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Los expertos coinciden: un emisor térmico cerámico puede ahorrar hasta un 30% de potencia respecto a los radiadores eléctricos tradicionales

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Un emisor térmico cerámico puede necesitar hasta un 30 % menos de potencia que un radiador eléctrico tradicional, según una guía de consumo. Sin embargo, el ahorro en la factura depende de las horas que pasa encendido, ya que todo aparato eléctrico de resistencia convierte en calor toda la electricidad que gasta.

El termostato, la programación horaria y la capacidad de la cerámica para guardar el calor hacen que el emisor se conecte menos veces a lo largo del día. Por eso, el resultado en la factura cambia según el tamaño de la estancia, las horas de uso y el aparato con el que se compare.

¿Por qué un emisor térmico gasta menos que un radiador eléctrico?

La guía de EROSKI Consumer sobre estos equipos afirma que necesitan «un 30% menos de potencia para funcionar que otros sistemas».

Por otro lado, según Repsol, el emisor térmico funciona a través de la acumulación y posterior liberación de calor. Su fluido interno, calentado por resistencias, mantiene la temperatura durante un tiempo después de que el aparato se apaga.

Aún así, el emisor no genera más calor por cada kilovatio hora que otro aparato eléctrico. Todos los radiadores de resistencia funcionan por efecto Joule y convierten en calor el 100 % de la electricidad que consumen.

El papel del termostato y la programación en los emisores térmicos

La compañía energética destaca que el emisor térmico gasta menos que un convector una vez que la habitación alcanza la temperatura deseada. Además, ofrece una temperatura más estable y un calor más uniforme, y se controla con termostatos digitales y programadores. Repsol también aconseja programar el emisor según las necesidades de cada hogar.

En la misma línea, EROSKI Consumer señala que la mayoría de los emisores son digitales e incluyen un sensor y un termostato de seguridad. Con ellos se fija la temperatura y se programan las horas de funcionamiento. Además, el aparato se corta si se calienta más de lo normal.

¿Qué aporta la cerámica a un emisor térmico?

Según EROSKI Consumer, existen tres tipos de emisores. Los de fluido llevan un líquido, más viscoso que el aceite, que almacena el calor, aunque tardan más en calentarse. Los secos no tienen fluido y calientan antes, pero se encienden y se apagan con más frecuencia.

En los emisores cerámicos, la resistencia es de cerámica. El primer arranque resulta más lento. Después, los ciclos de encendido se espacian más y el aparato se conecta menos veces.

La misma guía destaca que los emisores no resecan el aire, no producen olores y no emiten gases ni humos. Para instalarlos, recomienda colocarlos en una pared exterior, a entre 15 y 20 centímetros del suelo y de los muebles.

Los límites del emisor térmico cerámico frente a la bomba de calor

Según Repsol, el emisor tiene un precio inicial más alto que el de un convector y tarda más en calentar una habitación. Por su parte, EROSKI Consumer lo recomienda para estancias pequeñas y medianas con necesidades de calefacción moderadas.

Asimismo, una guía del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) explica que una bomba de calor genera de media 4 kilovatios para usos térmicos por cada kilovatio eléctrico que consume. En cambio, un emisor de resistencia entrega como máximo 1 kilovatio de calor por cada kilovatio consumido.