El Barcelona obra un milagro de otra época ante el PSG (6-1)
El Barcelona ha entrado en el Olimpo de la Champions. El equipo de Luis Enrique alcanzó los cuartos de final de la competición tras lograr un imposible: remontar un 4-0 en contra. Sergio Roberto, en el minuto 94, anotaba un tanto histórico para los culés.
El PSG pagó un planteamiento rácano y cobarde de su entrenador Unai Emery, bien secundado por el árbitro Denis Aytekin, que pitó un penalti increíble en el minuto 89 para poner el 5-1 en el marcador. El destino fue cruel con unos parisinos que se vieron en cuartos tras un tanto de Cavani. Sin embargo, el empuje final de los azulgrana mató justamente al conjunto galo.
Como era de esperar, el Barcelona salió en tromba en busca del marco defendido por Trapp. El Paris Saint Germain, en lugar de presionar y de plantear lo que hizo en el Parque de los Príncipes, dio tres pasos atrás respecto a la ida permitiendo el control absoluto del balón a los culés.
Por si fuera poco, los locales encontraron motivos suficientes para agarrarse a la remontada con un gol de Luis Suárez cuando no habían transcurrido ni tres minutos de partido. El uruguayo se aprovechó de una indecisión de Trapp en una salida y la inocencia de Marquinhos para achicar un balón que entró llorando en el marco galo.
El Camp Nou creía que podía y 95.000 gargantas animaron como en las grandes citas. Neymar y compañía, viendo que el PSG no iba a salir de su propio campo, buscaron cargar de amarillas a los visitantes aprovechando que el colegiado Denis Aytekin tiene el gatillo fácil para mostrar tarjetas.
El PSG se desperezó por primera vez en el minuto 10 y demostró la misma mordiente que en la ida con Draxler. El alemán entró como un cuchillo por banda para pedir penalti por unas manos clarísimas de Mascherano que el árbitro alemán no quiso sancionar.
El Barça, después del primer susto, subió las lineas para presionar hasta asfixiar a un Verratti que no era ni la sombra del jugador que dominó en París. Los culés, sin embargo, no eran capaces de hilvanar jugadas de calidad con Messi totalmente tapado por el centro.
Los minutos pasaban y la ansiedad se iba apoderando de unos culés que, por empuje, encontraron el 2-0 tras otro regalo de Marquinhos. El central intentó no conceder un córner a los locales tras una presión de Iniesta y el remedio fue peor que la enfermedad, puesto que el manchego logró meter el tacón para que el balón rebotase en Kurzawa y entrara manso nuevamente en la portería de Trapp.
El Barça llegó al descanso con el objetivo cumplido
Luis Enrique y todo el barcelonismo se encontraban en estado de éxtasis. Los dos goles fueron fruto de la fe y no del juego, algo totalmente inusual en el Barça de los últimos años. Y tras el descanso, otro golpe de fortuna acompañó a los azulgrana tras un resbalón de Meunier que acabó en penalti otra vez en el minuto tres. No fue Aytekin, sino uno de sus jueces de fondo quien decretó una pena máxima ejecutada por Messi de empeine furioso.
El PSG ya estaba a un paso del abismo y a Emery no le quedó más remedio que abandonar cobarde planteamiento para salir a presionar al Barcelona. Los parisinos, tras casi tirar una hora de partido, encontraron en una jugada de estrategia de su técnico la solución a todos sus problemas. Colgó Verratti buscando la espalda de Rakitic y habilitó de cabeza Kurzawa a Cavani y éste de potente volea acababa de un trallazo con los culés.
El Barcelona no podía dar crédito a tan cruel destino. El equipo de Luis Enrique había rozado con la yema de los dedos la mayor remontada de la historia de la Champions. El PSG, en su primer tiro a puerta, lograba perforar la portería de Ter Stegen y dejaba a los culés con la imposible misión de lograr tres goles en 30 minutos.
Y cuando el Barcelona parecía entregado –Di María había perdonado un mano a mano en el 86–, los culés sacaron una traca final increíble para marcar tres tantos en apenas ocho minutos. Neymar anotó primero de libre directo y dos minutos después culminaba un piscinazo de Suárez desde la línea de 11 metros.
Quedaba la guinda final y Ter Stegen estuvo en el área parisina durante dos jugadas consecutivas cuando una cadena de rechaces cayó en las botas de Neymar para colgar un magnífico balón que remataba Sergio Roberto para convertirse en el héroe del partido y del barcelonismo. La cara de Emery era el reflejo de un entrenador de equipo pequeño en manos de un monstruo al que no ha sabido sacar rendimiento. El Barça revive en la Champions, con ayudas, pero firmando un día para la historia.
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