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11-S

El tesoro de 110 millones que desapareció entre los escombros de las Torres Gemelas el 11-S

Cuando las Torres Gemelas se derrumbaron el 11 de septiembre de 2001, miles de vidas quedaron truncadas y millones de objetos desaparecieron bajo toneladas de acero y hormigón. Pero, entre aquellos restos también quedó enterrado un patrimonio artístico extraordinario. En el World Trade Center había obras de algunos de los grandes maestros del arte moderno, además de importantes colecciones privadas. Las pérdidas artísticas relacionadas con los atentados fueron estimadas en unos 110 millones de dólares. Sin embargo, detrás de esa cifra hay algo mucho más difícil de valorar: obras únicas que desaparecieron para siempre.

El ‘World Trade Center’: un museo entre rascacielos

Mucho antes del 11-S, el World Trade Center ya era considerado uno de los grandes símbolos arquitectónicos de Nueva York. Pero sus enormes edificios también albergaban una sorprendente colección de arte. En sus espacios públicos y oficinas podían encontrarse obras de Joan Miró, Alexander Calder, Louise Nevelson y Fritz Koenig, junto con piezas de otros artistas como Pablo Picasso, Roy Lichtenstein y David Hockney.

Algunas eran gigantescas esculturas instaladas en las plazas. Otras se encontraban en vestíbulos y oficinas privadas, donde formaban parte de colecciones corporativas. El complejo era, sin que millones de visitantes fueran plenamente conscientes de ello, una gigantesca exposición de arte moderno.

El gigantesco tapiz de Joan Miró

Entre las pérdidas más emblemáticas se encontraba el Gran Tapiz del World Trade Center, creado en 1974 por Joan Miró junto al artista textil Josep Royo. La pieza medía aproximadamente 6 por 11 metros y estaba instalada en el vestíbulo de la Torre Sur.

Miró había trabajado especialmente en esta monumental obra para el complejo. Su tamaño y sus colores la convertían en una presencia imposible de ignorar. El 11 de septiembre, el tapiz desapareció entre los restos de la Torre Sur. No pudo recuperarse el original. Sobrevivieron fotografías y una maqueta conservada por Miró, que actualmente forma parte de la colección de la Fundació Joan Miró de Barcelona.

(Foto: Adobe Stock)

La enorme escultura roja de Alexander Calder

Otra de las grandes obras desaparecidas fue Bent Propeller, de Alexander Calder. La escultura, realizada en acero pintado de rojo, se encontraba en el complejo desde los años setenta. Su forma recordaba a una gigantesca hélice y contrastaba con las líneas rectas de las Torres Gemelas. El derrumbe destruyó la obra. Durante las labores de recuperación se encontraron aproximadamente un 30 % de sus fragmentos, pero la escultura ya no podía reconstruirse como la obra monumental que había sido.

Louise Nevelson y su obra negra

En la Torre Norte se encontraba Sky Gate, New York, una obra monumental de Louise Nevelson. La artista estadounidense era conocida por sus grandes composiciones abstractas, construidas con numerosos elementos y unificadas mediante el color negro. La pieza había sido concebida específicamente para el World Trade Center.

(Foto: Adobe Stock)

Cuando la Torre Norte se desplomó, Sky Gate, New York desapareció con ella. Era una obra inseparable del lugar para el que había sido creada, por lo que su pérdida significó también la desaparición de una parte de la historia artística del complejo.

La esfera que sobrevivió

Entre tanta destrucción hubo, sin embargo, una excepción extraordinaria. La gigantesca escultura The Sphere, del artista alemán Fritz Koenig, quedó atrapada entre los escombros.

La obra de bronce había ocupado durante años la plaza situada entre las Torres Gemelas. Después del derrumbe apareció seriamente dañada, cubierta de polvo y llena de golpes, pero todavía reconocible. En lugar de ocultar sus heridas, se decidió conservarlas. The Sphere se convirtió así en uno de los objetos supervivientes más simbólicos del 11-S. Su historia resulta especialmente poderosa porque permite contemplar físicamente algo que sobrevivió al colapso de las Torres Gemelas.

(Foto: Adobe Stock)

El museo secreto de las oficinas

Pero las grandes esculturas públicas eran solo una parte del tesoro. En las oficinas del World Trade Center había numerosas colecciones privadas y corporativas. Una de las más importantes pertenecía a Cantor Fitzgerald, la firma financiera que ocupaba varias plantas de la Torre Norte.

La empresa poseía una impresionante colección relacionada con Auguste Rodin, compuesta por cientos de moldes, esculturas y dibujos. Algunas piezas fueron encontradas después del atentado, pero gran parte de la colección desapareció. También se perdieron otras obras pertenecientes a empresas y coleccionistas privados. Entre los artistas representados figuraban nombres como Picasso, Lichtenstein y Hockney.

110 millones de euros que nunca cuentan toda la historia

Las estimaciones situaron las pérdidas artísticas relacionadas con los atentados en alrededor de 110 millones de euros. Pero, el verdadero valor de aquellas obras no puede medirse únicamente en dinero. Un Miró, un Calder o una Nevelson no son simplemente objetos que pueden sustituirse por otra obra del mismo artista. Cada pieza es única, y muchas habían sido creadas específicamente para convivir con la arquitectura del World Trade Center.