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Netflix salva su gran apuesta de la semana gracias al papelón de Candela Peña en ‘La desconocida’

Crítica sin 'spoilers' de 'La desconocida', la nueva película de Netflix protagonizada por Candela Peña

Candela Peña es un valor seguro para cualquier producción y Netflix lo supo con El caso Asunta. Prueba de ello es ahora La desconocida, la nueva película de la plataforma que llega a su catálogo este 5 de junio, tras un estreno (muy) limitado en salas de cine. Lo mejor del largometraje, basado en la breve novela homónima de Rosa Montero y Olivier Truc, es, sin duda, su protagonista.

A las órdenes de Gabe Ibáñez (Express), con quien ya se lució en Hierro, Candela Peña sostiene La desconocida. La película arranca con una escena tan impactante como atractiva, un reclamo lo suficientemente potente como para conseguir generar unas expectativas en el espectador que tardan poco en desinflarse.

Un primer plano de una mujer aterrada frente a una cámara. Está a punto de hacer una confesión que le obliga a huir y esconderse, como si la tierra se la hubiera tragado. La mujer, interpretada por Kira Miró, es una prostituta e informante de la policía que, tras poner en el punto de mira a alguien (en un primer momento no se sabe a quién), se despide de una segunda mujer en el baño de una estación de autobuses, antes de escapar. La película aún no revela quién es su interlocutora.

A ese sugerente comienzo le sigue una escena que, con mucha potencia visual, añade más magnetismo a la historia: el hallazgo en un contenedor de una mujer (Ana Rujas) que ha sido brutalmente torturada, de manera tan extrema que ni siquiera recuerda su propia identidad. El espectador ya está enganchado, y se queda: aparece Candela Peña, una policía que se reincorpora al cuerpo tras una baja médica por salud mental. Y hasta aquí podemos leer para evitar spoilers.

A partir de entonces, son pocos los elementos que hacen de La desconocida una película diferente a cualquier otra que pudiera ser etiquetada como un telefilm: la atmósfera generada, Candela Peña y Pol López. En el caso de los actores, por separado y en equipo.

Basta con detenerse en la mirada de Candela Peña para ver el personaje de la mujer sufrida a la que encarna, ayudada por una caracterización que da muestras de quien se abandona a sí mismo, devorado por la depresión. A eso suma cada gesto, su contundencia con cada palabra pronunciada o su cara a cara con otro personaje: la actriz se come la cámara… y la película. Pol López no se queda atrás. La química de los intérpretes rema a favor de La desconocida. 

Por lo demás, lo que era un thriller policial prometedor y uno de los estrenos más esperados de Netflix, queda reducido a un salvavidas de fin de semana para los suscriptores. Ni la gran atmósfera que logra generar la película, ni su potencia visual, ni su arranque, ni el reclamo de la adaptación de la novela sirven para sacar a flote una cinta floja y en la que el suspense, que se entiende como el ingrediente principal de su narrativa, no alcanza el nivel deseado.

Asimismo, Kira Miró resulta ser un personaje completamente desaprovechado del que se podría esperar un recorrido mayor en el filme, independientemente de que la adaptación de la novela resultara ser más o menos libre. En esencia, La desconocida demuestra cómo una historia que se podría resolver de forma sencilla también se puede enredar a propósito, en teoría a servicio del guion, y no por ello de manera eficiente. Con escasa acción, el ritmo, que arranca acelerado, no tarda en dar un frenazo de manera abrupta.

El papelón que se marca Candela Peña es, sin embargo, motivo suficiente para ver la película, que puede cumplir su función como entretenimiento. A pesar de otro de sus hándicaps: el plano emocional, marcado por el drama de su protagonista, puede llegar a ensombrecer la propia trama policíaca, y no de manera intencionada. Pero eso no es responsabilidad de la actriz.