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El único bar de Asturias dedicado a la Reconquista sufre la ira de la izquierda: «Es un honor ser facha»

En su primera semana, la izquierda ha vandalizado la fachada de la vinacoteca

Rosa ha abierto el único bar "patriota" en Asturias, ubicado en la capital

Polémica en Oviedo por la apertura del bar patriota La Reconquista de Rosa Priede. Pintadas, amenazas, reseñas falsas e incluso mensajes de «Gora ETA» ha sufrido esta empresaria en sólo una semana de apertura. «Una extorsión que busca hacernos callar y cerrar», denuncia a OKDIARIO.

Abrir un bar llamado La Reconquista en Asturias se ha vuelto casi una profesión de riesgo. Desde que Rosa abrió la semana pasada este bar patriota, no se habla de otra cosa en Oviedo. Su vinacoteca, concebida como un bar-museo en la céntrica calle Campomanes, ha despertado el odio de la izquierda.

La Reconquista de Rosa está siendo la diana del movimiento antifa. Lejos de amedrentarse, la propietaria reivindica su proyecto y responde a las críticas con contundencia en OKDIARIO: «Hoy en día, llamar facha a alguien por amar su país, su cultura o su bandera está completamente desvirtuado. Si eso es ser facha, es un honor».

Homenaje a las víctimas del terrorismo

El bar es el único patriota en Oviedo, y en toda Asturias, dedicado a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, especialmente a la Guardia Civil y a La Legión. Además, en sus vitrinas se reivindica la dignidad y la justicia para las víctimas del terrorismo de ETA.

Toda la decoración de la vinatería de la Reconquista está colocada al detalle: «Sí, tiene intención, busca ser un museo», explica Rosa. Esta mujer luchadora es prima de un agente víctima de ETA, sobrina de un legionario, pareja de un guardia civil y cuenta con innumerables amigos en el Ejército y la Policía.

Fruto de ello, decidió dar el paso y emprender este bar, que se ha convertido en tiempo récord en un punto de encuentro de todo aquel patriota no solo de Oviedo, sino «de personas que vienen ex profeso de León y provincias próximas a Asturias».

En su interior, la clientela encuentra maniquíes uniformados, elementos históricos que recorren desde los orígenes de la Reconquista hasta etapas como los Reyes Católicos o el Imperio español, así como un monolito dedicado a las víctimas del terrorismo. La decoración se completa con una Virgen de Covadonga elaborada con carbón, en alusión a la tradición minera asturiana.

La ola antiespañola del País Vasco y Cataluña ha hecho mella en la cuna de la España cristiana. Pese a ello, la desproporcionada reacción de la ultraizquierda le ha sorprendido. Lo que para su propietaria es un reconocimiento cultural e histórico ha sido interpretado por algunos sectores de la izquierda como un símbolo ideológico.

Boicot en redes y presión de la izquierda

A ello se suma una campaña de boicot en redes sociales, con reseñas negativas que, según denuncia la dueña, proceden de perfiles falsos y de personas que ni siquiera han visitado el establecimiento. También asegura que se han manipulado imágenes mediante inteligencia artificial para difundir acusaciones falsas sobre el ambiente del local.

«Con inteligencia artificial han subido fotos en reseñas de Google, acusándonos de colocar los maniquíes con el brazo en alto, y criticando que poníamos todo el rato el Carasol», explica.

La presión no se ha limitado al ámbito digital. Rosa afirma que se han convocado concentraciones frente a su negocio e incluso acciones para provocar dentro del propio bar del colectivo LGTBI para «besarse». Pese a ello, insiste en que su establecimiento «no tiene nada en contra de nadie» y defiende que cualquier persona es bienvenida.

Además, subraya que su iniciativa tiene un componente personal, ya que ha vivido de cerca el impacto del terrorismo y cuenta con familiares vinculados a las fuerzas de seguridad. Por ello, considera su bar «un homenaje legítimo y necesario».

A pesar del clima de tensión, Rosa asegura que seguirá adelante con su negocio. «Es mi trabajo y no voy a bajar la persiana porque intenten intimidarme», concluye, «todos tenemos que pagar las facturas a fin de mes». «Yo no tengo una paguita como les dan a muchos», añade con sonrisa sorna, sabiendo lo que dice.