Cine

Charles Chaplin (1889-1977): «A medida que un hombre entra en años, quiere vivir profundamente. Un sentimiento de triste dignidad invade su alma»

'Candilejas' ( United Artists).

Charles Chaplin se inspiró en el payaso aragonés Marcelino Orbés para crear la figura de Charlot, el vagabundo que hacía reír a todos escondiendo, paralelamente, una melancolía interior indescifrable. Pero no fue hasta la etapa final de su vida cuando en su autobiografía terminaría confesando ese dolor consciente a través de la solemnidad del que ya no tiene nada que demostrar.

‘El chico’ (Charles Chaplin, First National Pictures).

Es en esa tensión dramática entre la comedia y la aflicción, donde Chaplin construyó la triste dignidad, manifestada ya en algunas de sus primeras obras como El chico (1921) o La quimera de oro (1925). Aunque es algo que no verbalizaría o –más bien escribiría– hasta 1964, ofreciendo una de sus reflexiones más íntimas, lúcidas y vitales:

«A medida que un hombre entra en años, quiere vivir profundamente. Un sentimiento de triste dignidad invade su alma, y esto es fatal para un cómico».

La llegada del cine sonoro: un impulso maduro para la obra Chaplin

El humor siguió estando presente; sin embargo, la llegada del cine sonoro supuso ya un salto maduro para la obra de Charles Chaplin. El slapstick más puro se abrió a un contenido social y político, poniendo el foco en preocupaciones filosóficas y temas solemnes, como los vistos en Tiempos modernos (1936) y El gran dictador (1940).

La presencia de la carcajada física ya no era hegemónica en el narrador. Su personaje necesitaba hablar y con ello, su voz adquirió un cariz sobrio, sobre todo en su popular y reconocido discurso final de la antes mencionada, El gran dictador. Su arte ya anticipaba el pensamiento escrito en sus memorias años después. Eso sí, el reflejo más fidedigno de la reflexión que nos ocupa no lo encontramos en Candilejas (1952).

‘Candilejas’ ( United Artists).

En aquel filme, Chaplin encarnaba a Calvero, un humorista de avanzada edad que había perdido la capacidad de conectar con el público debido a su dolor existencial, la tristeza de un hombre que no puede remediarse con maquillaje.

La comedia exige vulnerabilidad y, al final de su etapa, el actor y director comprendió que el crecimiento enriquecía poéticamente la existencia, aunque terminaba de desarmar esa ventana abierta al ridículo del payaso que había conquistado al mundo con sus caídas, equivocaciones, persecuciones y gags inmortales.

Charles Chaplin en ‘Tiempos modernos’ (United Artists).

Hollywood lo expulsó y la crítica europea lo recibió con los brazos abiertos

La metamorfosis autoral del cine de Chaplin no fue recibida del mismo modo a los dos lados del Atlántico. En Estados Unidos, la visión humanista de Candilejas (1952) coincidió con la persecución del macartismo, sufriendo un boicot masivo en Estados Unidos. Aparte de negarse a proyectarla, buena parte de la prensa especializada la tachó de «pretenciosa» y «egocéntrica».

En cambio, en el viejo continente, medios destacados como la prestigiosa revista Cahiers du Cinéma expresaron que el trabajo del realizador era «la obra de un genio maduro y visionario».