La psicología explica por qué algunos padres se empeñan en reparar todo lo que se rompe en casa
El mensaje que se lanza es que todavía se puede ayudar, resolver un inconveniente y contribuir al bienestar de quienes lo rodean
La psicología sugiere que las personas que escriben la lista de la compra en papel en lugar de usar el móvil no están anticuadas, sino que su procesamiento mental es distinto
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En muchas familias hay una escena que se repite desde hace años. Si una silla pierde su estabilidad, un ventilador genera un ruido que no debería o un control remoto deja de funcionar, el padre toma un destornillador para revisar el desperfecto en vez de reemplazarlo. Muchos consideran innecesario este comportamiento, pero la psicología sostiene que existe un significado mucho más profundo que el ahorro de dinero.
Algunas teorías aseguran que, para muchos padres, reparar objetos representa una forma de reafirmar el papel que desempeñaron durante gran parte de sus vidas. La teoría de la identidad señala que las personas construyen, a partir de los roles que consideran importantes, su sentido de sí mismas. Es por ello que muchos hombres asocian su identidad a la capacidad de proteger, resolver problemas y aportar soluciones.
Cada reparación refuerza este propósito. El mensaje que se lanza es que todavía se puede ayudar, resolver un inconveniente y contribuir al bienestar de quienes lo rodean. Los especialistas también destacan la influencia de las experiencias de vida, marcadas por crecer en una época donde el desperdicio no formaba parte de la vida cotidiana.
Otras teorías
Hay más teorías que sostienen estos comportamientos. El llamado efecto de dotación sostiene que las personas suelen otorgar mayor valor a los objetos que ya poseen. Una silla puede representar años de reuniones familiares; una caja de herramientas puede simbolizar décadas de trabajo. En ese tipo de casos, repararlos significa preservar la historia familiar.
Otra explicación viene de la teoría del apoyo instrumental. Según esto, algunas personas expresan afecto mediante acciones concretas. A muchas generaciones, el cariño no se manifestaba con palabras, sino con gestos cotidianos como arreglar una bicicleta o ajustar una puerta. La psicología también lo relaciona con la teoría del flujo, donde se asegura que reparar un objeto exige concentración, paciencia, coordinación y capacidad para resolver problemas. Esa actividad se puede convertir en un espacio de calma y de reducción de estrés después de una jornada difícil.
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