Juan Ramón Jiménez, premio Nobel de Literatura: «En este libro quiero dejar en pie al Madrid eterno, lo bueno y bello de antes y de hoy, y un poco de lo de mañana»
"Si supiera que el mundo se acaba mañana, incluso hoy yo plantaría un árbol"
"Lo que nos hace personas normales es saber que no somos normales"
"Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos"
Cuando se habla de Juan Ramón Jiménez, es habitual que la conversación gire en torno a Moguer y a Platero y yo. Sin embargo, hay otra ciudad que desempeñó un papel decisivo en su vida y en su evolución literaria: Madrid.
La capital no fue únicamente el lugar donde desarrolló buena parte de su carrera, sino también el espacio en el que consolidó su identidad como poeta y dio forma a algunas de sus obras más influyentes.
La estrecha relación entre Juan Ramón Jiménez y Madrid
Juan Ramón Jiménez llegó por primera vez a Madrid en abril de 1900. Lo hizo con un cuaderno de poemas bajo el brazo, titulado Nubes, y con la determinación de abrirse camino en los círculos literarios del momento.
Aquella ciudad, marcada por el auge del Modernismo, las tertulias en los cafés y la presencia de autores como Rubén Darío o Pío Baroja, supuso un auténtico punto de inflexión para el joven escritor.
Aunque poco después regresó a Huelva debido a sus problemas de salud, el vínculo con Madrid ya había quedado establecido. La ciudad acabaría convirtiéndose en el escenario donde maduró su voz poética y donde encontró el ambiente intelectual que necesitaba para desarrollar una obra llamada a trascender generaciones.
Madrid, el laboratorio creativo del Premio Nobel
Más que un lugar de residencia, Madrid fue para Juan Ramón Jiménez un auténtico laboratorio de creación. Durante su estancia en el Sanatorio del Rosario comenzó a relacionarse con algunas de las figuras más relevantes de la cultura española, entre ellas Antonio y Manuel Machado o Jacinto Benavente.
Con el paso de los años, su implicación con la vida cultural madrileña fue creciendo. Incluso participó activamente en el proyecto de la Residencia de Estudiantes de la calle Pinar, donde colaboró en la elección de materiales y en el diseño de espacios como la biblioteca y parte de los jardines. Esa faceta demuestra que su conexión con la capital iba mucho más allá del ámbito literario.
Tras casarse con Zenobia Camprubí en 1916, el matrimonio se instaló en un piso de la calle Conde de Aranda. Aquellos años fueron especialmente fructíferos. Allí escribió y publicó títulos esenciales como Eternidades y Piedra y cielo, además de impulsar revistas culturales como Índice, Sí y Ley, que tuvieron una notable influencia en el panorama intelectual de la época.
Sin embargo, había un detalle que nunca dejó de perseguirle: el ruido. Su conocida sensibilidad le llevó a cambiar de domicilio en varias ocasiones, pasando por calles como Gravina, Lista, Velázquez o Padilla, siempre en busca del silencio necesario para escribir.
El Madrid eterno que quiso preservar con su obra
Entre las muchas frases que dejó sobre la capital, una resume con claridad su manera de entenderla: «En este libro quiero dejar en pie al Madrid eterno, lo bueno y bello de antes y de hoy, y un poco de lo de mañana».
Con esas palabras, Juan Ramón Jiménez dejaba claro que no pretendía retratar únicamente el Madrid de su tiempo. Su propósito era capturar la esencia permanente de una ciudad capaz de transformarse sin perder su identidad. Para el poeta, Madrid era un lugar donde convivían tradición, modernidad y creación artística.
El legado inseparable del Nobel de Literatura con la capital
La Guerra Civil puso fin a aquella etapa. En agosto de 1936, Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí abandonaron España con un pasaporte diplomático concedido por el Gobierno de la Segunda República. Dejaron atrás su vivienda madrileña, que fue saqueada, junto con manuscritos, libros y numerosos objetos personales. Lo que parecía una ausencia temporal terminó convirtiéndose en un exilio de más de dos décadas.
Pese a la distancia, Madrid nunca desapareció de su memoria. Durante los años que pasó en Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico continuó evocando la ciudad como el escenario donde había alcanzado su mayor plenitud intelectual.
En 1956 recibió el Premio Nobel de Literatura, un reconocimiento que consolidó definitivamente una trayectoria en la que la capital española ocupó un lugar central.
Tanto su biografía como numerosas recopilaciones de sus escritos permiten reconstruir esa profunda relación con Madrid. La Fundación Casa Museo Zenobia y Juan Ramón Jiménez documenta su intensa actividad en la ciudad, desde su colaboración con la Residencia de Estudiantes hasta los sucesivos domicilios donde escribió algunas de sus obras más importantes.
Lo último en Curiosidades
-
Las expertas en limpieza lo aclaran: «Para quitar las manchas quemadas de la plancha mezcla dos cucharadas de bicarbonato con agua»
-
Dani García y los chefs expertos coinciden: para que el filete a la plancha quede bien, «no untes la sartén con aceite, mejor usa ajo y mantequilla»
-
Juanma Lorente, abogado: «Nunca respondas a esta pregunta si te para la Policía, es una trampa fácil para multarte»
-
Los psicólogos coinciden: la envidia en las amistades no se muestra con ataques, más bien con miradas o comentarios que restan valor
-
Según la psicología, las personas que siempre devuelven el carrito de la compra a su sitio no lo hacen porque sean ordenados; en realidad, muestran un gran sentido de la responsabilidad colectiva
Últimas noticias
-
Predicción del horóscopo para Leo hoy, domingo 27 de septiembre de 2026
-
AEMET prevé nubes bajas y ambiente tranquilo en Barcelona con viento suave y escasas lluvias
-
Cielos nublados y posibles lluvias en Andalucía hoy, según AEMET
-
Predicción del horóscopo para Cáncer hoy, domingo 27 de septiembre de 2026
-
Predicción del horóscopo para Géminis hoy, domingo 27 de septiembre de 2026