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74 Festival Internacional de Cine de San Sebastián (SSIFF)

Zoe Bonafonte protagoniza ‘Ruega por nosotras’ en San Sebastián: «Nadie hace nada por las mujeres en Afganistán»

"Es un país donde a las mujeres no se les permite hablar, ni ser vistas, ni tener ningún tipo de derechos. Es una locura, pero está pasando"

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La actriz Zoe Bonafonte se ha convertido en una de las grandes revelaciones del Festival Internacional de Cine de San Sebastián gracias a su papel protagonista en Ruega por nosotras, la nueva película de Daniel Monzón que forma parte de las proyecciones especiales de la Sección Oficial. La actriz ha aprovechado la comparecencia de este lunes para subrayar la actual represión sistémica de las mujeres en países como Afganistán.

Ruega por nosotras ahonda en la historia de las niñas y jóvenes internas por «riesgo moral» en los centros del Patronato de Protección a la Mujer, una institución con 538 centros diseminados por España que estuvieron activos hasta la década de 1980. Al hilo de este asunto, Zone Bonafonte ha aprovechado el altavoz del certamen para trazar una dolorosa y directa conexión con el contexto internacional contemporáneo.

Bonafonte ha destacado la desconexión generacional respecto al calvario que sufrieron miles de mujeres en esos centros correccionales gestionados por monjas, así como el estigma social que persiguió a las víctimas durante décadas.

«A nadie le importaba que estas mujeres estuvieran encerradas allí. Había chicas de mi edad que estaban encerradas en estos 538 centros diseminados por toda España bajo ese lema de ‘caídas o en riesgo de caer’», ha declarado la intérprete.

La intrincada red del Patronato funcionó con impunidad mediante la reclusión preventiva y coercitiva de jóvenes bajo pretextos morales tan ambiguos como llevar una falda corta, tener un novio no aprobado por la familia o, simplemente, mostrar una conducta rebelde. Había que reconducirlas. La intrínseca violencia psicológica de estas instituciones ha permanecido en el olvido hasta que se dio a conocer el caso de una de las víctimas que murió al lanzarse desde el tercer piso de un reformatorio en San Fernando de Henares tras el insoportable maltrato.

«Ha sido también un aprendizaje. Sobre todo, el ver que aquello que nos parece muy lejano no lo es tanto. Mi madre en esa época vivía en Madrid, muy cerca de centros del Patronato, y no sabía de su existencia. Son cosas muy sorprendentes. Tanta gente que no sabremos qué ha pasado por ahí, que no lo ha dicho ahora ni nunca, porque salían de ahí y sentían mucha culpa y vergüenza», ha reflexionado.

La conversación en San Sebastián no se ha limitado al marco del cine histórico. Al analizar cómo algunos mecanismos institucionales han servido sistemáticamente para anular la libertad femenina, la protagonista de Ruega por nosotras ha enfatizado que el sometimiento de la mujer no es un residuo exclusivo del pasado. La actriz ha trazado un paralelismo directo con regímenes totalitarios contemporáneos donde los derechos humanos han sido erradicados por completo.

En este punto, la reflexión ha derivado de forma inevitable hacia la trágica situación que afrontan las mujeres bajo el régimen de los talibanes en Afganistán, donde las leyes vigentes han llegado al extremo de prohibir el sonido de la voz femenina en espacios públicos o la sola presencia de la mujer fuera del ámbito doméstico sin tutela masculina.

«Creo que éste es un ejemplo de opresión. Hubo mujeres aquí, pero hoy en día hay muchos ejemplos ocurriendo en este preciso momento en varios países. Por ejemplo, Afganistán es un caso real donde nadie está haciendo nada. Un país donde a las mujeres no se les permite hablar, ni ser vistas, ni tener ningún tipo de derechos. Es una locura, pero está pasando de muchas maneras. En el caso de la película, es una institución la que lo hace, pero hay países enteros que son así hoy en día», ha denunciado la joven.

El impacto de Ruega por nosotras radica precisamente en no distorsionar el sufrimiento con morbo ni sensacionalismo, y se centra en el desgaste psicológico y en la violencia sistémica que sufrían las jóvenes internadas. Para Bonafonte y el equipo directivo, Ruegue por nosotras no sólo busca hacer justicia poética y dar voz a quienes fueron etiquetadas como «pecadoras, sin haber cometido ningún pecado», sino también invitar a una reflexión global sobre el silencio cómplice de la comunidad internacional ante los abusos que sufren las mujeres en distintas latitudes del planeta.