Crítica sin spoilers

Crítica de ‘Resident Evil’ (2026): Zach Cregger crea una odisea virulenta de humor negro y monstruos imposibles

La adaptación del videojuego es el tercer largometraje de Cregger, director de 'Barbarian' y 'Weapons'

Ya en cines: la cartelera, entre sustos y risas con el estreno de ‘Resident Evil’ y ‘Coyote vs. Acme’

'Resident Evil' (Sony Pictures).

El 2026 está siendo un año tan brutal para el cine de terror que incluso la franquicia Resident Evil ha conseguido, por fin, tener una buena película. La popular saga de videojuegos lleva dando tumbos en el celuloide desde aquellos primeros blockbusters de los 2000, protagonizados por Milla Jovovich. La actriz de origen soviético fue una de las heroínas de acción de su tiempo, pero la mayoría de los espectadores ya no recuerda ni siquiera el número de entregas que lideró (fueron 6 largometrajes), y prefieren olvidar los sucesivos intentos posteriores de resucitar la propiedad intelectual. Para sorpresa de nadie, la fórmula del triunfo pasaba por encargar dicha misión a un cineasta de verdad, otorgándole un control creativo total sobre una idea tan radical como ambigua: Zach Cregger rompe con el canon de la licencia y, paradójicamente, termina acercándose más al universo de la marca de Capcom que el resto de las adaptaciones estrenadas hasta la fecha.

pelicula Resident Evil
‘Resident Evil’ (Sony Pictures).

Aunque ya había codirigido e interpretado la desconocida Miss Marzo (2009) junto a Trevor Moore, la ópera prima en solitario de Cregger no llegaría hasta 13 años después. Barbarian aterrizó en España directamente en el mercado del streaming, tras un lucrativo paso por la cartelera estadounidense que le valió a 20th Century Studios unos 45 millones de dólares recaudados, a partir de un presupuesto que no superaba los 5 millones. No obstante, lo remarcable de la apuesta fue su trasfondo. Detrás de todo ese amasijo de violencia y horror, el debut de Cregger escondía una fina crítica a la gentrificación y una evidente exposición del movimiento Me Too. Del mismo modo, con una inyección financiera ya relevante por parte de Warner Bros., el realizador estadounidense radiografió los discursos de odio y la manipulación colectiva en la aplaudida Weapons (2025), una consagración mediática que le ha llevado ahora a versionar la reconocida IP creada por Shinji Mikami y Tokuro Fujiwara.

Resident Evil no manifiesta los temas sociales patentes del resto de su filmografía. En cambio, el director norteamericano sí que vuelve a utilizar el humor (presente en toda su obra) para sumergirnos en un survival horror que sólo obedece a la diversión total, dentro de una espiral sangrienta repleta de obstáculos, en medio de una carrera contrarreloj en la que ni al inexperto protagonista ni a los espectadores se les concede un respiro durante su hora y media de metraje.

‘Resident Evil’: Cregger huye del «fan service» y crea su «propio videojuego» de terror

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‘Resident Evil’ (Sony Pictures).

El guion de la historia, escrito a cuatro manos entre el propio autor y Shay Hatten (John Wick 4), nos pone en la piel de Bryan (Austin Abrams), un mensajero médico que acepta un complejo encargo de última hora: llevar un paquete a la apartada Racoon City.

Los que conozcan el material original saben de sobra el significado de viajar a dicha ciudad. Bryan no lo va a tener nada fácil y su trayecto se va a complicar bien pronto, cuando una extraña mujer se lance sobre su coche.

Lejos de vivir de las mieles de un cheque en blanco y ser un activo más en la condescendencia fan service, la Resident Evil de Cregger se ríe abiertamente del lenguaje y la lógica del mundo de los videojuegos, utilizando, por otra parte, algunos de esos recursos nativos como la primera persona –en el celuloide, plano subjetivo– para aumentar la tensión de su carrusel de estresantes escenas.

‘Resident Evil’ (Sony Pictures).

Bryan no es uno de los múltiples roles que los jugadores han manejado desde el lanzamiento del primer capítulo de la franquicia, publicado en 1996. Es un tipo corriente que no sabe manejar armas de fuego ni posee las habilidades acrobáticas de Leon S. Kennedy. Alejándose así de cualquier concepción de la palabra «héroe», esa es la primera decisión acertada del libreto, cuya presencia ayuda en gran medida a generar que el público sienta ese miedo palpable por la supervivencia del protagonista.

Una virulenta odisea que emula la experiencia de los jugadores

El trabajo de Cregger se subleva ante esa ola de exitosas adaptaciones que en el último lustro han logrado aunar el beneplácito de los espectadores y la crítica, entregándoles de lleno a las múltiples referencias y cameos, en su mayoría gratuitos. Sin embargo, eso no significa que la nueva película de Resident Evil renuncie a la fidelidad primigenia de la saga. Esta es, la experiencia frente a la consola y el sentimiento de peligro constante que acecha en los rincones más oscuros.

La producción de Sony Pictures posee guiños recurrentes, mediante chistes que entran como recursos orgánicos propios de la trama, ayudando a reconstruir la esencia del videojuego desde una propuesta ajena a cualquier complacencia.

De este modo, la odisea virulenta de Cregger aboga por lo cómico frente a lo solemne, por la acción frente a la sobria introspección psicológica. Aquí nada importa demasiado, solo correr y seguir sobreviviendo hasta la siguiente y desfigurada criatura abstracta.

Quizás Resident Evil no funciona como el ejemplo canónico de lo que debe ser la adaptación de un videojuego en la gran pantalla. Pero sí luce perfectamente, como la primera cinta que bien podría merecer su propia adaptación videojueguil por parte de Capcom al mundo de las consolas.