El poder oculto de los atardeceres: por qué podrían ayudarte a dormir mejor y sentirte más feliz
Una de las claves de esto es el sentimiento de asombro
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Hay diferentes hábitos que requieren tiempo, dinero o la constancia de una persona, pero hay otros que nunca los tratamos como un acto de cuidado de uno mismo. Ver el atardecer está en este grupo. Hay diferentes investigaciones que sugieren que el hecho de contemplar la caída del sol puede aportar beneficios psicológicos y fisiológicos reales.
Una de las claves de esto es el sentimiento de asombro. Los estudios sobre amaneceres, atardeceres y otros fenómenos naturales han visto que estas experiencias elevan la percepción de belleza, despiertan admiración y mejoran la valoración del entorno. Esto puede tener efectos sobre la salud mental. Una investigadora de la Universidad Estatal de Arizona asegura que una de sus propiedades más constantes es «la sensación de ser pequeño, de que los problemas personales y la vida propia son insignificantes en el gran esquema de las cosas».
De hecho, desde la Universidad de Exeter afirman que los amaneceres y atardeceres generan aumentos claros en el asombro y en la percepción de belleza. Tanto es así que fomentar este tipo de experiencias formaría parte de las estrategias de bienestar que están basadas en la naturaleza.
Reloj interno
La luz natural tiene otro efecto en las personas. También ayuda a ajustar el ritmo circadiano, el reloj interno de cada uno que ayuda a regular sueño, vigilia, energía y muchas otras funciones del cuerpo. De hecho, nuestro sistema visual utiliza un contraste de tonos como una especie de detector natural del momento del día. Si no recibimos esas señales, nuestro reloj biológico puede desajustarse con más facilidad.
No hace falta estar en una playa o en una montaña. Las investigaciones subrayan que el efecto también aparece en entornos cotidianos, incluso urbanos. Es posible que ahí esté lo mejor de esto: que levantar la vista al final del día pueda ser una noticia buena para el bienestar de una persona. No sustituye a otros cuidados, pero sí recuerda que a veces lo que más ayuda también es lo más accesible.
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