Los funcionarios del CSD: «Votaríamos a Podemos para que se vaya Cardenal»
Miguel Cardenal va a pasar a la posteridad como el Secretario de Estado peor valorado por su gente de la historia. Su cara dispuesta y amigable, la manifiesta para figurar en los medios de comunicación. De puertas para dentro, Cardenal es una persona altiva, despreciativa y voluble. Su historial como presidente va a marcar un antes y después en el Organismo. La experiencia de los funcionarios bajo su mandato es calificada de «única y grotesca», un personal de la Administración preponderantemente veterano que ha visto pasar a varios secretarios de estado, pero ninguno tan proclive a «minar la paciencia de los trabajadores, al clasismo y al desencuentro».
Su equipo de confianza, las personas seleccionadas por él para ayudarle a dirigir el CSD no han permanecido demasiado tiempo a sus órdenes, batiendo todo un récord y más en un Organismo que, por su vinculación al deporte, resulta atractivo a ojos de cualquier ciudadano medio. Tal es el hartazgo de los funcionarios que algunos dicen irónicamente que «votaríamos a Podemos para que Cardenal se marchase ya».
En lo que llevamos de legislatura, Cardenal ha utilizado a tres Directores de Gabiente distintos, tres Directores Generales de Deportes, tres Directores de la AEPSAD, nueve Asesores, dos Directores de Comunicación y tres Secretarias Personales. En circunstancias normales, Cardenal debería haber contado con un Director de Gabinete, un Director General de Deporte, un Director de la AEPSAD, tres Asesores y una Secretaria personal -quien dirige a su vez a otras tres Secretarias de Presidencia-.
La estadística resulta todavía más enigmática cuando se incluye el dato de que varias de las figuras elegidas eran amigos personales de Miguel Cardenal, y que, por consiguiente, parecían íntimamente ligados a su trayectoria. Dos de los Directores de Gabinete (Jordi Costa, el primero de esos Directores, desconocía el deporte hasta límites que causaría hilaridad entre cualquiera) y alguno de los asesores encajan en el apartado del dedazo. Se ve que la sintonía es imposible cuando hay que tratar con Cardenal desde un punto de vista laboral. Sus amistades dejan de serlo cuando deben someterse a las órdenes y la arbitrariedad del presidente del CSD, a sus continuos y extenuantes cambios de criterio y a su altanería que le hace creerse en poseedor de la verdad absoluta en todos los ámbitos.
Sirva como ejemplo Manuel Quintanar, sustituto de Ana Muñoz en la AEPSAD. Al poco de ser designado, Cardenal se lo cargaba y lo enviaba a la LFP, donde aguantaría poco. En la AEPSAD Quintanar dispuso de los servicios de Mariví, una secretaria que había entrado al CSD de la mano de Cardenal pero que la destituyó y la «obligó» a enrolarse en la Agencia, con el correspondiente perjuicio que ello le ocasionaba en lo personal y en lo económico. Después de que Mariví se sintiera maltratada por Cardenal, pudo comprobar como no era manía hacia ella, sino que Cardenal fulminaba a su propio amigo en un abrir y cerrar de ojos.
Este ejemplo sirve para mostrar el verdadero carácter de un Cardenal que no solo acaba forzando la marcha de un cargo al que antes había otorgado una gran responsabilidad, sino que no ceja en su empeño hasta extinguir cualquier huella de esa persona. Eso se ilustra muy bien si nos remitimos a los Directores Generales que han participado en su mandato. En lo que llevamos de legislatura primero David Villaverde y posteriormente Ana Muñoz cesaron en sus cargos. Después de haber jurado sus cargos, tuvieron que renunciar a ellos una vez Cardenal se cansó de tenerlos en su equipo. El problema vino para las personas afines a ellos. Una persona cercana a David Villaverde tuvo que abandonar el CSD después de la marcha del Director General, sin que suscitara ningún tipo de piedad su caso. Otras persona cercana a Ana Muñoz, Carmen Valverde, sabemos la pérdida de relevancia y la presión a la que fue sometida para que dimitiera del TAD.
Todo el mundo habla mal de Cardenal
Caso llamativo ocurre con las personas que están llegando al fin de la legislatura junto a él. Óscar Graefenhain –el Director General– y Javier Hierro –Director de Gabinete– han sobrevivido a Cardenal. No obstante, varios funcionarios son testigo de que ambos se sienten «hartos» de la gestión del presidente, muestran su contrariedad de forma constante con la esperanza de que finalizara de una vez una Legislatura tan ingrata en la que quedaban retratados por su proximidad a este Presidente. Las polémicas con el COE y con distintas federaciones resultan determinantes para que sus personas de confianza actuales no se sientan nada cómodas con el papel que les asigna el Presidente.
Por último, Cardenal también ha jugado su particular batalla contra los funcionarios. Desde el primer momento no le ha temblado el pulso a la hora de cesar subdirectores, y a la hora de ir variando la estructura del CSD a su antojo. Tradicionalmente los ceses suelen concentrarse al principio de la legislatura, y responden a un sesgo ideológico. En el caso de Cardenal, los ceses y las variaciones sustanciales se han ido sucediendo de forma constante siempre con motivaciones personales desconocidas, y sin que los damnificados hayan podido encontrar nunca una causa, ni hayan podido comunicarse con el autor de estos ceses. Normalmente ha sido Graefenhain el que los ha anunciado a las partes depuestas, eximiéndose por completo de la responsabilidad, lo cual ya invita a pensar en que son decisiones nada consensuadas, determinaciones totalmente personales.
Uno se pregunta si existe en el CSD alguien que muestre su connivencia real y sincera a Cardenal. La realidad es que no hay muchas personas que puedan irse a comer una vez que Cardenal ya no forme parte de este Gobierno. El actual Dircom -Víctor Charneco–, Javier Calderón –hermano de Ramón Calderón–, o el anterior Director de Comunicación –Luis Villarejo– no tendrían problema en compartir mesa con el presidente, y podrán acudir con la hipotética Medalla al Mérito Deportivo en el cuello (Seguro que Cardenal arregla la condecoración para que su guardia pretoriana y él mismo, por supuesto, sean galardonados). Si cualquier funcionario del CSD entra en el restaurante y se encuentra la escena, huirá despavorido. Al tiempo.
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