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La exposición que revela al Gaudí más desconocido llega a la Casa Botines, la joya de León que aspira a la UNESCO

El Museo Casa Botines recupera ahora esa historia con "Gaudí y la ciudad moderna", una exposición que huye del personaje casi mitológico

Cuando Antonio Gaudí recibió una carta desde León para construir un edificio comercial, nadie imaginaba que aquel encargo acabaría convirtiéndose en una de las joyas de la arquitectura española. Corría 1891 y el arquitecto catalán apenas había trabajado fuera de Cataluña. De hecho, muchos comerciantes leoneses desconfiaban de aquel joven creador de formas imposibles que comenzaba a revolucionar Barcelona. Más de un siglo después, aquella apuesta se ha transformado en uno de los edificios más admirados del modernismo europeo y en una de las candidaturas españolas con más opciones para ampliar el catálogo de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

El Museo Casa Botines recupera ahora esa historia con Gaudí y la ciudad moderna, una exposición que huye del personaje casi mitológico para descubrir al arquitecto que pensó las ciudades del futuro cuando todavía circulaban carros por sus calles. La muestra, abierta hasta el 25 de octubre, propone un viaje por el Gaudí menos conocido: el que diseñó edificios pensando en la luz natural, la ventilación, la higiene, el confort de las viviendas o la organización de los espacios urbanos mucho antes de que esos conceptos formaran parte de la arquitectura contemporánea.

Casa Botines fue mucho más que un edificio bonito. Nació para resolver un problema práctico. Los empresarios textiles Simón Fernández y Mariano Andrés necesitaban un inmueble que combinara almacén, oficinas, comercio y viviendas en una ciudad que empezaba a crecer al ritmo de la industrialización. Gaudí aceptó el reto y respondió con una construcción completamente distinta a lo que se levantaba en la España de finales del siglo XIX: sólida como una fortaleza medieval, pero concebida con una mentalidad extraordinariamente moderna.

«Una exposición de tesis»

En la inauguración, el director general de Fundos, José María Viejo, quiso alejarse de la imagen más conocida de Antoni Gaudí y reivindicar al arquitecto como un innovador que transformó la manera de concebir las ciudades y la vivienda. Estas fueron las principales ideas que trasladó: definió la muestra como «una exposición de tesis», es decir, una propuesta con vocación investigadora y divulgativa; «no es una biografía más, ni una aproximación al genio irrepetible», presenta «al Gaudí más técnico y profundamente moderno». 

También explicó que la muestra analiza un nuevo concepto de arquitectura doméstica, incorporando soluciones innovadoras para la habitabilidad, la funcionalidad y la vida urbana. Casa Botines es el gran laboratorio de la arquitectura de Gaudí, donde ensayó ideas que posteriormente perfeccionaría en edificios como la Casa Calvet, la Casa Batlló o la Casa Milà.

Fachada que recuerda un castillo

Su fachada recuerda a un castillo, pero detrás de esa imagen neogótica se esconde una auténtica revolución técnica. El arquitecto diseñó espacios luminosos, favoreció la ventilación cruzada, racionalizó la distribución interior y cuidó hasta el último detalle, desde la estructura hasta los pomos de las puertas. Muchas de las soluciones que ensayó en León terminarían perfeccionándose años después en edificios tan emblemáticos como la Casa Batlló, la Casa Milà o la Casa Calvet.

La historia del edificio también estuvo rodeada de polémica. Durante las obras llegaron a circular rumores de que la construcción presentaba problemas estructurales e incluso hubo quienes auguraban su derrumbe. Gaudí respondió con cálculos, informes y una seguridad absoluta en su proyecto. El tiempo terminó dándole la razón. Más de 130 años después, Casa Botines sigue siendo una de las construcciones mejor conservadas del arquitecto y uno de los grandes iconos patrimoniales de nuestro país.

La nueva exposición aprovecha ese escenario excepcional para reunir alrededor de sesenta piezas originales que permiten comprender cómo trabajaba Gaudí. Planos, bocetos, fotografías históricas, muebles, elementos decorativos y documentos muestran el proceso creativo de un arquitecto que nunca entendió la belleza separada de la funcionalidad. Entre los grandes atractivos figura el regreso a León de varios planos originales de Casa Botines, que vuelven al edificio para el que fueron concebidos, además de piezas procedentes de otras obras fundamentales del arquitecto.

Lejos de limitarse a celebrar el legado artístico de Gaudí, la exposición plantea una idea mucho más ambiciosa: demostrar que muchas de las preocupaciones urbanísticas actuales —la calidad de la vivienda, la sostenibilidad, la ventilación o el bienestar de quienes habitan las ciudades— ya estaban presentes en la mente del arquitecto hace más de un siglo.

Quizá por eso Casa Botines sigue fascinando. No sólo representa una de las escasas obras que Gaudí construyó fuera de Cataluña, sino también el lugar donde comenzó a tomar forma buena parte de la arquitectura que acabaría asombrando al mundo. León custodia, casi sin hacer ruido, uno de los capítulos decisivos de esa historia. Y la nueva exposición invita a descubrirlo justo cuando el edificio aspira a obtener el reconocimiento internacional que muchos especialistas consideran merecido: formar parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.