Chivite expulsa a los ancianos de una residencia del siglo XIII para meter a un grupo de menas
Los ancianos serán enviados a lo que algunos residentes describen como una "selva de cemento"
El Gobierno de Navarra, presidido por María Chivite, trasladará a los ancianos de la residencia Santo Domingo de Estella, ubicada en un antiguo convento del siglo XIII, para destinar el edificio a menores extranjeros no acompañados (menas). La decisión ha provocado un gran malestar entre vecinos, comerciantes y residentes, que critican que se saque a los mayores de un enclave histórico en el que llevan años viviendo para reubicarlos en un nuevo edificio situado a las afueras del municipio.
Los mayores que viven en la residencia cuentan con sus rutinas, sus espacios comunes, su capilla y su entorno habitual dentro del municipio. Sin embargo, el Gobierno foral pretende trasladarlos a una nueva residencia situada fuera del centro, alejada del casco urbano y en una zona que varios vecinos consideran poco adecuada para personas de edad avanzada.
Los ancianos serán enviados a lo que algunos residentes describen como una «selva de cemento». Una residente asegura que sus compañeros «no quieren» marcharse del centro actual. Otro vecino critica la pendiente y la lejanía de la nueva ubicación: «¿A dónde va un abuelo así? A matarse por la cuesta».
El Gobierno de Navarra destinó más de 10 millones de euros a la nueva residencia para mayores Santo Domingo de Estella. Sin embargo, los vecinos denuncian que el objetivo real de la operación no es sólo construir un nuevo centro para los ancianos, sino liberar el edificio histórico que ocupan ahora para instalar allí a los menores extranjeros no acompañados.
El malestar no se limita al traslado de los mayores. Varios vecinos advierten también del aumento previsto de plazas para menas en Estella. Actualmente habría alrededor de una decena de menores en el municipio, pero el Gobierno foral prevé elevar la cifra hasta 40.
«Ahora hay 12. Cuando sean 40 u 80 en el centro del pueblo…», advierte una de las vecinas. Otro testimonio alerta de que el edificio podría llegar a acoger hasta 160 plazas, lo que permitiría al Ejecutivo de Chivite pasar de una presencia reducida de menas a un centro de gran capacidad dentro de Estella.
Los vecinos también trasladan su preocupación por la seguridad. Una comerciante asegura que en los últimos meses han aumentado las advertencias y que la Policía habría avisado a locales de la zona para que extremen las precauciones, bajen bien las verjas y coloquen cámaras de seguridad. Asimismo, hablan de robos, hurtos y de la llamada «técnica del abrazo» contra personas mayores.
Una mujer relata que a una vecina, que iba con andador, le quitaron unos anillos a plena luz del día. Otros vecinos aseguran que hay personas mayores que ya salen con miedo o que evitan llevar joyas por la calle ante el temor a sufrir un robo.
La polémica se agrava por el simbolismo del inmueble. No se trata de un edificio cualquiera, sino de un antiguo convento medieval convertido en residencia de ancianos. Ahora, Chivite quiere sacar de allí a los mayores para meter a los menas, mientras los vecinos alertan del impacto que esta decisión puede tener en la vida diaria de Estella.
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