Cómo conservar las castañas crudas con cáscara este otoño: el truco de los fruteros para que duren hasta 4 semanas sin estropearse
Este es el error que debemos evitar al comprar castañas en la tienda si queremos que duren más
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Las nobles castañas son uno de los productos estrella del otoño y en estas semanas protagonizan meriendas, guisos y postres en media España. Sin embargo, quien compra castañas crudas por kilos sabe que no siempre aguantan lo que se espera: a los pocos días algunas aparecen secas, con moho o con un agujero que delata la presencia de un gusano en su interior.
¿La razón? Pues, aunque se vendan junto a las nueces o las almendras, estas se comportan de forma muy distinta. Su contenido en agua es alto y eso las hace más delicadas, sobre todo si se guardan en un sitio cálido o en una bolsa cerrada. Por eso, la forma de almacenarlas en casa marca la diferencia entre aprovecharlas todas o tirar una buena parte.
Cómo conservar las castañas crudas para que duren hasta cuatro semanas
El método que siguen los fruteros empieza antes de guardarlas: hay que sumergir las castañas en un bol con agua. Las que flotan están vacías, picadas o tienen gusano, así que conviene desecharlas. Las que se hunden están sanas.
Después, basta con secarlas bien y guardarlas en el frigorífico dentro de una bolsa perforada, que deja respirar al fruto y evita la condensación.
Con este sistema, la asociación portuguesa de consumidores DECO calcula que se conservan hasta un mes en la nevera, frente a una semana fuera de ella (y solo si se guardan en un lugar fresco, seco y ventilado).
En este sentido, la clave está en combinar frío y humedad controlada: ni tan secas como para que se arruguen ni tan húmedas como para que aparezca el moho. Estos son los pasos:
- Llenar un bol con agua fría y sumergir las castañas durante unos minutos.
- Retirar y tirar todas las que floten.
- Secar bien las restantes con un paño.
- Guardarlas en una bolsa perforada o de papel, nunca en una bolsa cerrada.
- Colocarlas en el cajón de las verduras del frigorífico.
- Revisarlas cada pocos días y retirar las que muestren moho.
Entre tanto, la elección en la frutería también cuenta. Las castañas en buen estado tienen la cáscara brillante, tersa y sin agujeros, y pesan en la mano en relación con su tamaño.
Conviene, claro, descartar las que tengan la piel arrugada o mate, porque suelen estar secas, y las que muestren pequeños orificios o manchas oscuras, señal habitual de larvas o de hongos. Cuanto más fresco sea el producto al comprarlo, más tiempo aguantará después en casa.
¿Por qué flotan las castañas picadas?
La prueba del agua tiene una explicación que cualquiera puede entender. Los principales enemigos de la castaña son dos insectos: la polilla Cydia splendana y el gorgojo Curculio elephas, cuyas larvas se alimentan del interior del fruto.
Al vaciarlo, dejan espacio para el aire y la castaña pierde peso, de modo que sube a la superficie. A ellos se suman varios hongos que provocan podredumbre y momificación durante el almacenamiento.
La industria resuelve el problema con cámaras frigoríficas a entre 0 y 2 grados y una humedad relativa del 90 al 95%, según explica un trabajo del Instituto Federal Suizo de Investigación Forestal (WSL) firmado por Marco Conedera, Mauro Jermini, Alberto Sassella y Thomas N. Sieber.
Con el frío, además, parte del almidón se transforma en sacarosa, lo que hace que la castaña gane dulzor.
Por su parte, el sector sigue buscando formas de alargar su vida útil. Una investigación del Instituto Politécnico de Bragança (Portugal) publicada en 2023 conservó castañas de la variedad Longal durante 90 días a entre 0 y 2 grados tras aplicarles distintos tratamientos.
El baño con ácido peracético fue el que logró la menor pérdida de peso y el mejor control de microorganismos, por delante del tradicional baño en agua caliente.
Congelar las castañas crudas: la opción para que duren meses
Y para quien compra en grandes cantidades, el congelador es la mejor alternativa. Tras la prueba del agua, se hace un pequeño corte en la base de cada castaña, se guardan en bolsas de congelación bien cerradas y se congelan con cáscara.
Así aguantan unos tres meses en perfecto estado, según la DECO, y después se pueden asar o cocer directamente, sin necesidad de descongelarlas antes.
Hay un último detalle que juega a favor de la paciencia. La Fundación Española de la Nutrición recomienda que las castañas recién recogidas reposen entre siete y diez días antes de consumirlas, ya que en ese tiempo disminuyen sus taninos y el almidón se convierte en azúcares más fáciles de asimilar.
Dicho esto, unos días en la nevera, por tanto, además de conservarlas: también las vuelven más dulces.
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