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Psicología

La psicología asegura que los adultos que dan propina al conductor de un taxi no sólo son agradecidos, en realidad están demostrando gran empatía y consideración por los demás

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Dar propina al conductor de un taxi es un gesto habitual para algunas personas y, aunque puede parecer una simple cuestión de educación, la psicología relaciona este comportamiento con la empatía, la gratitud y el reconocimiento del esfuerzo ajeno. Un artículo de revisión publicado en el Journal of Economic Psychology en 2015, titulado «Service gratuities and tipping: A motivational framework», analizó los diferentes motivos por los que se dan propinas. Entre ellos figuran el altruismo, la gratitud, la búsqueda de un buen servicio en el futuro, las normas sociales y el sentimiento de obligación.

La empatía desempeña un papel fundamental, entendiendo como tal la capacidad para identificarse con otra persona y compartir lo que siente. En el contexto de un trayecto en taxi, esta sensibilidad puede llevar al pasajero a valorar el esfuerzo que supone trabajar durante muchas horas y atender a todo tipo de clientes. Por ejemplo, si un conductor espera pacientemente mientras una persona mayor se acomoda o ayuda a colocar el equipaje en el maletero, el pasajero puede percibir que no sólo ha recibido un desplazamiento, sino atención y consideración.

¿Por qué hay personas que dejan propina al conductor del taxi?

La gratitud es una emoción que aparece cuando reconocemos que hemos recibido algo positivo de otra persona, y la investigación psicológica ha estudiado durante años la relación entre esta emoción y los comportamientos prosociales, es decir, aquellas acciones que buscan beneficiar a otras personas.

Una revisión metaanalítica publicada en 2017 en la revista Psychological Bulletin analizó 91 artículos y un total de 18.342 participantes. Sus resultados mostraron una asociación positiva moderada entre la gratitud y las conductas prosociales, como ayudar a los demás o actuar en su beneficio. La relación era especialmente relevante cuando las personas sentían agradecimiento por la ayuda recibida.

En cuanto a la empatía, no sólo consiste en comprender las emociones de otra persona; también implica tener en cuenta sus circunstancias y reconocer que su experiencia puede ser muy diferente de la nuestra.

En el caso de los taxistas, el pasajero suele disfrutar de un trayecto relativamente breve, mientras que el conductor puede pasar buena parte de su jornada al volante. Su trabajo requiere atención constante, capacidad para tomar decisiones y paciencia para gestionar situaciones inesperadas. Cuando el pasajero tiene en cuenta estos factores, puede valorar el trabajo del conductor desde una perspectiva más amplia.

Uno de los aspectos más interesantes de las propinas es que son voluntarias; el pasajero puede pagar el importe acordado, sin añadir ninguna cantidad adicional. Entonces, ¿por qué algunas personas deciden entregar un poco más? La perspectiva psicológica apunta a una combinación de motivos económicos, sociales y psicológicos:

Hipótesis empatía-altruismo

Desarrollada por el psicólogo social C. Daniel Batson, esta teoría plantea que muchas conductas de ayuda surgen de una preocupación sincera por el bienestar ajeno. Desde este punto de vista, dejar una propina generosa puede ser una forma de reconocer el esfuerzo de quien ha prestado un servicio, sin esperar recibir ningún beneficio a cambio. La motivación principal sería mostrar agradecimiento y consideración hacia otra persona.

Esta hipótesis también permite comprender por qué algunas personas tienen pequeños gestos de generosidad incluso cuando nadie les observa. Sin embargo, cabe recordar que la propina, por sí sola, no demuestra que exista altruismo. Para conocer la motivación real de una persona, es necesario tener en cuenta sus circunstancias y sus intenciones.

Ley de la reciprocidad

La ley de la reciprocidad se basa en tres pilares fundamentales: la intención, la empatía y la credibilidad. Para que un gesto amable, generoso o útil resulte auténtico, es importante que se perciba una voluntad sincera de hacer el bien, sin intereses ocultos ni segundas intenciones. Del mismo modo, la empatía debe transmitirse de manera genuina, ya que constituye una base esencial para construir relaciones basadas en el respeto y la consideración mutua.

Así, lejos de ser un comportamiento interesado, la reciprocidad adquiere valor cuando nace de una actitud sincera. Sin estos tres elementos, el intercambio de gestos y atenciones pierde parte de su significado y difícilmente ayuda a fortalecer los vínculos personales. La reciprocidad ha desempeñado un papel muy importante en la evolución humana. Investigaciones realizadas en el ámbito de la psicología comparada han estudiado cómo la reciprocidad también constituye un mecanismo de adaptación presente en distintas especies animales.