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Economía
POLÍTICA ECONÓMICA

Alberto Nadal: «Los tres últimos presidentes de la SEPI imputados no son una casualidad»

  • Jose de la Morena
  • Jose de la Morena, periodista especializado en economía desde hace más de 15 años, desarrolla su labor en el campo de la comunicación desde el prisma de las tendencias, los números y resultados de las distintas compañías. Una tarea que le ha llevado a conocer a fondo el mundo empresarial. Ha trabajado también en comunicación corporativa y como asesor para distintas marcas internacionales e institucionales.

El vicesecretario de Economía del Partido Popular, Alberto Nadal, acusa al Gobierno de Pedro Sánchez de utilizar la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales como «un arma para intervenir empresas», critica la gestión de Indra, promete blindar la independencia de los reguladores y defiende una rebaja de impuestos para devolver poder adquisitivo a las familias. Especialmente preocupado por el intervencionismo sobre las empresas mientras se dispara el gasto público, no oculta en OKDIARIO la necesidad de revertir ciertos nombramientos.

PREGUNTA.- Los tres últimos presidentes de la SEPI han acabado imputados. ¿Qué dice eso de un organismo que gestiona participaciones en empresas estratégicas?

RESPUESTA.- Dice mucho y, desde luego, no es una casualidad. La SEPI gestiona participaciones en empresas fundamentales para España, desde compañías de defensa hasta empresas energéticas o medios públicos. Que tres presidentes consecutivos hayan terminado imputados refleja una forma de entender las instituciones. No sé cómo no se les cae la cara de vergüenza. La SEPI ha sido utilizada por el Gobierno como un arma para ejercer influencia sobre el mundo empresarial y extender su intervencionismo. Y no es un caso aislado: forma parte de una manera de gobernar que ha terminado con decenas de investigados y numerosos procedimientos judiciales abiertos contra personas vinculadas al Ejecutivo.

P.- ¿Ese intervencionismo también explica lo ocurrido en empresas como Indra?

R.- Absolutamente. El Gobierno ha utilizado la deuda pública y el dinero de todos los españoles para intervenir en empresas privadas y modificar sus órganos de gobierno. Lo vimos primero con Telefónica y después con Indra. En ningún país serio se cambia al presidente de una gran empresa prácticamente desde Moncloa. Y detrás de esos movimientos no se aprecia una estrategia industrial coherente, sino decisiones políticas.

P.- Usted ha llegado a calificar lo ocurrido en Indra como una de las operaciones más oscuras de la democracia.

R.- Lo mantengo. Hemos visto movimientos accionariales muy difíciles de explicar, operaciones corporativas llenas de interrogantes y continuos cambios en la dirección de una empresa que resulta estratégica para la seguridad nacional. Lo más preocupante es que seguimos sin conocer cuál es el modelo que tiene el Gobierno para la industria española de Defensa, especialmente en el ámbito terrestre. Lo único que percibimos son conflictos de intereses y movimientos de personas.

P.- También ha sido muy crítico con la independencia de organismos como la CNMC, el Banco de España o la AIReF.

R.- Porque se han roto todas las reglas no escritas que garantizaban su independencia. Tradicionalmente, existía un cierto equilibrio institucional. El Gobierno proponía unos perfiles, la oposición otros, y eso generaba confianza. Hoy ocurre justo lo contrario. Para nombrar a los responsables de organismos tan importantes, parece más relevante negociar con Bildu o con Esquerra Republicana que con el principal partido de la oposición. Eso provoca que la sospecha sobre la independencia de esos organismos sea permanente.

P.- ¿Qué haría un Gobierno del Partido Popular?

R.- Recuperar la credibilidad institucional. Queremos personas con solvencia técnica, con prestigio profesional y alejadas de responsabilidades políticas inmediatas. No puede ser que alguien salga directamente del Ministerio de Hacienda y al día siguiente pase a presidir un organismo encargado precisamente de evaluar al Gobierno. La independencia no sólo tiene que existir; también debe parecerlo.

P.- Usted sostiene que los españoles han perdido poder adquisitivo pese al crecimiento económico.

R.- Es evidente. El Gobierno presume de crecimiento y de empleo, pero cuando preguntas a las familias, te dicen que cada vez llegan peor a final de mes. Los salarios apenas han compensado la inflación; los alimentos han subido alrededor de un 40% y, además, el Gobierno ha mantenido congelado el IRPF. Eso supone una subida silenciosa de impuestos que ha castigado especialmente a las familias con hijos.

P.- ¿Cuál sería la primera medida económica de un Ejecutivo de Alberto Núñez Feijóo?

R.- Corregir precisamente eso. Hay que devolver parte del poder adquisitivo perdido mediante una rebaja del IRPF y una actualización de los mínimos personales y familiares. Las familias con hijos han sido las más perjudicadas por la inflación y por la negativa del Gobierno a adaptar el impuesto a esa realidad. Después habrá que seguir bajando impuestos conforme se vaya generando espacio presupuestario gracias a una gestión más eficiente del gasto público.

P.- ¿Teme que un futuro Gobierno del PP pueda encontrarse un agujero en las cuentas públicas similar al de 2011?

R.- Nunca nos han dejado el país en buenas condiciones. Es verdad que repetir una situación como la de 2011 es difícil porque aquello era un agujero gigantesco, pero tendremos que revisar las cuentas con mucho detalle. En cualquier caso, nuestro objetivo será el mismo: hacer que el gasto público crezca por debajo de la economía para crear margen que permita seguir reduciendo impuestos sin poner en riesgo las cuentas públicas.

P.- El Gobierno insiste en que presentará unos nuevos Presupuestos Generales del Estado.

R.- Lo viene diciendo desde el primer año de legislatura y nunca los presenta. Es el cuento del lobo. Si ahora vuelve a anunciar unos presupuestos, será, probablemente, para distraer la atención de otros problemas, porque las posibilidades de que consiga aprobarlos son muy reducidas. Lo realmente grave es que un Gobierno pueda incumplir durante años la obligación constitucional de presentar unas cuentas públicas y no ocurra absolutamente nada.

P.- La vivienda sigue siendo la principal preocupación de muchos jóvenes.

R.- Porque el Gobierno actúa sobre los síntomas y no sobre la enfermedad. En España falta suelo urbanizable y sobra burocracia. Si la demanda supera a la oferta, los precios suben. La solución no pasa por intervenir el mercado, sino por construir más viviendas. Por eso el Partido Popular plantea impulsar un millón de nuevas viviendas durante los próximos cuatro años y eliminar muchas de las trabas administrativas actuales.

P.- También habla de un problema de productividad.

R.- Claro. El crecimiento económico no puede descansar únicamente en que haya más personas trabajando. Hay que conseguir que cada trabajador produzca más valor añadido. Eso exige inversión, tecnología, formación, menos regulación y una política industrial coherente. Sin productividad no habrá salarios más altos ni será sostenible el Estado del bienestar.

P.- También ha criticado el aumento del gasto público.

R.- Desde que gobierna Pedro Sánchez el peso del gasto público ha crecido más de cuatro puntos del PIB. No todo ese incremento corresponde a las pensiones. Han aumentado prácticamente todas las partidas, salvo la inversión. Lo que nosotros defendemos es una Administración más eficiente, capaz de prestar mejores servicios sin que el gasto crezca permanentemente por encima de la economía.

P.- España afronta un grave problema demográfico. ¿Qué papel deben jugar la inmigración y las políticas de natalidad?

R.- Son dos cuestiones distintas, aunque muchas veces el Gobierno las mezcle. España necesita inmigración, pero inmigración ordenada. Debe venir la que necesita nuestro mercado laboral, la que viene a trabajar, a contribuir y a integrarse en la sociedad. Lo que no puede hacerse es abrir las compuertas y que entren cientos de miles de personas cada año sin ningún tipo de planificación. Eso puede hacer crecer el PIB porque hay más población consumiendo, pero no necesariamente aumenta la productividad ni el bienestar de los españoles.

Al mismo tiempo, tenemos un problema gravísimo de natalidad. El Gobierno ha castigado especialmente a las familias con hijos porque no ha actualizado el IRPF conforme a la inflación. Los mínimos personales y familiares han perdido valor y eso significa que quienes más cargas familiares tienen soportan una subida silenciosa de impuestos todavía mayor. Nosotros creemos que una de las primeras medidas debe ser precisamente devolver ese poder adquisitivo perdido y hacerlo poniendo el foco en las familias con hijos, aumentando los mínimos familiares y corrigiendo el efecto de la inflación sobre el impuesto. Es una medida económica, pero también una medida para favorecer la natalidad.

P.- También ha hablado de la política energética y del apagón. ¿Qué cree que ha fallado?

R.- Lo que ha fallado es la planificación. España necesita invertir mucho más en redes eléctricas porque la economía se está electrificando a gran velocidad y, sin embargo, seguimos encontrándonos con proyectos industriales que no pueden conectarse porque no hay capacidad suficiente. Hay empresas dispuestas a invertir y a generar empleo, pero no pueden hacerlo porque faltan subestaciones, líneas y capacidad de evacuación.

Además, el Gobierno ha concentrado toda su política energética en aumentar la penetración de las renovables sin prestar la misma atención al resto del sistema. No basta con instalar más generación; hay que garantizar que esa electricidad pueda transportarse y consumirse. También habrá que revisar los límites de inversión en redes para adaptarlos a la nueva realidad y evitar que vuelvan a producirse problemas como los que hemos visto recientemente. España necesita una planificación energética mucho más seria, más técnica y menos ideológica.

P.- Para terminar, ¿cree que los ciudadanos comparten este diagnóstico?

R.- Hace unos días, un autónomo que estaba haciendo una pequeña obra en mi casa me lo resumió perfectamente. Me dijo: «Cada vez me cuesta más ganar el pan. Cada vez me suben más los precios. Cada vez pago más impuestos. Cada vez entiendo menos los papeles que tengo que hacer». Y añadió una frase que me hizo pensar: «Todo esto para paguitas y para que se lo lleven crudo». Creo que refleja bastante bien el sentimiento de muchos españoles.