Zverev espanta sus fantasmas y aprovecha la oportunidad para conquistar Roland Garros
El alemán conquista su primer Grand Slam tras claudicar en las tres finales anteriores
Aplacó la insurrección de Cobolli que forzó el último set y le puso contra las cuerdas
La foto final capta a Zverev en lo más alto de Roland Garros. Feliz y sonriente tras superar sudores fríos y esquivar una legión de fantasmas que le aparecieron. Hablaban italiano, pero también castellano y austriaco. En la Philippe Chatrier se batió contra Cobolli, pero también ante Sinner, Alcaraz y Thiem, sus tres verdugos en las tres finales de Grand Slam que había disputado en Open de Australia; Roland Garros y US Open respectivamente. Con esa mochila jugó el alemán, que amagó con volver a claudicar, pero finalmente aplacó la remontada de Cobolli y posó con el trofeo. Campeón de Roland Garros (1-6, 6-4, 4-6, 7-6, 1-6). Ahí lo tiene, lo que ha buscado toda la vida. Ya no se lo quita nadie.
Es Zverev un tenista encorsetado por las circunstancias y las generaciones. Le ha tocado convivir con el Big Three primero -Nadal, Federer y Djokovic- y la irrupción de Alcaraz y Sinner después. Y ahora aparece Rafa Jódar. Desesperaría a cualquiera. Por eso ha vivido en tensión, porque su tenis ha imaginado unos objetivos que la realidad le ha negado hasta hoy. Había ganado todo tipo de títulos, entre ellos un oro olímpico, pero se le resistía un Grand Slam —había claudicado en las tres finales que ha disputado— y su carrera opositaba a ser la del mejor tenista de la historia sin un gran título en su vitrina.
Sinner pasó por encima en el Open de Australia 2025; Alcaraz remontó en Roland Garros 2024; y Thiem hizo una gesta en el US Open 2020. Sin embargo, este Roland Garros estaba escrito para él. Sin Alcaraz por lesión y con Sinner y Djokovic acalorados y eliminados. Tal vez haya sido esa propensión lo que ha forzado su mejor tenis a lo largo del torneo, aunque también ha ejercido como presión en la final. Un arma de doble filo que tanto daño hace a Zverev, funambulista emocional donde los haya. Le impulsó cuando vinieron bien dadas y entumecieron su tenis cuando Cobolli se rebeló.
Zverev había exhibido solidez a lo largo de todo el torneo y lo reprodujo en la final, que no es poco. A Cobolli, de primeras, le atenazó la situación. La Philippe Chatrier, su primera final de Grand Slam, la alargada figura de Zverev al otro lado… «¿Qué haces?», se autopreguntaba tras un primer set caído del lado alemán, sólido al servicio y agresivo al resto. Lo gestiona con la autosuficiencia que no tuvo en otras ocasiones. Potencia cuando quiere apretar y pasabolas cuando prefiere contemporizar. Él marca el ritmo. Consiguió iniciar con pie dominante, algo que no logró en sus dos últimas finales de Grand Slam.
Así que Cobolli, después de una media hora de incertidumbre, entiende las circunstancias y que esto es una final. O pisas o te pisan. Se pone entonces su mejor calzado. De pronto, corre más y mejor cuando toca defender; y tiene más determinación para atacar. Se bate con más robustez y ahí se atrapa Zverev, un tenista que necesita el viento a favor, de lo contrario, se resfría. Un par de dobles faltas y un golpeo fuera permiten el break y a la postre el set de Cobolli. El italiano estaba vivo. El equilibrio de fuerzas revitaliza a la Chatrier, que reparte los cánticos.
Oscila el partido entre la entrega de Cobolli y la pesadez del favoritismo de Zverev, pero se llena de más errores que aciertos. El alemán se lleva la tercera manga y vuelve a tener la iniciativa, pero el italiano, con la confianza disparada, ya no está dispuesto a dejarse ir. Logra dos roturas y servicio a favor para llevarse la cuarta manga, pero falla un punto cantado y va al tie break. Cara de circunstancias en ambos lados. De incredulidad italiana y alivio alemán. Sin embargo, la alegría cambia de barrio porque Cobolli se impone en el tie break.
Los fantasmas se ciernen sobre un Zverev temeroso en esas instancias. El italiano se aferra con el corazón, caliente, más que con las piernas, sin gasolina para la batalla final. Cobolli se resiste a caer, pero su cuerpo se desconecta y Zverev siguió pegando con aplomo hasta que se retoza sobre la arcilla con lágrimas en los ojos. Ya no será el mejor tenista de la historia sin ganar un Grand Slam. Sin Alcaraz por lesión y con Sinner y Djokovic eliminados en el camino por terceros, pero ahí lo tiene y nadie se lo va a quitar. Zverev ya está en paz.
Lo último en Deportes
-
Messi gana su 49º título: el Inter Miami se lleva la Campeones Cup
-
Ramona, abuela de 86 años: «Voy todos los días al gimnasio, menos sábado y domingo; para cuidar, tienes que cuidarte»
-
Todo sobre la Supercopa de España de baloncesto 2026: cuándo es, cómo ver por TV, dónde es y qué equipos la juegan
-
David Beckham propone otro candidato para el Balón de Oro: «Debería ganarlo»
-
Tragedia y drama en la familia de Nacho Novo: muere a los 26 años Ross, hijo del ex futbolista
Últimas noticias
-
Última hora del temporal en Valencia y Barcelona en directo: inundaciones, rescates y alertas por lluvias torrenciales
-
Última hora de la crisis migratoria de Ceuta y la actualidad política en directo: el choque entre Gobierno, Justicia y autonomías se intensifica
-
Messi gana su 49º título: el Inter Miami se lleva la Campeones Cup
-
Ayuso se hace eco de los vídeos de OKDIARIO: «Manipula las citas sanitarias un señor que revienta el coche de su jefe»
-
Ramona, abuela de 86 años: «Voy todos los días al gimnasio, menos sábado y domingo; para cuidar, tienes que cuidarte»