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Fernando Savater, filósofo español (78 años): «La diferencia entre una persona culta y otra ignorante es que cuanto menos sabes, más tienes que gastar para divertirte»

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Muchas veces se piensa que divertirse cuesta dinero, y que el ocio siempre implica gastar en algo: una salida, un viaje, una compra. Pero no todo el mundo necesita lo mismo para pasarlo bien, y esa diferencia dice mucho sobre cómo cada persona ve el mundo.

Fernando Savater, filósofo español de 78 años, lo resume con una frase contundente: «La diferencia entre una persona culta y otra ignorante es que cuanto menos sabes, más tienes que gastar para divertirte».

‘Cuanto menos sabes, más tienes que gastar’: qué quiso decir Savater

Esta célebre frase de Fernando Savater resume una gran verdad sobre el crecimiento personal y la autonomía de la mente. La cultura da herramientas para disfrutar de un libro, una caminata, una conversación o incluso el silencio, una riqueza interior que no depende de ningún presupuesto.

La ignorancia, en cambio, suele necesitar estímulos externos, caros y de consumo masivo para llenar el vacío o evitar el aburrimiento, generando una dependencia comercial del entretenimiento. Quien cultiva su mente, por el contrario, encuentra entretenimiento en casi cualquier lugar, lo que le otorga una verdadera libertad de elección frente al ocio que exige gasto.

En la práctica, una persona culta puede disfrutar un museo, observar la arquitectura urbana o leer un clásico que costó muy poco, mientras que una persona ignorante suele requerir espectáculos costosos, viajes de lujo o compras constantes para experimentar algo de novedad. Una persona culta encuentra diversión en una variedad de actividades porque su mente está entrenada para descubrir conexiones, historias y significados donde otros solo ven rutina. Su entretenimiento suele ser activo y estimulante, no pasivo.

Qué actividades puede hacer una persona culta

Una persona culta realiza actividades donde su mente participa activamente, encontrando disfrute en el aprendizaje, el análisis y la creatividad. Estas acciones suelen ser accesibles y transforman lo cotidiano en algo estimulante.

Entre las actividades culturales y artísticas destaca la lectura crítica, es decir, leer novelas, ensayos o poesía analizando el estilo del autor y el contexto histórico; las visitas a museos, recorriendo galerías de arte o museos de ciencia para entender la evolución humana y estética; el cine de autor, viendo películas de directores independientes, documentales o clásicos prestando atención a la fotografía y el guion; y la apreciación musical, escuchando géneros diversos, desde música clásica hasta jazz, identificando instrumentos, estructuras y armonías.

En cuanto a las actividades de exploración y observación, están el turismo urbano, caminando por calles antiguas para identificar estilos arquitectónicos y placas conmemorativas; el senderismo consciente, explorando la naturaleza investigando previamente la fauna, la flora y la geología de la zona; y la asistencia a conferencias, acudiendo a charlas gratuitas, presentaciones de libros o debates en universidades y centros culturales.

Entre las actividades intelectuales y sociales se encuentran las tertulias y debates, reuniendo amigos para conversar sobre política, filosofía, ciencia o actualidad sin caer en la discusión vacía; los juegos de estrategia, practicando ajedrez, Go o resolviendo acertijos complejos que desafíen la lógica y la concentración; y el aprendizaje de idiomas, estudiando una nueva lengua para acceder directamente a la literatura y la mentalidad de otra cultura.

Por último, entre las actividades creativas destacan la escritura personal, redactando diarios, ensayos breves, cuentos o poesía para ordenar y expresar los propios pensamientos, y la fotografía documental, capturando imágenes del entorno en busca de historias, contrastes sociales o geometrías urbanas.

En conclusión, la diversión de la persona culta no depende del dinero gastado, sino de su capacidad para transformar cualquier estímulo sencillo en una experiencia fascinante.