Curiosidades
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La frase de Nietzsche sobre la madurez que invita a recuperar al niño que llevamos dentro: “La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño”

  • Ángel Pérez
  • Soy Ángel Pérez, periodista titulado por la Universidad Europea y con un máster de Periodismo Deportivo en la Universidad Villanueva.

Crecer no debería significar dejar atrás la capacidad de jugar, imaginar y tomarse la vida con asombro. Nietzsche encontró en esa aparente contradicción una de las claves de la madurez y dejó una reflexión que invita a mirar la infancia desde otra perspectiva: recuperar la seriedad con la que un niño se entrega al juego.

El filósofo transmitió con esta frase que madurar no significa perder la capacidad de jugar, disfrutar o ilusionarse, sino recuperar la pasión y la entrega con las que vivíamos esas experiencias de niños. De pequeños, disfrutábamos más, pero ahora lo hacemos sin utilidad, convirtiendo el ocio en productividad. Dejamos de jugar al considerarlas «infantiles».

Ese tipo de actitudes representan libertad, autenticidad y capacidad de crear sin estar sometidos al juicio de los demás. Por tanto, los adultos debemos recuperar la curiosidad y el asombro sin volver a ser niños y tomarnos más en serio lo que realmente nos importa, siendo capaces de entregarnos completamente a algo.

Nietzsche

Friedrich Nietzsche fue un filósofo, poeta y filólogo alemán del siglo XIX que nació en Prusia en 1844. Es considerado uno de los pensadores más radicales y provocadores de la historia occidental. Trabajó como profesor de filología clásica en la Universidad de Basilea, pero dejó la enseñanza debido a graves problemas de salud y migrañas constantes. Pasó sus últimos días afectado por un colapso mental hasta su fallecimiento en 1900 a la edad de 55 años.

Sus ideas más famosas fueron la «muerte de Dios», al afirmar que la religión cristiana y la moral tradicional habían perdido vigencia en el mundo moderno; el «superhombre», al proponer un ser humano nuevo que crea sus propios valores y supera la mediocridad de la masa; y la voluntad de poder, al considerar que el motor fundamental de la vida es la fuerza creadora y la superación personal.