Un Investors Day deslucido que advierte sobre la inversión extranjera
El Spain Investors Day de 2026 ha celebrado probablemente la edición más deslucida de las 16 que lleva ya como gran foro anual de encuentro entre empresas e inversores extranjeros. Muy poca presencia de unas y de otros este año, lo que puede ser un indicio de que el gran dinero internacional que hasta ahora entraba con fluidez en España puede empezar a buscar otros destinos.
Ningún gran presidente o CEO del Ibex hizo acto de presencia en el Hotel Four Seasons de Madrid, a excepción de José Bogas (Endesa), que pagaba la fiesta, Ángel Escribano (Indra), Ismael Clemente (Merlin) y Bernardo Velázquez (Acerinox), que participaban en mesas redondas, y Marc Murtra (Telefónica), que acudió a la clausura de Pedro Sánchez. El resto o no apareció, o mandó enviados de tercera fila.
Algo muy llamativo en el caso de la banca, después de la batalla librada por BBVA y Sabadell para atraer a estos grandes fondos internacionales a su sardina, y el maná de dividendos y recompras de acciones con que les están regando todas las entidades para que se mantengan en su capital.
Los inversores, ausentes
Algo más de representación hubo de banca de inversión y despachos de abogados, deseosos de pillar algo del reducido negocio de operaciones corporativas. Pero, salvo alguna excepción, de rango medio; las excepciones fueron Juan de Dios Gómez Villalba (Goldman Sachs), Salvador Sánchez Terán (Uría), Cecilia Boned (BNP Paribas, que también pagaba la fiesta), el histórico Juan María Nin (ITP Aero), Joseph Oughourlian (Prisa) y Jorge Pérez de Leza (Metrovacesa).
En el bando de los inversores, tres cuartos de lo mismo. Varios country managers de grandes fondos, pero ninguno de sus jefes de Londres, los que deciden dónde ponen el dinero, a excepción de Davide Vidotto (Bain). Entre los locales, Claudio Boada (Blackstone), Luis Megías (BlackRock), Jaime Siles (IFM), Javier Valle (Apollo) y Juan Luis Ramírez (Portobello).
Es decir, muy pocos nombres potentes. Especialmente fallida fue la cena de honor en el Palacio de la Bolsa, donde no apareció ningún inversor extranjero, cuando se supone que se celebra para ellos. Tan asumido lo tienen que hasta los discursos de José Manuel Albares (¿qué pinta un ministro de Asuntos Exteriores hablando para compatriotas, más allá de largar el consabido mítin anti-Trump?) y Carlos San Basilio (CNMV) fueron en español, cuando casi todos los debates se hicieron en inglés.
Caída de la inversión
No cabe achacar a la organización del evento este pinchazo, puesto que en años anteriores este foro sí ha sido capaz de atraer a grandes empresarios e inversores. Entonces, hay que buscar otras razones. Y la más evidente es que la inversión extranjera está dando la espalda poco a poco a nuestro país en busca de otros destinos más soleados, más allá de los mensajes triunfalistas del Gobierno; hasta seis ministros dieron su speech, aparte de Sánchez.
OKDIARIO ya alertó de esta tendencia preocupante: en la primera mitad de 2025, la inversión extranjera se hundió un 60,4% respecto al año anterior, hasta situarse en apenas 8.476 millones de euros. Y esos son datos públicos de la Secretaría de Estado de Comercio, no análisis de algún malvado economista neoliberal. Una caída que llama mucho la atención cuando España es el país que más crece de la zona euro, con diferencia, como se encargó de recordar todo el mundo en el foro.
Detrás de esta retirada hay varios factores, por supuesto. Una muy importante es las elevadísimas valoraciones de todos los activos. Empezando por el ladrillo, claro está. Todos los grandes fondos están de salida y la dificultad es encontrar compradores dispuestos a pagar estos precios. Lo cual suele acabar en caídas de los mismos, aunque es imposible predecir cuándo ocurrirá ni hasta dónde llegarán esas valoraciones.
Valoraciones infladas
Lo mismo cabe decir de las empresas cotizadas. El mejor ejemplo es Naturgy, donde CVC y BlackRock están de salida y tienen que vender al mercado con descuento porque ningún gran inversor quiere tomar su posición. O el del Sabadell, que ha desistido de momento de Unicaja por su valoración. También fuera de la Bolsa hay problemas, como el caso de Urbaser, donde nadie paga lo que pretende el fondo Platinum.
Si a eso le sumamos la inseguridad jurídica habitual con Sánchez, el riesgo de que el Estado se te meta en el capital en cualquier momento (como le ha pasado a la saudí STC en Telefónica), unos impuestos bastante más altos que en nuestros competidores para atraer inversiones, una justicia lentísima y una burocracia desesperante, pues ya estaría.
Mejor haría el Gobierno en atajar estos problemas en vez de agravarlos. Eso, si es que de verdad pretende atraer inversión extranjera y no nacionalizarlo todo, claro. Que el nuevo «fondo soberano» de Pedro va por ahí.
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