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Economía

Los jóvenes españoles tienen una alta dependencia económica de sus familiares y del Estado

Así lo afirma el estudio ‘Ingresos y gastos de los hogares españoles por edad y género’ de Mapfre y FEDEA

Por su parte, los españoles de entre 30 y 54 años son el motor productivo, ya que financian una buena parte del consumo público y de las prestaciones sociales

Los jóvenes españoles tienen una alta dependencia económica de sus familiares y del Estado; los españoles de entre 30 y 54 años son el motor productivo, ya que financian una buena parte del consumo público y de las prestaciones sociales; y los mayores de 55 años son el grupo con mayor ahorro medio por persona. Así lo revela el informe ‘Ingresos y gastos de los hogares españoles por edad y género’, promovido por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre y la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), el cual tiene el fin de comprender cuánto ingresan y en qué gastan los miembros de los hogares españoles, así como conocer qué reciben y aportan al sistema público según su edad y género.

Por tanto, de acuerdo con las palabras de Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre, los mayores de 55 años «no son únicamente perceptores de prestaciones, sino un colectivo con un enorme peso económico». De hecho, el retrato de los conocidos como séniors es de «ahorradores, consumidores activos» y un pilar básico para sus familias: «Sostienen redes familiares mediante transferencias intergeneracionales y constituyen un pilar fundamental de estabilidad financiera y patrimonial».

Dependencia económica familiar

Los recursos económicos totales de los hogares españoles sumaron 1,53 billones de euros, una cifra equivalente al 111% del PIB. Cada persona gestionó casi 33.000 euros anuales procedentes del trabajo, el capital, las prestaciones públicas, así como el uso de servicios públicos.

De esta cifra total, casi dos tercios de los recursos salen de las rentas del trabajo (959.001 millones) y el resto, algo más de un tercio, llega a través de prestaciones públicas, ya sean monetarias o en especie.

Pero, ¿quién recibe, financia y ahorra más? Según este análisis, hasta los 29 años (incluyendo infancia y juventud) los ingresos laborales son reducidos y el consumo se financia principalmente mediante transferencias privadas entre familiares y gasto público, especialmente en educación y sanidad.

Este grupo, además, concentra solamente el 21,6% de los recursos del total de la población (330.983 millones de euros). Se trata, por tanto, de una etapa de dependencia económica financiada por las familias y por el Estado.

De los 30 y los 54: el pilar financiero del Estado del bienestar

Entre los 30 y los 54 años se concentran la mayor parte de los trabajadores, siendo el tramo con mayor capacidad de generación de ingresos y de aportación al sistema. Este grupo moviliza un total de 606.852 millones de euros en recursos, concentra la mayor parte de las rentas del trabajo y paga más de la mitad del total recaudado en impuestos y cotizaciones sociales de la población.

Es, por tanto, el principal contribuyente neto y el pilar financiero del sistema de bienestar, financiando buena parte del gasto público destinado a los jóvenes y mayores.

Más allá del sector público, el estudio de Fundacion Mapfre y FEDEA cuantifica las transferencias internas entre miembros de un mismo hogar. Estas alcanzan 130.000 millones de euros anuales y fluyen fundamentalmente desde los adultos y los séniors hacia niños y jóvenes para financiar su consumo hasta su incorporación plena al mercado laboral.

De ese total, 103.000 millones proceden del grupo de 30 a 54 años y cerca de 27.000 millones del colectivo de 55 o más, cifras que ponen de relieve el papel clave de la familia como mecanismo de redistribución intergeneracional complementario al Estado del bienestar.

El estudio también identifica diferencias significativas por género, tanto en ingresos como en aportaciones y prestaciones recibidas. Las brechas salariales, las distintas trayectorias laborales y el diferente acceso a pensiones influyen en la distribución de recursos a lo largo de la vida, generando impactos diferenciados en el saldo fiscal y en la autonomía económica en edades avanzadas. Los hombres concentran mayores rentas del trabajo (462.461 millones frente a 326.686 millones en mujeres) y registran mayores niveles de ahorro (73.277 millones frente a 34.897 millones).