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Economía
riesgos en la red eléctrica

España corre el riesgo de perder inversión industrial por los cuellos de botella de su red eléctrica

La red eléctrica pasa de ser una infraestructura predecible a convertirse en un sistema con mayores incertidumbres

  • Celia Amayuelas
  • Celia Amayuelas Díaz (Madrid, 1999), periodista y economista con más de 6 años de experiencia en medios digitales, se incorporó a OKDIARIO en 2026 procedente de finanzas.com, 'El Español' y Capital Radio. Puedes contactar conmigo en celia.amayuelas@okdiario.com

La red eléctrica española afronta una nueva etapa de crecimiento en la que sólo podrá responder a la nueva demanda industrial si se apuesta por la digitalización del sector. Representantes de grandes distribuidoras eléctricas y empresas locales, expertos tecnológicos especializados en digitalización de redes e incluso miembros de las administraciones públicas coinciden en que las infraestructuras eléctricas del país no están preparadas para el nuevo escenario energético.

Algunas de estas partes reclaman que se lleven a cabo las inversiones necesarias para garantizar un crecimiento seguro, sostenible y competitivo.

Desde Ingelectus destacan que «España afronta una presión creciente para conectar nuevos consumos asociados a centros de procesamiento de datos (CPD), movilidad eléctrica, electrificación industrial o proyectos ligados al hidrógeno verde».

Factores detrás del famoso apagón

En este contexto, la red de distribución ha pasado de ser una infraestructura relativamente predecible a convertirse en un sistema con mayores incertidumbres debido a la conexión de generación distribuida, almacenamiento, centros de procesamiento de datos o cargadores de vehículos eléctricos.

Antonio Gómez, catedrático de la ETS de Ingeniería de la Universidad de Sevilla, señala que los cambios producidos en las redes de distribución durante la última década no han venido acompañados de la correspondiente adaptación normativa, que sigue anclada en postulados de finales del siglo XX.

Asimismo, añade que la digitalización de las redes de distribución no ha evolucionado al ritmo deseable, más allá de los smart meters. «Esta combinación de factores está detrás del apagón del 28 de abril de 2025», ha asegurado.

Según el profesor, la solución más eficiente pasaría porque los gestores de redes de distribución se conviertan en auténticos operadores de red, con nuevas herramientas regulatorias y sistemas avanzados de monitorización y control en todos los niveles de tensión.

Por su parte, Daniel Morales, CEO de Ingelectus, destaca que la digitalización puede aportar muchísimo, pero no sustituye completamente a la inversión en infraestructura.

Lo que sí permite es utilizar mucho mejor la red existente. En muchos casos, la digitalización permite liberar capacidad que antes no se podía utilizar por falta de información o capacidad operativa para gestionarla con seguridad.

«Pasamos de operar con márgenes conservadores a operar con datos reales y decisiones más precisas», explica. Sin embargo, añade que hay zonas donde la red necesita refuerzos y la digitalización no elimina esa necesidad.

¿Existen cuellos de botella?

En este contexto, los expertos señalan que España cuenta con una red de distribución sólida, pero no plenamente preparada para absorber el crecimiento de demanda asociado a la nueva industria, como centros de datos, hidrógeno, biogás, movilidad eléctrica o electrificación de procesos productivos.

El CEO de Ingelectus destaca que existen cuellos de botella relevantes, especialmente en determinados nudos y zonas donde la demanda de acceso, tanto de generación como de consumo eléctrico, crece más rápido que la capacidad disponible.

Los expertos advierten de que sí existe riesgo de saturación o pérdida de estabilidad en la red si la demanda crece al ritmo previsto sin una adaptación regulatoria y tecnológica más rápida.

No necesariamente como un escenario de colapso generalizado, pero sí como una acumulación de tensiones locales: saturación en determinados puntos, retrasos en conexiones, congestiones, limitaciones operativas y pérdida de oportunidades industriales.

Riesgos económicos

El riesgo principal no es sólo técnico, sino también económico. Cada proyecto que no puede conectarse a tiempo supone inversión que se retrasa, industria que no se implanta y competitividad que se pierde.

El propio operador del sistema, Red Eléctrica, asegura que desde 2022 se han otorgado permisos para 11,8 GW de nueva demanda eléctrica que todavía no han entrado en servicio, un volumen que equivaldría a un incremento del 25% de la demanda actual del país.

Ante esta presión, la compañía ha solicitado 607 millones de euros adicionales para reforzar la red tras el apagón de 2025, esto supone una bolsa importante de proyectos que dependen de nueva capacidad de conexión.

Mientras que Redeia prevé movilizar 6.000 millones de euros hasta 2029 para adaptar las infraestructuras al nuevo ciclo de electrificación industrial.

Las empresas instan al cambio

«Por eso, la adaptación de la red debe verse como una prioridad estratégica del país», añade el CEO de Ingelectus, que considera necesario conocer mejor la red, optimizar lo existente y aplicar flexibilidad donde tenga sentido; y, al mismo tiempo, invertir en nueva infraestructura allí donde la capacidad física sea insuficiente.

La digitalización y la flexibilidad permiten ganar tiempo, eficiencia y capacidad operativa, pero hay crecimientos de demanda que sólo podrán atenderse con refuerzos reales de red.

La clave para el experto está en decidir con datos dónde hace falta construir, dónde se puede optimizar y dónde la flexibilidad puede evitar o diferir inversiones.

Desde Ingelectus defienden una visión integrada: planificación avanzada, digitalización, flexibilidad e inversión coordinada, donde la red de distribución no siga tratándose como una infraestructura pasiva.

“Es una plataforma crítica para la transición energética, la industrialización y la competitividad de territorios como Andalucía”, concluye el CEO.