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Liderazgo

El proverbio de los ganaderos que los buenos ejecutivos usan como ejemplo de liderazgo: «El buey suelto bien se lame»

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El refranero castellano está lleno de animales, y parecería ser que el buey ocupa un lugar destacado entre ellos. Durante siglos fue la principal fuerza de trabajo en el campo, así que no es extraño que protagonice uno de los dichos más citados: un proverbio de los ganaderos que hoy aparece en libros de gestión, charlas de empresa y conversaciones entre directivos.

La frase es breve y parece describir una escena sin importancia del establo. Sin embargo, quienes trabajaban con estos animales sabían que escondía una observación muy precisa sobre su comportamiento (y, por extensión, sobre el de las personas), y justamente esa lectura es la que ha permitido que el refrán salte del mundo rural a la empresa sin perder sentido.

Proverbios ganaderos, si los hay: ¿Qué significa «El buey suelto bien se lame»?

La imagen es sencilla. Un buey que no está atado ni uncido al yugo puede girar el cuello, alcanzar cualquier parte de su cuerpo y lamerse para limpiarse o aliviar un picor. El que está amarrado, en cambio, apenas se mueve y depende de que otro lo haga por él. De ahí nace la enseñanza: quien no está sometido a nadie puede cuidar de sí mismo.

El Refranero multilingüe del Centro Virtual Cervantes explica que el dicho subraya «lo apreciable de la libertad»: quien no sirve a nadie actúa según su voluntad, sin depender de otros. Es una frase antigua.

Incluso aparece ya en colecciones del siglo XVI, como la de Pedro Vallés (1549), y en el célebre Vocabulario de refranes de Gonzalo Correas, fechado en 1627.

Y con el tiempo, el refrán adquirió también un uso más doméstico. Durante generaciones se aplicó a los solteros, que presumían de no tener que rendir cuentas a nadie, frente a quienes habían asumido las ataduras del matrimonio.

Como dato de color, también existe una variante uruguaya, «Buey solo bien se lame», que mantiene intacta la idea de fondo y demuestra que el dicho cruzó el Atlántico.

Del establo a la oficina: ¿Cómo podemos aplicar este proverbio ganadero al liderazgo del día a día?

Trasladado a la empresa, el buey suelto es el profesional que tiene autonomía real para tomar decisiones. Cuando surge un problema, no necesita esperar la aprobación de otros niveles jerárquicos para resolverlo: lo identifica, actúa y responde por el resultado.

El buey atado sería, en cambio, el empleado que depende de la supervisión constante de su jefe incluso para las tareas más sencillas.

En este sentido, los especialistas en gestión llaman a ese exceso de control microgestión (el micromanagement de los anglosajones): revisar cada correo, exigir permiso para cualquier paso o corregir detalles que el equipo podría resolver solo.

Y vaya que el efecto es paradójico. Cuanto más se supervisa, menos capacidad desarrolla el equipo para desenvolverse sin ayuda, lo que obliga a supervisar todavía más.

Desde luego, las cifras muestran el coste de ese círculo. Una encuesta de la consultora Trinity Solutions, recogida por Harry Chambers en su libro My Way or the Highway, concluyó que el 79% de los trabajadores había sufrido microgestión. El 69% se planteó cambiar de empleo por ese motivo y un 36% llegó a hacerlo, una fuga de talento que pocas empresas se pueden permitir.

¿Y qué dice la ciencia sobre la autonomía dentro de los equipos laborales?

Ojo, que la psicología lleva décadas estudiando por qué el buey suelto rinde más. La teoría de la autodeterminación, desarrollada por los psicólogos estadounidenses Edward Deci y Richard Ryan, sostiene que la autonomía es una necesidad psicológica básica, al mismo nivel que sentirse competente y conectado con los demás.

Siguiendo esta línea, cuando se satisface, la motivación nace de dentro y no depende de premios o castigos.

A su vez, cabe remarcar que en el ámbito laboral, la figura del jefe marca la diferencia. Según el informe State of the American Manager, publicado por Gallup en 2015, los mandos explican al menos el 70% de la variación en el compromiso de sus equipos.

Dicho de otro modo, dos departamentos de la misma compañía, con idénticos sueldos y herramientas, pueden funcionar de forma muy distinta según quién los dirija.

No obstante, eso no significa que el buen líder deba desentenderse. La autonomía funciona cuando los objetivos están claros, cuando el equipo tiene la formación necesaria y cuando existe confianza para equivocarse sin represalias.

Sin esas condiciones, la libertad se convierte en abandono, y el llamado liderazgo laissez faire (dejar hacer sin ninguna guía) acaba generando decisiones contradictorias y prioridades confusas.

«Mejor se lame uno a otro», el matiz que completa el refrán

El propio refranero ofrece ese contrapunto. El Centro Virtual Cervantes recoge una versión ampliada del dicho: El buey suelto bien se lame, pero mejor se lame uno a otro. La coletilla recuerda que la independencia no está reñida con la colaboración y que, en los equipos que mejor funcionan, la autonomía individual convive con el apoyo mutuo entre compañeros.

Para ir cerrando, cabe señalar que (al menos en el ámbito literario) no todos compartieron el elogio de la libertad. El escritor cántabro José María de Pereda tomó el refrán como título de El buey suelto, publicada en 1878 como réplica a Balzac, y dedicó la novela entera a llevarle la contraria.

Su protagonista, Gedeón, es un solterón egoísta que, capítulo a capítulo, paga caro no tener a nadie que se ocupe de él.