Del expolio a una subasta millonaria en Londres. Das bunte Leben (Vida llena de color, 1907) de Wassily Kandinsky (Moscú, 1866 – Francia, 1944) será una de las obras estrella de la subasta en Christie’s del próximo mes de octubre.

Un lienzo del ruso muy deseado por sus importantes dimensiones; por el momento en el que fue pintado, en el París de 1907, una ciudad revolucionada por los nuevos lenguajes artísticos y las nuevas formas de pintar, un aspecto que se refleja a la perfección en la composición; por haber sido confiscados por los nazis a un industrial judío de máquinas de coser y, finalmente, por haber sido restituido a sus herederos hace apenas un par de años.

Todo ese bagaje invisible tras la obra se suma a la firma de Kandinsky, el precursor del arte abstracto en el s. XX, un movimiento que tendrá una importante influencia en muchos artistas internacionales venideros, una influencia que llega hasta la actualidad. Una abstracción plena que, sin embargo, no se observa en esta obra de Kandinsky, más cercana al Fauvismo de París que al Constructivismo Ruso, una tendencia que desarrollará, sobre todo, al final de su carrera.

Un bagaje invisible y la firma de Kandinsky

Vida llena de color, de Kandisky. París, 1907. @ Cortesía Christie’s

Vida llena de color data de 1907. Kandinsky está en París, pero no es un París cualquiera. Está en el epicentro cultural e intelectual, una ciudad donde se está fraguando una revolución en el arte, el mecenazgo y el mercado. La ciudad de los cafés, de la farándula nocturna, de las tertulias, los salones abiertos y los conciertos. Un sueño para los burgueses de cuna y para los que quieren llegar a serlo. París es el mundo. Ahí está el mundo y ahí se mueve todo. El barón Haussmann ya ha transformado radicalmente la ciudad y la modernidad se abre paso entre las aguas arquitectónicas de la Edad Media.

Durante su estancia en París, Kandinsky tiene contacto con la obra de Matisse, Seurat, Derain, Gauguin o Picasso, entre otros; frecuenta las tertulias de los Stein, Berthe Weill, Ambroise Vollard, el marchante y galerista francés de Cézanne, así como uno de los impulsores de las vanguardias.

Kandinky también fue parte de aquella pirotecnia artística desde 1904. Junto con la pintora Gabriele Münter, compañera del ruso, frecuentaba el Salón de los Independientes o el Salón de Otoño, dos espacios que plantaban cara al monopolio reinante de la Academia de Bellas Artes y presentaban las propuestas más rompedoras del momento, donde predominaban los colores puros, eléctricos, salvajes y las pinceladas enloquecidas.

Se transformó su visión del arte y sus obras experimentan una evolución que jamás frenaría. Estos años en París, donde hervían las corrientes del arte más innovadoras, dejaron una profunda huella en su obra. Tomó lo que le interesó, lo mezcló y dio un protagonismo inusual al color como principal herramienta de creación.

Pintado en París antes de la Gran Guerra

Detalle del jinete en Vida llena de color, de Kandinsky. 1906. @Cortesía Christie’s

Das bunte Leben es la máxima expresión de estos años de experimentación. Con este lienzo quería poner su nombre en el espacio artístico parisino. Por ello, optó por abordar un tema de profunda relevancia artística que resonaría en el público de la ciudad: el fascinante y complejo juego de la vida, ambientado en un mundo mágico y utópico; un tema que guardaba paralelismos con Bonheur de vivre (La alegría de vivir, 1906) de Matisse y La Danse (La danza, 1906) de Derain.

En la obra de Kandinsky predominan los colores vivos, las figuras sin orden en un primer plano y un paisaje algo inverosímil. Si bien estaba influenciada por las ideas revolucionarias que conoció en París, la obra permaneció fuertemente ligada a las tradiciones culturales de su país natal, reuniendo mundos aparentemente distintos en una de sus primeras obras maestras.

A lo largo de la vasta superficie del cuadro, peregrinos, campesinos, santos, figuras nobles, madres y niños habitan un paisaje pastoral atemporal donde la alegría y la tristeza, el amor y la pérdida, la vida y la muerte coexisten. Muchos de los personajes retratados están inspirados en las leyendas, el folclore y las tradiciones religiosas de Rusia que durante mucho tiempo habían fascinado al artista.

Fijémonos, además, en un detalle interesante de la obra: el jinete a caballo que se ve entre los árboles. Estamos ante uno de los motivos más frecuentes de la obra de Kandinsky, incluso funda junto a Franz Marc un grupo artístico en Múnich del mismo nombre en 1911, llamado a transformar el expresionismo alemán: Der Blaue Reiter. 

Una importante historia de restitución

Pintado en París, Der Blaue Reiter representa la irrupción de un Kandinsky temprano en el mercado internacional y también una obra que posee una convulsa trayectoria marcada por la ocupación alemana de los Países Bajos durante la Segunda Guerra Mundial.

Pero, comencemos por el principio. La obra es adquirida en 1927 por Emanuel Albert Lewenstein, un prestigioso industrial de origen judío holandés que se dedicaba a la venta y distribución de máquinas de coser y que, además, tenía un interés especial por el arte. Era un entusiasta de Rembrandt, sobre todo, pero también coleccionaba obras más rupturistas, guiado y orientado por su primo Paul Citroen (Berlín, 1896 – Países Bajos, 1983), un fotógrafo berlinés que se forma como artista en la prestigiosa escuela de la Bauhaus, en Weimar (Alemania), donde Kandinsky era profesor durante la última etapa del centro junto a otros nombres conocidos de la vanguardia, como Paul Klee o Johannes Itten.

Citroen, junto a un colega fotógrafo, adquirió un buen número de obras de arte en la galería Der Sturm de Berlín y las lleva hasta Holanda en 1919 con el fin de venderlas, y su primo Lewenstein compra Vida llena de color de Kandinsky, que es la que se subastará, junto a otra de esa etapa en París: Bild mit Häusern (Pintando casas, 1909), un lienzo que hoy está en el Museo Stedelijk de Ámsterdam compartiendo espacio con Chagall, Mondrian o Willem de Kooning.

Pintando casas, de Kandinsky. 1909. @ Museo Stedelijk de Ámsterdam

Durante la ocupación nazi de los Países Bajos en mayo de 1940, la colección de arte de los Lewenstein está ya en manos de sus herederos, siendo confiscada por los organismos gubernamentales del régimen alemán, como la Comisión para la Explotación de Arte Degenerado, dependiente de Goebbels, o el ERR (Personal de Operaciones del Reichsleiter Rosenberg). Sólo unos meses más tarde, las obras de la colección Lewenstein fueron dispersadas y Vida llena de color de Kandinsky fue subastada.

Posteriormente, pasó por la colección de Salomon B. Slijper hasta que, en 1972, fue adquirida por el Bayerische Landesbank. Un año después, la entidad la cedió en préstamo de larga duración al Lenbachhaus de Múnich, donde permaneció durante décadas.

Finalmente, tras años de investigación y acciones legales por parte de los herederos de los Lewenstein, la pintura fue finalmente restituida a la familia en 2023. Ahora, tres años después, Vida llena de color de Kandinsky vuelve a adquirir protagonismo internacional al entrar de nuevo en el mercado.

@MaríaVillardón