¡El capitalismo del caos!
“El populismo ama tanto a los pobres que los multiplica”. Mariano Grondona
Estamos a las puertas del posible desenlace del ‘Brexit’, el cual marcará con total seguridad el cierre del mercado bursátil de este 2019, y por algún motivo me vienen a la cabeza palabras como “refundar el capitalismo”. Una idea siempre suele ser el parásito más resistente en nuestra mente, y esta frase ha hecho eco en la mía repetidas veces durante las últimas semanas, semanas en las que trato de interiorizar y digerir un ingente caudal informativo, todo el que hemos vivido y procesado durante no solo el último lustro, sino la última década. El mercado bajista de 2008 terminó tras esta frase lapidaria del presidente francés Nicolas Sarkozy; ¡hay que refundar el capitalismo!
Sarkozy explicaba entonces que ‘le laissez-faire, c’est fini’ afirmando que la autorregulación para resolver todos los problemas había fracasado. Pensó en refundar el capitalismo sobre sus bases éticas; ¡las del esfuerzo, el sacrificio y la responsabilidad! Los exagerados ‘bonus’ de los directivos de mi sector, habían sido los detonantes de una enorme burbuja financiera provocada por hinchar un globo y endilgarlo a otro, con el único objetivo de ganar más y más.. y de ese modo tratar de que ese globo estallara en manos de cualquier otro. Obvio es, que el mercado no renació de las palabras de Mr. Sarkozy, más bien todo lo contrario.
De aquél pesimismo extremo erigió el líder que levantó nuestros mercados, Ben Bernanke. Y no me refiero a un líder social, pero sí a un líder para el mercado. Bernanke salvó a Mr. Market inundándolo de liquidez. A mayor liquidez, mayor demanda de activos, salvando de tal forma al capitalismo. Ni refundaciones, ni suposiciones, las buenas palabras terminan cuando arranca un buen mercado alcista, ¿no les parece? Sin embargo, las primeras consecuencias que podría evaluar con el paso de los años, son dispares. Principalmente aquella predisposición de evitar tener bancos con riesgo sistémico se evaporó. El sistema financiero no solamente ha hecho caso omiso a tener dichos bancos con riesgo sistémico, sino que se ha concentrado todavía más. ¡Los bancos privados y centrales tienen mucho más poder que nunca! Muy fuerte es la cuestión, pero más poderosa es la catarsis.
La diferencia entre altos ejecutivos y empleados, es más abrupta y piramidal que antes. Y el ‘gap’ entre clases sociales ricas y pobres, como entre billonarios y clase social media, o aquellos que conviven en el umbral de la pobreza, se ha extremado. No me disculparé por afirmar que esta situación no es culpa del mercado, más bien del intervencionismo. Absurda regulación y absurda intervención de los bancos centrales. Nulo liderazgo político y falta de visión. Sin reformas estructurales, nuestro mundo sin duda está abocado al fracaso.
Las economías se sujetan sobre el amparo de la devaluación continuada de la riqueza y con un contrapeso muy peligroso, la economía especulativa
Las economías se sujetan sobre el amparo de la devaluación continuada de la riqueza y con un contrapeso muy peligroso, la economía especulativa. Es fácil culpar al mercado cuando el liderazgo y el poder, miran por engordar sus bolsillos. ¡Así nos va! Populismos y disturbios por doquier… ¿Qué nos quedará de este mundo si la burbuja de deuda pública estalla en manos de los bancos centrales mundiales? No quiero ni pensarlo. Este mundo es un polvorín, no solo en materia económica sino también en materia social.
Los populismos siempre nacen del descontento, y las masas se suelen alimentar de odio y de juicios estúpidos. Así se define el comportamiento del rebaño, ¿verdad? Como decía mi queridísimo paisano Mariano Grondona, «el populismo ama tanto a los pobres que lamentablemente los multiplica». Qué pena me da que no aparezcan liderazgos inteligentes y generosos que traten de enfrentarse a los problemas de frente, ¡con coraje! sin miedo a explicarle a la gente que para solucionar nuestros problemas a largo plazo, necesitamos enfrentarlos a corto plazo. Puestos a sufrir, hagámoslo siguiendo una hoja de ruta. Siempre he mantenido que con un plan, existe esperanza. Sin él, ¡el caos!
Y a todo esto, los mercados como en su esencia, viviendo su libre albedrío. Los bancos centrales siguen imprimiendo liquidez impunemente sin piedad, la guerra comercial se vende como una victoria desde USA cuando no es más que el postureo de un Donald Trump que requiere centrarse en su reelección, y un ‘Brexit’ que sigue empeñado en sentar cátedra al despropósito. Y por si fuera poco, el parlamento inglés refrendará o no el acuerdo con Bruselas para terminar de confirmarnos o no, un mercado alcista para la renta variable eruropea, la cual para colmo esta semana ha roto al fin sus resistencias técnicas. Resumiendo, ¡de locos!
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