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Pablo Laso: «El día en que pierda mi fuego interno tendré que dejarlo»

El ex entrenador del Real Madrid atiende a este periódico antes de su vuelta al Palacio de los Deportes este jueves

Cuatro años después de su salida, el de Vitoria regresa de nuevo con Anadolu Efes

En esta charla repasa sus 11 temporadas en el banquillo y habla de las míticas 'lasinas'

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Pablo Laso (Vitoria, 1967) vuelve a su casa. Ya van unos cuantos regresos entre Bayern de Múnich y Baskonia desde que en 2022 dejó el Real Madrid, pero el de este jueves quizá sea uno de los más atípicos. El club de su vida se juega buena parte de su futuro en la Euroliga, mientras el equipo al que ahora dirige, Anadolu Efes, garantiza competir el partido pese a estar desahuciado en cuanto a la clasificación se refiere.

El mítico técnico del Real Madrid atiende a este periódico antes de la cita y lo hace sentado en la silla del banquillo que ocupó durante 11 años en el Palacio de los Deportes. Desde ese sitio dio grandes alegrías al madridismo… y un total de 22 títulos que le convirtieron, junto a Lolo Sainz, en el segundo entrenador más laureado de la historia de la sección de baloncesto blanca.

También dejó para la historia las inolvidables ‘lasinas’ esas broncas a sus jugadores que ahora recuerda. «Me gusta ser directo, decirles las cosas a los jugadores, para lo bueno y para lo malo. Sí es verdad que las lasinas parece que eran solo lo malo. Al contrario, creo que soy un entrenador muy positivo, que soy capaz de reforzarles mucho, alabarles cuando hacen las cosas bien, que son la mayoría de las veces, pero también tengo, de alguna manera, que reprocharles lo que hacen mal», expresa Pablo Laso.

PREGUNTA: Está en el banquillo donde se sentó durante 11 años, en la que fue su casa. ¿Cómo se siente cada vez que vuelve?

RESPUESTA: Siempre es un sentimiento un poco especial porque fueron años en los que la gente se sentía muy identificada con el equipo y eso era algo que para mí era muy importante. Han pasado grandes jugadores; algunos siguen estando… Para mí fue un orgullo el poder entrenar a ese equipo durante tanto tiempo. Valoro mucho el haber podido, digamos, construir una cultura que es casi envidiada. En ese sentido, me siento muy contento. Siempre es especial volver a Madrid con otro equipo, pero qué duda cabe de que te sientes muy orgulloso y querido. Por mi parte, muy satisfecho.

P: ¿En qué ha cambiado Pablo Laso desde que se fue en 2022 y qué quedan de aquellas lasinas que todavía se recuerdan?

R: Probablemente las siga teniendo. Si le preguntas a estos chicos, dirán: ‘Este se vuelve loco de vez en cuando’. Me gusta ser directo, decirles las cosas a los jugadores, para lo bueno y para lo malo. Sí es verdad que las lasinas parece que eran solo lo malo. Al contrario, creo que soy un entrenador muy positivo, que soy capaz de reforzarles mucho, alabarles cuando hacen las cosas bien, que son la mayoría de las veces, pero también tengo, de alguna manera, que reprocharles lo que hacen mal.

No sería entrenador si no fuera capaz de hacer eso. En eso creo que sigo siendo el mismo, aunque obviamente van cambiando los jugadores, los tiempos y seguro que he cambiado en algo. Pero qué duda cabe de que el día que pierda ese fuego interno, esas ganas de transmitir a tus jugadores lo que sientes o lo que ves para ayudarles, tendré que dejarlo.

P: Sergio (Scariolo) ha insistido mucho en que este jueves viene un gran equipo a jugar, pero que por razones que no se entienden desde fuera está más abajo de lo normal en la clasificación. La sensación, como se vio el martes en Barcelona, es que su Anadolu no deja de pelear los partidos hasta el final. ¿Qué ha ocurrido este año y cómo se puede corregir de cara a la siguiente temporada?

R: Te voy a contar una conversación entre uno de mis ayudantes y yo en un partido: pensamos en el dinero que teníamos fuera, lesionado. Nosotros el martes, por ejemplo, en Barcelona, tres jugadores en la posición de ‘5’ estaban lesionados: Brice Dessert, Vincent Poirier y Georgios Papagiannis. Si a eso le unes la baja de Shane Larkin, los problemas que ha tenido PJ Dozier durante la temporada, tenemos a Isaia Cordinier jugando bastante fastidiado de la rodilla… Digamos que ha sido una temporada difícil para nosotros y que, si no entiendes esto, estudia un poco el equipo.

Cuando vine, era positivo pensando en que recuperaría jugadores y muchas veces la sensación era de que los perdíamos. Esto a veces es frustrante, pero por otra parte vamos a sacar lo bueno: el equipo compite bien, hemos estado muy cerca en muchos partidos. No podemos permitir que todo ese buen trabajo se tire por la borda no estando preparados para jugar cada noche, y esto es algo que intento transmitir a los chicos en los días buenos, en los malos, cuando se gana y cuando se pierde.

P: ¿Cómo ve al Real Madrid? ¿Le ve potencial para pelear por ganar la Euroliga?

R: Sí, el Real Madrid tiene un equipazo. Si no el mejor, de los mejores jugadores de Europa. Vas posición por posición y estás hablando de grandísimos jugadores. Théo Maledon, Facu Campazzo, Sergio Llull, Andrés Feliz, Alberto Abalde, Mario Hezonja, Gaby Deck… Te recito la plantilla entera. El otro día estábamos hablando del partido y de la ida en el campo del Efes y el mejor fue Usman Garuba, y era el que a veces sale de última rotación de pívot.

Estamos hablando de un equipazo. Si ahora mismo le quitas cinco o seis jugadores… Han sabido llevar muy bien durante toda la temporada los momentos de altos y bajos. Les veo bastante bien en este tramo final y les deseo mucha suerte, que va a ser muy importante en el final de temporada.

P: El martes, los asientos que tiene detrás y los de todo el pabellón estaban vacíos por circunstancias que no se entienden muy bien, pero este jueves no hay duda de que el Palacio coreará su nombre una vez más. ¿A qué jugador tiene más ganas de abrazar?

R: A todos los que he entrenado les tengo un cariño especial. Facu, Gaby, Edy Tavares… Siempre cuento la anécdota de Mario. Nunca he sido su entrenador, pero tuve una conversación con él y el cariño y el respeto que nos tenemos es muy importante. Si te tuviera que decir uno, te diría Llull. Es el que estuvo desde el primer día que yo llegué. Con Llull es, no sé si amistad, porque dentro de la relación jugador-entrenador no sé si se puede hablar de amistad, pero Llull es el santo y seña de este Madrid.

Cuando la gente le critica, digo: ‘Bueno, el día que no esté habrá alguno que le eche de menos’. Te diré que nosotros preparamos el partido y también cosas contra Llull. Ese es el legado que va a dejar en el madridismo, en el equipo, sabiendo que como entrenador te podría hablar de todos y cada uno de ellos porque considero que son grandes personas.

P: ¿Cuando entrenaba al Real Madrid se imaginaba al Chacho Rodríguez (director deportivo), Rudy Fernández y Felipe Reyes (embajadores) en la directiva? El de ahora parece un Madrid de ensueño en ese aspecto.

R: El Madrid siempre se ha nutrido un poco de eso. En mi época, el trabajo de Alberto Angulo, Alberto Herreros y Pablo Laso, tres ex madridistas, fue magnífico en el tiempo. Gracias a Angulo han salido jugadores de la cantera que han sido referentes a nivel mundial. Si hablamos de Herreros, los años buenos, las muchas horas que metíamos él y yo juntos hablando de jugadores, de cómo mejorar el equipo…

Hay una anécdota: coincidimos a la salida de su habitación y de la mía y los dos habíamos estado viendo un partido del Lokomotiv Kuban, que jugaba Anthony Randolph (ganó 12 títulos en el Real Madrid). Sin haberlo hablado antes, nos miramos a la cara y dijimos: ‘Hay que fichar a este tío’. Conseguimos esa simbiosis que muchas veces la amistad ayuda a tenerla y que fue muy fructífera para el Real Madrid.

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