Liga EA Sports: Real Madrid-Girona

El Madrid no remonta

El Real Madrid no pasó del empate ante el Girona en un partido plano en el que el equipo madridista jugó con la cabeza en Múnich

Alberola y el VAR dejaron sin sanción un escandaloso penalti sobre Mbappé, que acabó sangrando, en el minuto 87

real madrid girona
El Real Madrid empató a uno ante el Girona.

El Real Madrid no está para remontadas. Tiene la cabeza en la Champions –puede que por poco tiempo– y así ha terminado de tirar la Liga ante el Mallorca primero y ante el Girona después. Los de Arbeloa, que hizo probaturas para Múnich, no pasaron de un triste empate frente al equipo de Míchel. Fede Valverde adelantó a los blancos con un disparo lejano y Lemar igualó con otro. Por cierto, que el partido acabó con un escandaloso penalti sobre Mbappé que ni Alberola Rojas ni el VAR quisieron pitar, aunque eso ya no es noticia en la mugrienta Liga Negreira.

Arbeloa probó a Militao, Camavinga y Bellingham pensando en Múnich. Con la misma idea había dejado fuera de la lista a Trent y Rüdiger y en el banquillo a Güler y Carreras. Súmenle a esos siete a Lunin de portero, más los intocables Valverde, Vinicius y Mbappé y tendrán el once del Real Madrid que jugará el miércoles ante el Bayern. Pero primero iba (venía, mejor dicho) el Girona, visitante que llegaba al Bernabéu sin nada que perder y sin los apremios por la permanencia de hace unos meses. Más peligroso aún.

A la alineación del Real Madrid entraban también el viejo Carvajal, el desaparecido Asencio y el revulsivo Brahim, así que Arbeloa componía un equipo que podría formar perfectamente en 4-4-2 con Lunin; Carvajal, Asencio, Militao, Fran García; Valverde, Camavinga, Bellingham, Brahim; Vinicius y Mbappé. Ni tan mal.

Nos dieron las nueve de este viernes 10 de abril y empezó el duelo en el Bernabéu. Salió mandón el Real Madrid con Bellingham incrustado al lado de Camavinga. Sin la pelota presionaba alto y bien el equipo de Arbeloa. Hasta Camavinga salió centrado y encontró raudo a Mbappé con un buen pase que el francés trató de controlar con la pierna equivocada. Replegó el Girona porque le hundió el Madrid.

Domina el Madrid

Brahim también se unió a la fiesta en un par de transiciones vertiginosas. La segunda la empaló Mbappé en el segundo palo. La sacó un defensor bajo palos. El Girona seguía hundido y monopolizaba la pelota el Real Madrid. Pero en el 13 dio un susto en las botas de Ounahi, que disparó dentro del área y repelió con mano firme Lunin.

El Real Madrid fue aflojando en la presión y con ella bajó el partido. Vinicius en el 18 perdonó una ocasión dentro del área, tras pared de Camavinga. El brasileño sigue negado de cara a puerta. También Bellingham se asomó al gol en el 21 tras un gran pase filtrado por Brahim. Llegó forzado y su disparo se marchó desviado por poco. La tercera seguida del Madrid la tuvo Fede Valverde pero su disparo templadito dentro del área lo repelió a mano cambiada Gazzaniga.

El fútbol era retro como la jornada. Tocaba despacio el Girona, el Real Madrid ya no tenía ni intención de presionar y el juego se tornó tostón. A Mbappé le sacaron una amarilla por un acción que no fue para tanto. Kylian se indignó y con él su nuevo mejor amigo Vinicius. En el 41 los dos amigos tuvieron en sus cabecitas el 1-0. La pelota la puso (muy bien) Carvajal al segundo palo donde Mbappé metió (muy mal) la cabeza. El melonazo le rebotó a Vinicius en su ídem y ahí se perdió el gol.

Igual que lo perdió Echeverri al filo del descanso en una acción en que dejó con el molde a Camavinga dentro del área. Y con esa ocasión marrada por el Girona nos fuimos, afortunadamente, al descanso. El primer tiempo había sido un partido para decir aquello de es viernes y el cuerpo lo sabe. Terminó el entreacto y reanudóse el juego. Poco (o nada) había cambiado.

Aburrimiento general

En el 46 Bellingham también se asomó al área pero su disparo fue raso y blandito. Seguían ofuscados los tres de arriba del Real Madrid. Al equipo le faltaba pegada. Al que le sobró en el 50 fue a Fede Valverde. El uruguayo armó su diestra desde 30 metros y se sacó un disparo raso y violento. El tiro, vive Dios, iba al centro y era más que parable pero Gazzaniga, en lugar de meter las manos y poner el cuerpo detrás, quiso hacer una especie de despeje de antebrazos como si fuera un jugador de voleibol y se la tragó.

El tanto animó al Real Madrid pero Mbappé seguía ofuscado. Y relajado. Y pasota. Así que el Girona se animó y se fue asomando lenta y pausadamente al área de Lunin. Por allí apareció Lemar en el 60 para sacarse un buen disparo cruzado desde la frontal que se coló a la izquierda del meta del Madrid que, como siempre, fue transparente.

Arbeloa movió ficha. Metió de golpe a Güler y Huijsen y retiró del campo a Bellingham y Militao, dos que dejaron sensaciones agridulces. El Bernabéu, plagado de niños y de turistas, no tenía ya ganas ni de enfadarse. Mbappé, desesperado y ansioso, se escoró a la derecha para buscar un caladero en busca del gol perdido.

Camavinga, en otro partido infame, no levantaba cabeza. El Bernabéu tardó 72 minutos en enfadarse. Hubo pitos, aunque fueran bajitos. Hasta Fede Valverde se desesperó y se llevó puesto a Francés. Vio una amarilla justa. Metió Arbeloa a Mendy y Tchouaméni. No hubo mejoría. El Real Madrid ni siquiera apeló a la heroica en los últimos minutos. Sólo encerró al Girona por inercia y porque ya eran los minutos finales de este espanto de partido.

Gonzalo por Brahim fue el último cambio de Arbeloa. En el 87 Mbappé reclamó un penalti por un manotazo (bastante claro) en el área. Obviamente, ni el árbitro de campo ni el VAR quisieron pitar la pena máxima. A pesar de que el francés acabó sangrando por la nariz. La jugada, que era un penaltazo, se fue al limbo para demostrar, una vez más, que al Comité de Árbitros sólo le falta el ministro Óscar Puente para tener a todos los inútiles de este país reunidos en el mismo sitio.

En el Real Madrid ya están tan acostumbrados a estos escándalos arbitrales, así que nadie se indignó demasiado. Al equipo de Arbeloa se le acabó el tiempo, terminó el partido en empate, selló (aún más) su desidia para regalar la Liga y a pensar en el miércoles. Visto lo visto ante el Girona, la remontada se antoja misión imposible. Por lo menos en Múnich el arbitraje será imparcial. Esperemos.

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