Crítica de ‘Leviticus’: el debut de Adrian Chiarella funciona mejor como alegato que como pesadilla
El cine australiano demuestra nuevamente su calidad en el género del terror
La cinta llegará a los cines españoles este fin de semana
Con una premisa que nos recuerda inevitablemente a It Follows (2014), la ópera prima de Adrian Chiarella ha vuelto a demostrar que el cine de terror puede funcionar como el encorsetado perfecto de temas sociales y candentes de nuestra sociedad. Porque si Obsession exploró las relaciones tóxicas y la falta de consentimiento y Backrooms nos habló del aislamiento y los traumas, ahora el trabajo de Chiarella usa de excusa la temática para poner el foco en la homofobia, las terapias de conversión y la culpa. De esta forma, Leviticus se desmarca de los motivos recurrentes del género, apostando por el amor como la única defensa contra el rechazo social. Sin embargo, no abandona del todo una vertiente sobrenatural que lastra su narrativa.

Antes de debutar en el campo del largometraje, este desconocido realizador no había estrenado demasiados proyectos. En 2020 presentó el cortometraje Dwarf Planet, un drama en el que un adolescente se cruza con un gigoló, y en 2023, estrenó junto a Lucy Gaffy (Irreverent) la serie cómica Totally, Completely Fine. Leviticus no es simplemente su primera película, también es su primer acercamiento a la temática del horror. Y eso se nota. Porque en el desarrollo de su trama, a Chiarella no parece interesarle tanto el terror puro y las dinámicas grotescas como el factor humano, concentrado en este caso en una comunidad religiosa que puede llegar a ser incluso más sobrecogedora que la propia criatura que persigue a los protagonistas.
‘Leviticus’: Chiarella brilla en la denuncia y tropieza con su propia criatura

La historia de Leviticus se centra en dos adolescentes, Naim y Ryan (unos magníficos Joe Bird y Stacy Clausen). El primero acaba de llegar a una comunidad religiosa junto a su madre. Mientras que el segundo vive allí desde siempre. Entre ambos surge una pasión romántica que desencadena la desaprobación de una población que termina aplicándoles una terapia esotérica de conversión. Desde entonces, deberán escapar de un monstruo que los persigue adoptando la forma de aquello que más desean, poniendo en duda de quién se pueden fiar.
Adoptando su nombre del tercer libro homónimo del Antiguo Testamento, el documento más utilizado por los sectores religiosos conservadores para condenar las relaciones homosexuales, Leviticus sorprende cuando se aproxima al terreno del amor y al drama humano, en un contexto en el que su constante goteo de demonios, invocaciones y fuerzas sobrenaturales no respira la misma dependencia autoral.