Olvidar los nombres de una persona durante una conversación tiene un significado, según la psicología
Los expertos apuntan a que no se trata de descortesía
Olvidar nombres tiene una explicación a nivel psicológico
La psicología dice que estos son los dos recuerdos de la infancia que marcan para siempre a los adultos
La psicología sugiere que las personas que caminan de un lado a otro cuando hablan por teléfono no lo hacen por costumbre, es su forma de compensar la falta de señales visuales
La psicología dice que las personas que recogen la casa antes de que lleguen invitados no lo hacen sólo por limpieza, en realidad es una forma de controlar a impresión que transmiten a los demás
Aunque siempre haya parecido una descortesía o un momento de vergüenza, olvidar el nombre de las personas durante una conversación tiene una explicación lógica y psicológica. Estas cotidianas situaciones, en las que dos personas se presentan con sus nombres en un inicio y tras una charla, los nombres quedan en el olvido debido a que el cerebro no almacena toda la misma información con la misma identidad.
La caída en el olvido de los nombres
Psychology Today recoge en un artículo que quienes olvidan los nombres con frecuencia tienden a estar profundamente inmersos en la interacción. El cerebro de estas personas se centra en el vínculo y en el contenido que en los datos formales.
La revista psicológica recoge 5 rasgos que son propios de personas con esta tendencia:
- La importancia está en qué le pasa a la otra persona, no en el nombre. Se da mayor atención a lo emocional que a los datos concretos, enfocándose en capturar matices emocionales e interpretar gestos y tonos.
- No conversan en piloto automático. Al tener el foco en la conversación, el cerebro solo almacena la información que cree que es importante para el desarrollo de la misma.
- Pensamiento asociativo. Los nombres propios son difíciles de relacionar con otras cosas, por lo general. Al no poder asociarlo tan fácil como el contenido del locutor y tener menos carga emocional, aumenta la probabilidad de olvidarlo.
- Estrés cotidiano. La alta carga mental en momentos de trabajo o gestión de responsabilidades hace que el cerebro se tenga que decantar por la información prioritaria, dejando fuera el resto.
- Interés selectivo. Si el nombre de la otra persona no conecta de manera emocional, es difícil que se recuerde. Por otra parte, es más fácil poder recordar ideas, opiniones y sensaciones que asociadas al encuentro.
Olvidar un nombre no tiene por qué significar poco interés en la otra persona. En múltiples ocasiones, puede significar que eres una persona empática, con presencia, que hace una selección de datos, priorizando los vínculos emocionales que los datos formales.
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