La descomposición moral de ‘Glaxo’ sacude el Festival de San Sebastián: deslealtad y rencor reprimido en Argentina al abrigo de una ‘femme fatale’
Cómo la complicidad y el miedo carcomen a toda una comunidad y el rencor germina entre amigos de toda la vida
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Glaxo, la película de Benjamín Naishtat que ha desembarcado en la Sección Oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, no es una película política, sino una cinta que habla de lo político desde la intimidad. Basada en la celebrada novela homónima de Hernán Ronsino, Glaxo tampoco es una película sobre la dictadura argentina: es una historia que habla del barro, del rencor reprimido y de cómo las vilezas germinan entre amigos de toda la vida con procesos íntimos que canalizan la situación de un país entero. Y lo hace con unos personajes que no resultan politizados.
La película es el retrato minucioso de cómo la violencia, la complicidad moral y la cobardía brotan en lo más cotidiano, en este caso en Chivilcoy, donde se encontraba la planta de la farmacéutica Glaxo. La trama traslada al espectador a un pueblo de la provincia de Buenos Aires asfixiado por el hollín y la presencia invasiva de la multinacional que da título a la historia. A lo largo de casi cuatro décadas, la narración sigue las vidas cruzadas de personajes para reconstruir un mapa de lealtades rotas, pasiones, amores prohibidos, delaciones y cobardías que terminan por encajar, de forma inexorable, con la maquinaria de la dictadura y la represión.
Lo que en el libro de Ronsino se edificaba mediante cuatro voces que avanzaban y retrocedían en el tiempo, en el cine adquiere una pátina donde el paisaje y la atmósfera dicen tanto o más que las palabras. Naishtat, quien ya demostró en Rojo su maestría para escudriñar la descomposición ética de la clase media en la antesala del horror, toma algunos datos de Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, y adapta el universo narrativo de Ronsino manteniendo su esencia: una tragedia colectiva contada desde las sombras del terreno cotidiano. Así, demuestra su capacidad para sostener una amenaza constante sin necesidad de subir la voz.
Esteban Bigliardi y Marcelo Subiotto brindan una lección de contención dramática monumental, con miradas pesadas, silencios incómodos y la carga de la culpa y la resignación. Por su parte, Lali Espósito adentra su registro en un terreno alejado de su perfil pop habitual, una indiscutible femme fatale que ofrece un papel contenido y lleno de matices oscuros: compone un personaje luminoso, pero herido, que encarna el deseo de libertad y la tragedia. La Negra Miranda tiene una energía propia, con una idea de la libertad también particular.
El jovencísimo Joaquín Bonadeo aporta la tensión exacta que requiere el grupo con un debut cinematográfico fuera de serie, con el que deja ver a un chaval constantemente intimidado ante una mujer, reservado, observador, vulnerable y, en ocasiones, resentido. Bonadeo encarna a un personaje de una época completamente ajena a su contemporaneidad, lo que evidencia mucho más la existencia de un talento emergente.
En Glaxo, el trabajo visual huye del artificio. Con una paleta de tonos cálidos, secos y la luz sucia del atardecer en la pampa, la cámara capta la pesadez de las horas muertas en el campo y los rincones oscuros del pueblo: la violencia se intuye antes de verse. El guion maneja los descompasados tiempos narrativos de la historia original sin perder el hilo.
En un momento en el que hacer cine de época resulta caro, en este caso el diseño de producción acierta en la recreación escénica de los periodos que aborda, con la dificultad añadida de incluir distintas etapas. Aun con ello, Glaxo genera un universo con aroma a cine negro y clásico. El pero de Glaxo es cómo la exploración de ciertos personajes secundarios se sacrifica para mantener el engranaje del relato coral. Un punto débil que no resulta especialmente dañino en el conjunto de la historia.
El estreno de la película de Benjamín Naishtat está previsto para el último trimestre de 2026. Una cinta que explora cómo la complicidad y el miedo terminan por carcomer a toda una comunidad.