Así jugó Benzema: pitada, gol y fallo clamoroso
Todavía no había fallado ni una sola ocasión de gol, ni siquiera había empezado el partido, cuando Benzema, titular ante el Leganés después de ser suplente el fin de semana ante el Depor, se llevaba la primera pitada de la noche. Su nombre sonaba por la megafonía del estadio Santiago Bernabéu y un coliseo madridista que no alcanzaba ni la media entrada le recibía con una pitada poco sonora pero sí notable y destacable.
Ya con el balón rodando por el perfecto césped de Chamartín la cosa no mejoraría. 20 minutos tardaba el galo en recoger una pelota que desembocaría en la segunda pitada del duelo. A Karim no le salía un regate, perdía le pelota y el madridismo le hacía saber que no le gustaba las imprecisiones. Por el área rival en ese momento todavía no había asomado.
Tras el jarro de agua fría que cayó sobre el Bernabéu con el golazo de Eraso, el Madrid se espabilaba y se lanzaba, con poca confianza, en busca del gol. En estas Lucas, uno de los hombres más enchufados de la plantilla dirigida por Zinedine Zidane, se internaba por la banda derecha, levantaba la cabeza, centraba y Benzema iba con todo para rematar un balón que con tocarlo posiblemente habría terminado dentro, pero no llegó ni a rozar el esférico. Claro, con semejantes acciones la afición no tuvo más remedio que pitarle, aunque con timidez.
Debió aprovechar bien el descanso Benzema, ya que el primer balón que tocaba terminaba en la jaula pepinera. El galo arrancó el segundo acto como si con él no fuera la cosa, algo habitual por otra parte, pero Lucas, su mejor socio durante toda la noche, le veía, le pasaba y éste no marraba. De primeras y con una gran picada batía a Champagne para calentar al graderío.
La celebración de Benzema era una declaración de intenciones. Nueve años en el Paseo de la Castella no han servido para que el madridista termine de comprender a un Karim que marcó y se dirigió a la grada del fondo sur diciendo aquí estoy yo, el mismo que tantas veces ha desesperado y ha levantado de sus asientos al respetable con sus 186 goles de blanco.
Sin reacción
Con todavía fresca la alegría del gol, Gabriel ponía otra vez en ventaja al Leganés y por primera vez en la eliminatoria virtualmente clasificado. Desde ese momento, la presencia de Benzema se fue diluyendo y cuando apareció falló. Otra vez.
Minutos y minutos de indolencia que finalizaron recibiendo un balón solo en el punto de penalti que servía para que todo el Madrid se preparaba para cantar gol, pero el de Lyon golpeaba flojo, al centro y al muñeco. La reacción del publico no fue otra que echarse las manos a la cabeza. Esta vez no pitaron, la incredulidad pudo más.
El partido fue muriendo, su participación terminó siendo nula y todo finalizó con un Leganés en semifinales, un Madrid eliminado y humillado y un Benzema que se sólo se pudo probar un disfraz de héroe.
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