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Ni manta eléctrica ni calefactor de cuarto de baño: el calentador que templaba las camas españolas en el siglo XVIII sin electricidad

  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

Con la llegada del otoño, los trucos contra el calor empiezan a dejar paso a remedios más invernales. De hecho, es muy curioso (y a veces útil) recordar qué hacían nuestros antepasados para dormir sin helarse.

Por ejemplo, antes de que existieran las mantas eléctricas, la herramienta más cotizada era el calentador de cama o calientacamas. Este invento que triunfó en el siglo XVIII era muy similar a una sartén antigua con tapa y mango largo, para deslizar por la cama. Había modelos de cobre, latón o hierro.

En todo caso, la finalidad siempre era llevar el calor a donde se necesitaba, especialmente a la hora de dormir. La parte mala es que necesitaba una manipulación manual y a veces su efecto no duraba toda la noche.

El calentador portátil que usaban en el siglo XVIII para dormir sin pasar frío

Los calentadores de cama tienen una historia anterior a la electrificación doméstica. De hecho, conservamos varios ejemplares del año 1759, además de piezas del siglo XIX, que permiten entender cómo se afrontaban las noches frías antes de disponer de enchufes junto a la mesilla.

Hay que tener en cuenta que en aquella época disponer de fuego para cocinar no era sinónimo de tener una temperatura agradable en toda la casa. El dormitorio podía estar lejos y el calor del fuego ni acercarse.

Por eso surgió la necesidad de transportar un poco de ese fuego hasta la cama de la forma más segura posible sin encender otra lumbre. Así surgió el calentador de camas.

El secreto estaba en que el mango permitía manejarlos desde fuera de la cama y, en determinados modelos, incorporaba un agujero para colgarlos cerca de la chimenea cuando terminaba su uso.  Además, había versiones decoradas y otras más sencillas.

Cómo se usaban los calentadores de cama antes de la electricidad en casa

Para preparar la cama se aprovechaban restos incandescentes de alguna chimenea, de la cocina o del brasero. El recipiente se deslizaba entre las sábanas, distribuyendo el calor por distintas zonas en lugar de mantenerlo concentrado en un único punto.

Sin ese movimiento, el funcionamiento del calentador no hubiera sido sencillo. La parte mala es que no aguantaba toda la noche porque había que retirarlo antes de dormir.

El verdadero cometido era dejar la cama templada para que al entrar debajo de las sábanas no tuvieras esa sensación fría tan desagradable. Después el calor corporal hacía el resto.

Aun así esta no fue la única solución; también hubo otros métodos con piedras o ladrillos calentados al fuego y recipientes que funcionaban con agua caliente.

¿El calentador del siglo XVIII equivalía a una manta eléctrica moderna?

La manta eléctrica es más segura y puedes dejarla encendida más rato sin problemas. No obstante la comparación es fácil de entender porque ambos aparatos están destinados a generar calor en la cama sin tener que calentar toda la casa.

Si tenemos en cuenta el contexto del siglo XVIII, el calentador de camas era especialmente útil para aprovechar las brasas y darles una segunda vida antes de que se apagasen.

Quizás donde la manta eléctrica sea más superior al calientacamas es en la seguridad. Hay que tener en cuenta que el recipiente clásico podía quemar los tejidos, y los dispositivos eléctricos cada vez incorporan más controles.