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Economía

Los mayores de 55 años, mucho más que séniors: son ahorradores, consumidores sin culpa y el pilar de sus hijos

Fundación Mapfre y FEDEA presentan el informe ‘Ingresos y gastos de los hogares españoles por edad y género’

Los mayores de 55 años son un colectivo con un enorme peso económico: son ahorradores, consumidores activos y sostienen redes familiares mediante transferencias intergeneracionales

España afronta un profundo cambio demográfico marcado por el envejecimiento de la población y el hecho de que cada vez haya menos jóvenes. Esta nueva realidad obliga a poner el foco en cómo ha cambiado la aportación a la economía de los diferentes grupos de edad y los desafíos económicos y sociales de las próximas décadas, especialmente en un contexto en el que la esperanza de vida con salud ha aumentado y las tasas de natalidad se han desplomado.

A grandes rasgos, los jóvenes tienen una alta dependencia económica de sus familiares y del Estado; los españoles de entre 30 y 54 años son el motor productivo, ya que financian una buena parte del consumo público y de las prestaciones sociales; y los mayores de 55 años son el grupo con mayor ahorro medio por persona.

Son algunas de las conclusiones del informe ‘Ingresos y gastos de los hogares españoles por edad y género’, promovido por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre y la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), cuyo objetivo es comprender mejor cuánto ingresan y en qué gastan los miembros de los hogares españoles, así como dar a conocer qué reciben y aportan al sistema público según su edad y género, aspectos clave para anticipar los desafíos económicos y sociales de las próximas décadas, especialmente en un contexto de envejecimiento demográfico acelerado.

El estudio se apoya en una base de microdatos por edades y por género sobre las cuentas económicas de los miembros de los hogares españoles, lo que permite analizar los efectos económicos del envejecimiento, entender cómo se redistribuyen los recursos a nivel intergeneracional y conocer el peso que tiene la economía sénior en España, así como otras cuestiones clave para garantizar el futuro del Estado de bienestar.

En la presentación, ha participado Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre, quien considera que el estudio permite entender con mayor precisión el impacto económico del envejecimiento y poner en valor el papel estratégico de la economía sénior en nuestro país.

En esta línea ha señalado que “los mayores de 55 años no son únicamente perceptores de prestaciones, sino un colectivo con un enorme peso económico: son ahorradores, consumidores activos, sostienen redes familiares mediante transferencias intergeneracionales y constituyen un pilar fundamental de estabilidad financiera y patrimonial”.

Ha indicado, además, que “comprender su comportamiento económico es clave para diseñar políticas públicas y estrategias empresariales adaptadas a esta nueva realidad demográfica”.

También ha intervenido Ángel de la Fuente, director ejecutivo de Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), quien ha destacado que “el análisis desplaza el foco desde el hogar como unidad agregada hacia los individuos, permitiendo observar con precisión sus patrones de ingresos y gasto a lo largo del ciclo vital y los flujos redistributivos que se producen a través del sector público y dentro de los propios hogares. Esto nos ofrece una radiografía mucho más completa y detallada de cómo se generan, redistribuyen y utilizan los recursos en España”.

Radiografía de los recursos y su distribución

Los recursos totales de los hogares sumaron 1,53 billones de euros, una cifra equivalente al 111% del PIB. De media, cada persona gestionó 32.391 euros al año procedentes del trabajo, el capital, las prestaciones públicas y el uso de servicios públicos.

Casi dos tercios de los recursos de los hogares proceden de las rentas del trabajo (959.001 millones) y el resto, algo más de un tercio, llega a través de prestaciones públicas, ya sean monetarias o en especie. Del total, el 44% se destina al consumo privado, el 23% al consumo público —sobre todo sanidad y educación—, el 26% al pago de impuestos y cotizaciones, y el 7% se convierte en ahorro.

Quién recibe, financia y ahorra más

El informe cuantifica el saldo fiscal medio por edad y género, es decir, la diferencia entre lo que una persona aporta en impuestos y cotizaciones y lo que recibe a través de prestaciones y servicios públicos. En este sentido, el análisis por edad refleja que las personas no mantienen el mismo equilibrio entre ingresos y gastos a lo largo de su vida.

Durante la infancia y juventud (hasta los 29 años), los ingresos laborales son reducidos y el consumo se financia principalmente mediante transferencias privadas entre familiares y gasto público, especialmente en educación y sanidad. Este grupo concentra solamente el 21,6% de los recursos del total de la población (330.983 millones de euros). Se trata, por tanto, de una etapa de dependencia económica financiada por las familias y por el Estado.

Entre los 30 y los 54 años se concentran la mayor parte de los trabajadores, siendo el tramo con mayor capacidad de generación de ingresos y de aportación al sistema. Este grupo moviliza un total de 606.852 millones de euros en recursos, concentra la mayor parte de las rentas del trabajo y paga más de la mitad del total recaudado en impuestos y cotizaciones sociales de la población. Es, por tanto, el principal contribuyente neto y el pilar financiero del sistema de bienestar, financiando buena parte del gasto público destinado a jóvenes y mayores.

A partir de los 55 años

A partir de los 55 años, el patrón cambia de forma significativa. Este grupo, que ya sumaba en 2022 16,1 millones de personas —el 34% de la población y genera el 32,8% del PIB—, concentra 592.719 millones de euros en recursos, incluyendo rentas de mercado y prestaciones.

Los seniors reciben 183.070 millones de euros en prestaciones públicas monetarias, fundamentalmente pensiones, aportan 138.173 millones en impuestos y cotizaciones (lo que representa el 34,5% del total) y, además, concentran el 68% del ahorro total de los hogares (73.578 millones).

Todo ello refleja su importancia financiera y patrimonial y pone de manifiesto el funcionamiento del Estado del bienestar como un sistema de transferencias intergeneracionales que redistribuye recursos a lo largo del ciclo vital.

La familia, pilar complementario de la redistribución

Más allá del sector público, el estudio cuantifica las transferencias internas entre miembros de un mismo hogar. Estas alcanzan 130.000 millones de euros anuales y fluyen fundamentalmente desde los adultos y los seniors hacia niños y jóvenes para financiar su consumo hasta su incorporación plena al mercado laboral. De ese total, 103.000 millones proceden del grupo de 30 a 54 años y cerca de 27.000 millones del colectivo de 55 o más, cifras que ponen de relieve el papel clave de la familia como mecanismo de redistribución intergeneracional complementario al Estado del bienestar.

El estudio también identifica diferencias significativas por género, tanto en ingresos como en aportaciones y prestaciones recibidas. Las brechas salariales, las distintas trayectorias laborales y el diferente acceso a pensiones influyen en la distribución de recursos a lo largo de la vida, generando impactos diferenciados en el saldo fiscal y en la autonomía económica en edades avanzadas. Los hombres concentran mayores rentas del trabajo (462.461 millones frente a 326.686 millones en mujeres) y registran mayores niveles de ahorro (73.277 millones frente a 34.897 millones).

El consumo crece en la última etapa de la vida

El consumo total por persona se mantiene relativamente estable hasta los 50 años y aumenta posteriormente. Así, los datos muestran cómo el consumo privado medio anual en España se sitúa en 12.088 euros por persona, mientras que en el grupo de 55 años o más asciende a 13.511 euros, por encima de la media. Parte de este incremento se explica por el mayor gasto sanitario —público y privado— y por el peso de la vivienda, incluyendo el alquiler imputado de la vivienda en propiedad, cuyo importe aumenta cuando disminuye el número de convivientes tras la emancipación de los hijos o la viudedad.

Además, el estudio muestra que, en las primeras etapas de la vida, predominan los gastos asociados a educación y formación; en la vida adulta, el peso recae en vivienda, crianza y transporte; y en edades avanzadas adquieren mayor relevancia el gasto sanitario y determinados servicios personales, como de cuidados y atención a la dependencia, y actividades de ocio y bienestar. Estos cambios tienen un impacto directo en la configuración de los mercados y en el desarrollo de la llamada economía sénior, cada vez más relevante en un país donde la longevidad gana peso demográfico y económico.

La aportación de los mayores

La población sénior española, entendiendo como tal los que tienen 55 años o más, tiene una alta importancia en la economía. De hecho, el impacto económico de la generación sénior supera al que le correspondería por su peso demográfico. Algunos datos del informe que lo avalan son los siguientes:

Los miembros de la generación sénior son el grupo de edad con mayor capacidad adquisitiva del conjunto de la población española. La contribución de los seniors a la producción nacional alcanza el 32,8% (medida por el PIB generado por el colectivo de miembros de los hogares residentes en España).

El colectivo sénior contribuye a financiar el consumo de otros miembros de sus hogares (El saldo neto de las transferencias privadas dentro de los hogares es negativo para los seniors).

El consumo privado de los seniors representa un 39,3% del total, superando al del grupo principal: 30-54 (36,9%). Además, el consumo privado medio por persona del colectivo es el mayor de cualquier grupo de edad. Se sitúa en 16.406 €, lo que supone un 14,4% más que el del grupo principal 30-54 y un 15,7% más que la media del conjunto de la población.

La contribución de la generación sénior al sostenimiento del Estado y sus administraciones territoriales a través de sus impuestos, sin incluir las contribuciones sociales, alcanza el 42,7%, porcentaje superior a su peso en el conjunto de la población (34%).