‘Heartstopper. Para siempre’: el final perfecto para una serie icónica de Netflix
La ficción se ha despedido con una película de casi dos horas
Crítica sin spoilers de Heartstopper. Para siempre, la película con la que Netflix ha despedido una de sus series más icónicas e improbables. Y es que, esta pequeña producción inglesa basada en las novelas gráficas de Alice Oseman ha sido todo un referente de la comunidad LGTBIQ+, pero es mucho más que una ficción de nicho. En esta ocasión, los protagonistas se enfrentan a la madurez y la gran disyuntiva entre amar y seguir siendo uno mismo.
El poder de ‘Heartstopper’
Heartstopper irrumpió en Netflix casi sin promoción (como una gran mayoría de productos de la plataforma) y, gracias al boca a boca, se convirtió en un fenómeno entre los espectadores más jóvenes. Cierto es qu la primera temporada no hizo grandes datos, de ahí que la renovación se pusiera en duda. Pero cuando los responsables de la empresa de N roja se dieron cuenta del impacto cultural que había tenido la serie (además de que era un producto bastante barato), decidieron dar luz verde a dos entregas más.
La clave de Heartstopper es la de acercarse a la experiencia LGTBIQ+ desde la inocencia, la belleza y el respeto. En un mar televisivo cargado de productos mainstream dirigidos a los jóvenes en los que las tramas sexualizan y exageran la adolescencia, la de Alice Oseman se antojaba como una serie bonita, sencilla, pero de un calado psicológico mucho más profundo de lo que podría aparentar.
Más allá del nicho
El viaje de Chihiro, Psicosis, Matar a un ruiseñor, Amanece que no es poco, Old Boy, Stromboli, El secreto de tus ojos, Misterioso asesinato en Manhattan, Gente corriente y Una familia de Tokio son mis diez películas favoritas. Ninguna de ellas tiene una trama LGTBI y yo soy parte del colectivo. Crecí sin referentes culturales claros y los pocos que había eran humillantes, estereotipados y trágicos. Sin embargo, las historias que me moldearon y marcaron no me representaban en una faceta concreta (y muy necesaria, por cierto).
Es por ello que celebro la existencia de Heartstopper por muchos motivos. Primero, da un referente sano, quizá utópico, pero lleno de esperanza. Las historias queer pueden ser bonitas.
En segundo lugar, creo que rechazar esta ficción de Alice Olseman por representar las distintas realidades queer es un error. Al igual que nosotros hemos crecido amando historias heterosexuales, lo mismo pueden hacer los heterosexuales con nuestras tramas.
Sin olvidar el pilar fundacional de Heartstopper (el de la representación LGTBIQ+), la serie, y ahora película, puede entenderla cualquier ser humano. En eso se basa el buen arte, en lo universal.
La historia de Nick y Charlie es la de cualquier persona que crece y tiene miedo. Es la de los que no sabemos quiénes somos y lo vamos descubriendo sobre la marcha. La de los que sufrimos problemas de salud mental y no queremos admitirlo y los que queremos ocupar un lugar en el mundo. Es la historia de todos.
Un final precioso
Heartstopper se ha despedido de sus fans con una película de casi dos horas que Netflix estrenó el viernes pasado. En la cinta, Nick y Charlie están muy enamorados, pero se enfrentan a la distancia y a la madurez.
Nick va a irse a la universidad y a dejar a su novio a cinco horas de distancia. Charlie ha mejorado, pero sigue luchando por controlar su anorexia y su trastorno obsesivo-compulsivo. Eso sí, las secuelas de esas enfermedades han hecho mella en la pareja.
Nock siente que no sabe quién es sin proteger a Charlie. ¿Quién no ha sentido alguna vez esa codependencia con su pareja y ese terror al vacío por abandono? De eso trata el final de esta historia: de amar sin dejar de ser nosotros mismos. Esa es una lección universal. Para eso existe la ficción, la buena.
No vamos a caer en spoilers, pero sí, Heartstopper. Para siempre es el cierre perfecto de la serie: sencillo, luminoso y cargado de optimismo, aunque sin caer en la superficialidad. Hay momentos más oscuros de los que estamos acostumbrados los fans, pero son necesarios teniendo en cuenta el crecimiento de los personajes. Echo de menos más importancia en las tramas secundarias, pero la sensación general es la de gratitud y alegría.
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