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Qué significa el proverbio de la filosofía china: «Cien veces oído no vale lo que una vez visto»

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

En la primavera del año 61 a. C., el emperador Xuan, de la dinastía Han, recibió en su palacio de Chang’an un parte de guerra urgente desde la frontera noroeste de China. Sus tropas acababan de sufrir una terrible derrota frente a los pueblos qiang, que ya habían cruzado el río Huangshui.

Según un artículo publicado en la Red de Ciencias Sociales de China, un general de 76 años se ofreció para dirigir la campaña. Cuando el emperador le preguntó cuántos soldados necesitaría, su respuesta dio origen a un proverbio chino que todavía se usa para defender el valor de comprobar la veracidad de las cosas en persona.

¿Por qué ver una vez vale más que oír cien veces, según el proverbio chino?

El proverbio chino «Cien veces oído no vale lo que una vez visto» sostiene que la experiencia directa ofrece una certeza que ningún relato ajeno alcanza, por muchas veces que se repita. El diccionario de ChinesePod lo traduce como «ver por uno mismo es mejor que oír a muchos otros» y lo equipara con la expresión occidental «ver para creer».

Según el columnista Shin Dong-yeol, en un artículo de Saenggeul Saenggeul, una publicación del diario surcoreano Hankyung, la frase tiene un origen militar, ya que procede de la biografía del general Zhao Chongguo que recoge el Libro de Han, la crónica histórica de esa dinastía.

En Corea del Sur, Shin Dong-yeol recurre al proverbio para advertir contra las decisiones tomadas con información limitada o desde un despacho, lejos del terreno. El columnista sostiene que las ideas surgen del contacto directo con la realidad. Sin embargo, también advierte que confiar solo en la experiencia propia puede estrechar la mirada.

El viaje a la frontera de China que dio origen al proverbio

Hacia el 63 a. C., los qiang xianling se habían unido a otras tribus y a más de 200 jefes, que dejaron de lado sus enemistades e intercambiaron rehenes para sellar una alianza militar.

Ante esa crisis, Zhao Chongguo respondió al emperador Xuan que resultaba difícil calcular desde lejos las necesidades de un ejército. Por eso, pidió viajar a caballo hasta Jincheng para trazar allí un plan de campaña, según el texto de Renqing Zhuoma, de la Universidad Minzu del Suroeste.

El emperador lo envió al frente con más de 10.000 jinetes. Zhao Chongguo llegó a Jincheng y cruzó de noche el río Amarillo con sus tropas. Luego, avanzó hasta la región del Huangshui, donde levantó muros y fortificaciones para asentar el campamento.

El plan del general chino tras ver el terreno con sus propios ojos

Mientras en la corte los ministros discutían cómo aplastar a los qiang, Zhao Chongguo, enfermo y desde la cama, envió tres escritos al emperador. En ellos pidió retirar la caballería y poner en marcha colonias agrícolas militares (tuntian, en chino), en las que los soldados cultivaban la tierra y a la vez defendían la región. También enumeró las doce ventajas de su propuesta.

Sin embargo, el emperador Xuan optó por una solución intermedia. Aprobó las colonias agrícolas de Zhao Chongguo y, al mismo tiempo, ordenó al general Xin Wuxian lanzar un ataque. Xin Wuxian mató a unos 4000 qiang, mientras que Zhao Chongguo logró la rendición de otros 5000 sin combatir.

Así, en el otoño del 60 a. C., los más de 4000 qiang que todavía resistían se rindieron. Más tarde, la corte Han creó la dependencia de Jincheng para administrar a los qiang sometidos. La región del Huangshui, en la actual provincia de Qinghai, quedó integrada en el sistema de comandancias y distritos del imperio.