a tiempo de conocerse una revelación que hubiese dinamitado la campaña de no haberse quedado oculta en un cajón del despacho del ministro Marlaska: entre quienes reventaron a pedradas a Vox en Vallecas había al menos dos «trabajadores» de la seguridad de Podemos. Boxeadores, bukaneros, ultras del fútbol con antecedentes por violencia, comandados por el conocido como ‘Pirrakas’. El hombre al que Iglesias, pese a contar con apoyo de Guardia Civil y Policía Nacional, ha encomendado la vigilancia de su finca en Galapagar .
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