‘La Visitación’ de Potorno se expone por primera vez en España y sorprende por su inusual cromatismo
El cuadro ha sido prestado al Museo del Prado excepcionalmente por la iglesia parroquial de San Michele Arcangelo de Carmignano (Prato)
El Museo del Prado acoge la obra ‘La Visitación’ de Jacopo Carucci ‘Pontormo’. Hasta ahora, la pinacoteca nunca había tenido en sus salas una obra de este artista italiano. Como parte del programa ‘La obra invitada’, el Prado expondrá durante seis semanas ‘La Visitación’, con la colaboración de la Fundación Amigos del Museo del Prado. Se trata de «la primera vez» que esta pieza entra en España y de las pocas que ha salido de Italia, según ha confirmado la Jefa de Colección de Pintura Italiana del Renacimiento del museo, Ana González Mozo.
De hecho, ha sido prestada excepcionalmente por la iglesia parroquial de San Michele Arcangelo de Carmignano (Prato), Diócesis de Pistoia y, según ha explicado el director del Prado, Miguel Falomir, su traslado ha costado alrededor de 50.000 euros porque el transporte ha tenido que ser «forzosamente» en camión.
Se trata de un óleo sobre tabla compuesto por cinco paneles de madera de álamo en el que Pontormo pintó la conocida «narración evangélica», aunque González Mozo ha explicado que es «muy escueta».
A diferencia de otras interpretaciones de ‘La Visitación’ como la de Rafael -ambas comparten espacio en la sala 49-, Pontormo plasma el encuentro entre la Virgen María y su prima Isabel, narrado en el Evangelio de san Lucas, en un espacio interior, lo que apunta a una «versión idealizada» de Florencia como ‘città ideale’. En esta obra también se da mucha importancia a quienes acompañan a ambas mujeres.
Al respecto, González Mozo ha explicado que parecen sus «dobles» en otro momento vital y que recuerdan al concepto de «belleza ideal». Algo poco habitual que también representó Pontormo es a las figuras de los maridos de María e Isabel, José y Zacarías. En muchos cuadros de la Visitación aparece el segundo, pero en este caso no son pintados como «retratos», sino como «representaciones», ha añadido la Jefa de Pintura.
La obra no ha necesitado ni limpieza ni restauración y tampoco tiene marco porque su origen es una iglesia. Únicamente cuenta con una moldura del siglo XVIII con la que no suele viajar.
El cromatismo, conseguido con matices poco habituales y capas translúcidas de pintura, domina la composición. Los tejidos que portan las cuatro figuras femeninas tienen pliegues que parecen tallados en piedra.
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