Alcaraz pone la directa: aplaca a Rinderknech y ya está en cuartos del US Open
El murciano aprueba su primer examen serio en lo que va de torneo
Avanza a cuartos donde se medirá al checo Lehecka
Alcaraz acabó con el puño en alto, miró a su banquillo con rostro de liberación y se escurrió el sudor con el antebrazo. Primera vez que se observó al murciano celebrar una victoria con tanta visceralidad en lo que va de torneo. Primera vez que de verdad encontró más resistencia desde el otro lado de la red. Rinderknech no llegó a la pista ya derrotado, tampoco se aferró únicamente al servicio. Se mostró valiente y práctico desde el fondo de la pista.
Aunque, pese a sus buenas maneras, se marchó como el resto de sus predecesores. Sin arañar set alguno y con la negativa de Carlitos que aplacó su ímpetu (7-6, 6-3, 6-4) y ya está en cuartos de final del US Open. Cuarta victoria y cuarto swing en la Arthur Ashe. Esta vez sin hacer que su rival hinque la rodilla, pero sí que sacara la bandera blanca de la rendición. Le obligó a base de chispazos primero y potencia después. Más de lo primero en el primer set y más de lo segundo en el final del primero y todo el tercer set.
Fue de menos a más. Porque costar, le costó entrar, porque así lo decían sus prestaciones durante la primera manga. Incómodo al resto y descontrolado al servicio, apenas firmó un 49% de precisión en primeros saques. Y, para más inri, Rinderknech rozaba su mejor versión del año, si es que no es de siempre. El set se fue hasta el tie-break en un set que Alcaraz se apuntó abrochado a su servicio que sí mejoró en la muerte súbita. Lo superó, pero no lo disfrutó.
Y en medio de esa sensación no vista en lo que iba de torneo, Alcaraz notó alguna molestia. Quedó en eso, no se reprodujo más allá de algún punto incómodo. Ya por esos derroteros, Rinderknech se había destapado como un tenista valiente y sin complejos. No tenía nada que perder y mucho que ganar, así que decidió nadar hasta que su remo se quedara sin fuerza. Logró mantener la igualdad hasta que el pulso alcanzó su punto clave.
En ese instante es cuando se marca la diferencia entre los buenos tenistas y los excepcionales. Poco a poco fue Alcaraz engrasándose, entrando en calor y deshilachando a Rinderknech con un híbrido entre pragmatismo y destellos de su calidad. El galo, no obstante, no perdió la cara al partido ni se dejó ir. Puesto a morir, que sea matando. Buscó quebrar a Carlitos, que lo negó al sacar su repertorio. Se hizo fuerte y vio como desde el otro lado no pudieron soportar su ritmo. Ya en cuartos, tras un ejercicio con el manual de saber hacer en la mano. Ya espera a Lehecka.
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